Visitas y despedidas

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old cemetery with graves in Spanish holy place

Dolores Aleixandre

Sagrado Corazón de Jesús (Madrid)

Escribo esto antes de la visita del papa León XIV y me pongo «en modo preparación» recordando algunas de las muchas visitas que aparecen en la Biblia inauguradas por Dios mismo cuando visitaba a Adán y Eva en el jardín. Los ángeles continúan esa costumbre y llama la atención no solo que no avisan, sino que desaparecen de escena de manera un poco brusca y dejan un poco perplejos a los visitados. Pensemos en María: después de su «Aquí estoy… hágase», parece que el guion pedía prolongar la conversación y aclarar un poco más las cosas, pero «el ángel, dejándola, se fue». Fin de la visita. Y ahí te quedas con la realidad cruda y dura de un embarazo inexplicable para todos y la angustia de cómo contárselo al novio.

Algo parecido les pasa a los pastores: maravilloso lo de sentirse envueltos en el resplandor de la gloria de Dios, pero de nuevo la funesta costumbre angélica de marcharse de forma abrupta: «Cuando se marcharon los ángeles…». Vaya por Dios. Desaparecen la luz, las voces, los himnos y los resplandores, vuelve a ser de noche y todo invita sospechar que había sido un sueño, una ilusión, un piadoso engaño. Hay que regresar al realismo a ras de suelo del frío, el trabajo y la oscuridad de la noche.

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