El corazón, lugar de la llamada y del envío

0
41

Através de sus discípulos, enviados a todos los pueblos y acompañados místicamente por Él, el Señor Jesús continúa su ministerio de esperanza para la humanidad. Él se inclina aún hoy sobre cada persona pobre, afligida, desesperada y oprimida por el mal, para derramar «sobre sus heridas el aceite de la consolación y el vino de la esperanza» (Prefacio «Jesús, buen samaritano»). Siguiendo a Cristo Señor, los cristianos están llamados a transmitir la Buena Nueva compartiendo las condiciones concretas de vida de aquellos con quienes se encuentran y convirtiéndose así en portadores y constructores de esperanza»1.

La vocación cristiana es, por su propia naturaleza, una «vocación misionera»; en virtud del bautismo, todos somos «enviados» al gran campo de Dios y estamos a disposición del prójimo, de la inmensa comunidad humana, para avanzar juntos y construir solidariamente la «civilización del amor a la que todos podemos sentirnos llamados» (FT 183).

This content is locked

Login To Unlock The Content!