«El corazón también es capaz de unificar y armonizar la propia historia personal, que parece fragmentada en mil pedazos, pero en la que todo puede tener sentido. Esto es lo que expresa el Evangelio en la mirada de María, que miraba con el corazón. Ella sabía dialogar con las experiencias que guardaba, meditándolas en su corazón, dándoles tiempo: representándolas y conservándolas en su interior para recordarlas» (DN 19).
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