Pedro M. Sarmiento, CMF
Misionero Claretiano
En los últimos meses he tenido la triste experiencia de visitar tres comunidades religiosas recién clausuradas y completamente vacías: un monasterio centenario de clausura femenina, una comunidad femenina dedicada a la enseñanza con su correspondiente colegio, y una asistencial masculina con una larga historia de servicio de animación y apostolado. Recorrer sus pasillos y las aulas en silencio, fue una meditación sobre el presente y el futuro.
En todos ellos había objetos abandonados: pupitres escolares, pianos, imágenes, cuadros, etc., registros de la historia de quienes los habitaron y llenaron de voces sus ecos ahora apagados. En todos los inmuebles había libros, que hace mucho se dejaron de leer, y también patrimonio valioso minusvalorado, abandonado a su suerte o al punto limpio.
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