MIRADA CON LUPA

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PRESENCIAS DE LA VIDA RELIGIOSA PARA EL SIGLO XXI

Eloy Marqués. Escolapio de de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Tiene 37 años cree y trabaja en pastoral vocacional en su Órden. Está en la comunidad escolapia de Getafe (Madrid) desde donde vivió intensamente la JMJ… tanto como sigue viviendo en el día a día…

"TRAS LA JMJ, NO VIENE LA RECOGIDA DE FRUTOS, SINO LA RELECTURA DE LA HISTORIA CONJUNTA DE LO VIVIDO"

La JMJ ha tenido unos previos. Qué señalas del tiempo de preparación…

Recuerdo muchas reuniones de la Organización con los responsables de todas las parroquias y colegios religiosos implicados en la acogida de peregrinos. En esas reuniones he visto comunión, entusiasmo e ilusión por lo que tenía que llegar y de vernos involucrados en una misión de Iglesia hacia los jóvenes. Ha sido un tiempo precioso en el que hemos soñado juntos una realidad que sabíamos que estaba en nuestras manos al mismo tiempo que nos comprometíamos a ser mediadores en el encuentro entre Jesucristo y cada joven concreto. Se ha generado equipo, se ha puesto en común. También hemos sufrido con las dificultades, con los ajustes de última hora y con algunos imprevistos. Como comenta una amiga: “Ahora sé que estoy para lo que la Iglesia y la Escuela Pía necesite.” Creo que resume bien todo.
Y de su desarrollo?
Si tuviera que escribir una narración de lo vivido en la JMJ, bien le podría poner por título “Una parábola del Reino”. Desde la perspectiva de la acogida de peregrinos, acoger, atender a la gente que llega de lejos y que no conocemos, ha sido todo un reto. Muchas sensibilidades culturales y religiosas diferentes conviviendo juntas. Pese a lo que pueda parecer, ha sido más fácil de lo esperado. En nuestro colegio de Getafe estaban 530 personas de seis nacionalidades diferentes y el ambiente que se creaba era de colaboración, de agradecimiento y de servicio. Creo que los jóvenes se han llevado muy buena impresión, y hemos sido capaces de mostrar una Iglesia en comunión y de camino en unidad. Dialogas, saludas, rezas con otros, compartes lo que se va viviendo, y eso siempre es enriquecedor. Profundamente enriquecedor.
En cuanto al desarrollo de los distintos actos y eventos del programa JMJ me han parecido variados, frescos y muy pensados para jóvenes.
Sólo unos días después… Qué quisieras fuese el efecto de la JMJ en los jóvenes
Sin duda, una experiencia de Jesucristo, algo sorprendente en medio del mundo, la transformación del horizonte que la sociedad les marca, todo capaz gracias al Amor que se hace presente cotidianamente en medio de nosotros. También es cierto que los jóvenes viven durante poco tiempo de este tipo de encuentros, que pasa pronto a la memoria y al pasado, si no se sabe cuidar lo que ha surgido y ha nacido. Ahora, más que “recoger frutos”, comienza una labor de “leer conjuntamente la historia”. Es momento de releer lo vivido, de compartir experiencias desde la fe con los jóvenes.
Pensando en los jóvenes que han vivido la JMJ desde el voluntariado, considero que tenemos una oportunidad excepcional para poder acompañarles en su discernimiento vocacional porque la experiencia les ha tocado el corazón.
Cómo valoras la presencia de los religiosos en la JMJ
Al servicio de la Iglesia. Un alto porcentaje de los jóvenes procedían de movimientos y grupos juveniles propios de las distintas órdenes, congregaciones e institutos de vida consagrada. Los religiosos y religiosas hemos estado animando, impulsando y acompañando a los jóvenes venidos de nuestros colegios, parroquias y movimientos juveniles.
Viendo el programa oficial general, creo que no se mostraba toda la riqueza y pasión que se pone en lo pequeño y en lo local. En la JMJ hemos servido al bien común la mayor parte del tiempo, y los signos propios de identidad no nos han separado del resto. A mi entender, y desde la Orden a la que pertenezco, nos hemos encontrado capaces de ser signo también en medio de la JMJ. Se veía en las calles una pluralidad y riqueza amplia, sin que me encontrase separado o distante. Los jóvenes también han sido testigos de esto, y lo cuentan. De algún modo también ellos me han hecho ver que cada uno está llamado a una vocación particular, pero que el Señor que convoca es siempre el mismo, y la fe con la que se responde tiene un carácter humano y contextual en cualquier persona.
Qué tiene que cambiar la Vida Religiosa después de este contacto intenso con los jóvenes
Antes ya tenía que cambiar muchas cosas, que fortalecer otras…¡normal! como organismo vivo inserto en un mundo y en una sociedad en movimiento, ha de adecuarse con flexibilidad a la vida de los jóvenes. Flexibilidad que no es sinónimo de relativismo sinsentido, sino de ese ponerse “a caminar” al ritmo de los jóvenes al estilo del Resucitado con los discípulos de Emaús. Estoy convencido de que los religiosos y religiosas mostramos con nuestra cercanía y atención a los jóvenes que vivimos “arraigados en Cristo, firmes en la fe”. Vivimos con profundidad nuestra consagración a Dios. Nuestras palabras y gestos para con los jóvenes nos hacen ser referencia para ellos.
No sé si ha sido la JMJ una experiencia para tomar conciencia de nuestras precariedades. El signo de debilidad nos acompaña en estos tiempos. Siempre tendremos que actualizarnos más, que responder a los signos de los tiempos, que mostrar el rostro de Cristo a la sociedad en la que vivimos, que comprometernos con la pobreza y con las nuevas pobrezas… El mundo está en un profundo cambio, nosotros igualmente. Si algo diría yo que tenemos que cambiar es el pesimismo que nos invade en nuestros escritos y análisis, la falta de esperanza que mostramos y nos paraliza. Pero eso no tiene que ver con los jóvenes, tiene que ver con nosotros mismos. Y ya estaba claro antes de la JMJ. Si acaso puede haber sido un paso más. Pero si hemos estado en el encuentro con los jóvenes pendientes de los jóvenes y a su servicio, nuestra mirada no ha de ser hacia la Vida Religiosa sino hacia los mismos jóvenes a los que nos ponemos a su servicio con nuestras fuerzas y debilidades.
Dialogar con la juventud es algo más que una concesión a las formas… Cómo dejarnos transformar para ofrecer una vida religiosa posible
Más sabios que todos nosotros es el Señor y Dios de la historia. En algún momento tendremos que dejar de pensar tanto y acercarnos más.
Como sacerdote escolapio, tengo experiencias entrañables de acompañamiento de adolescentes y jóvenes. El reloj no existe cuando les acompaño en sus múltiples complejidades de sus vidas. En las eucaristías dominicales familiares del colegio se respira alegría, vida, fe, celebración, familiaridad, comunidad. En las aulas con los alumnos y en los claustros con los profesores, damos testimonio de fraternidad, de comunión, de escucha, de paz y ponemos chispa a la vida de todo el colegio.
Con estos ejemplos cotidianos de nuestra vida religiosa en medio de los niños y jóvenes quiero expresar que así damos testimonio de que la vida religiosa es posible.
Tienes la convicción de que un joven que quiera comprometerse con la causa de Jesús tiene sitio en la vida religiosa
Por supuesto, y hoy tanto como ayer y como mañana. Siempre supondrá un reto especial y particular. Y Jesucristo enamora, su misión cautiva. Preguntar esto es como preguntar si el amor algún día dejará de estar presente en nuestro mundo. En la misma medida en que atrae, daremos respuesta. Es más, creo que no debemos volcar los problemas que tenemos nosotros sobre sus experiencias. Ellos tendrán que hacer su camino, sus descubrimientos personales, y conocer la realidad desde lo que son. A nosotros nos toca vivir desde el Evangelio y manifestar con nuestra vida la alegría por el regalo de la consagración religiosa. Lo demás es cosa del Amo de la viña.