MIRADA CON LUPA

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 PRESENCIAS DE LA VIDA RELIGIOSA PARA EL SIGLO XXI

Renato Salvatore, Superior General de los Camilos 
Italiano de 56 años, de los cuales buena parte dedicada al servicio del gobierno de su Orden. Doctor en Moral y buen conocedor de las realidades de dolor en nuestro mundo. Responde con sinceridad a cuestiones candentes. Vive la consagración con urgencia, pero también con aplomo. Sobre todo, no huye del presente en el que ve signos de posibilidad para la vida religiosa.
“SE PERCIBEN CAMBIOS TRANSCENDENTALES EN LA MANERA DE ENTENDER LA VIDA CONSAGRADA POR PARTE DE LAS NUEVAS GENERACIONES”

La vida religiosa se encuentra en una nueva fase que muchos llaman “reorganización”. Ustedes han venido denominándolo “Proyecto Europa”, ¿en qué consiste?

Desde hace algunos años hemos puesto en marcha una reflexión sobre nuestra presencia y acción en Europa. Ahora, esa reflexión se ha extendido a toda la Orden, de cara a la celebración del IV centenario de la norte de nuestro Fundador (2014). La finalidad principal es “revitalizar” a los religiosos y a las comunidades en la fidelidad al carisma y a la espiritualidad del Fundador.
En los periodos de grandes transformaciones, hay algunas realidades que sufren una poda radical o incluso son arrancadas de raíz (y esto es lo que antes y más fácilmente se nota); otras, en cambio, nacen y cobran fuerza (y éstas se notan con mayor dificultad, sobre todo al inicio). Es justo tener en cuenta lo que perdemos en esta nueva situación, pero será más productivo tratar de aferrar las nuevas “oportunidades” que se presentan justo en este contexto que ha cambiado.

La historia demuestra que hace falta un adecuado “compromiso”, para no quedar excluidos de aquellos espacios en que es construida. Solamente así es posible sacarle todos los beneficios; en caso contrario, se sufren pasivamente todos sus efectos negativos.
En este nuevo contexto (nuestro y de toda Europa) no queremos secundar una retirada gradual hacia posiciones de mera conservación mientras sea posible, sino, todo lo contrario, “reproponer” nuestro carisma y nuestra espiritualidad, seguros de que ésta es una tarea que nos toca y que podemos llevar a cabo hoy y en el futuro.
Estamos convencidos de que “Europa necesita siempre la santidad, la profecía, la actividad evangelizadora y de servicio de las personas consagradas” (Ecclesia in Europa 37). Por fortuna para nosotros, el mismo documento afirma que “el cuidado de los enfermos ha de ser una de las prioridades” (88). Europa es, para todos los efectos, una tierra de misión, necesitada – en diferentes partes – no solamente de una nueva, sino también de una “primera” evangelización. Más aún, “en el ‘Viejo’ Continente existen también amplios sectores sociales y culturales en los que se necesita una verdadera y auténtica misión ad gentes” (46).
De todo esto se desprende una llamada que podemos definir “camila”, porque consideramos misión prioritaria nuestra el evangelizar dando testimonio del amor misericordioso de Cristo hacia los enfermos. Frente a un contexto transformado, es necesario, ante todo, que se transformen las personas: los religiosos de Europa. Todos y cada uno se sienten interpelados por un reto que hunde sus raíces en la espiritualidad, pasa por la vida fraterna en comunidad y se manifiesta en el ejercicio fiel y creativo del carisma. La formación (en sentido integral) permanente juega un papel decisivo de cara a que los hermanos vivan con una actitud profética hacia las formas más graves y nuevas de pobreza y marginación presentes en el mundo de la salud.
No está de más recordar, sin embargo, que nuestra vida consagrada no tiene como primera finalidad la de responder a las emergencias socio-sanitarias, como si fuésemos miembros de una “agencia de servicios”. Y tampoco es éste el principal problema de Europa. Verdaderamente, “el bien más precioso, y que nadie más puede darle: [es] la fe en Jesucristo” (18). Los consagrados, de manera especial, podemos ofrecer un gran aportación mediante una vida que ponga a Dios antes que nada, y con el testimonio de una verdadera fraternidad en nuestras comunidades.

 


¿Cuáles son las mayores preocupaciones de un Superior general?

Me siento dentro de una historia que tiene su inicio y su fundamento en Dios, que ha confiado a S. Camilo esta obra “suya”, y que va más allá de mi persona. Por una parte, me esfuerzo por ser fiel al carisma y a la espiritualidad del Fundador yo en primer lugar, y en consecuencia con mis hermanos; por otra parte, me preocupo de que la espiritualidad y el carisma se actualicen en el hoy mediante proyectos elaborados y compartidos por los hermanos al interior de las comunidades particulares.
Por tanto, la mayor preocupación es que se viva el carisma con fidelidad, con creatividad, y que esto se vea sostenido por una comunión vital con Dios y con los propios hermanos. Para alcanzar esos objetivos hay que motivar (formación inicial) y remotivar (formación permanente) a los religiosos, de manera que hagan propios los valores esenciales de la propia vocación a la vida consagrada. Todo lo que pueda ayudar a la así llamada animación, motivación, formación, sentido de implicación y de pertenencia de los hermanos, se convierte en objeto prioritario de reflexión y compromiso, compartidos con mi Consejo y con los Superiores mayores de la Orden.

(Entrevista completa en edición impresa VR-nov: suscripciones@vidareligiosa.es)