YAGO DE LA CIERVA, DIRECTOR DE COMUNICACIÓN DE LA JMJ 2011

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JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2011: EL ROSTRO JOVEN DE LA IGLESIA

¿Quién es Yago de la Cierva?
Yago de la Cierva es un gallego filtrado por diecinueve años en Roma, seguidor del Aleti y de otras causas perdidas, abogado por formación, comunicador por profesión y profesor por pasión. Si hacemos caso a un amigo mío que dice que uno se define por lo que echa de menos, a mí me define la morriña de las Rías Baixas, de horas sin mirar el reloj en una biblioteca, y de poder dedicarme por entero a la formación de gente joven.

 

 

¿Cómo valora Yago de la Cierva la comunicación al servicio de la Evangelización?
Para mí, comunicar es transmitirse saberes, valores y emociones entre personas: por tanto, evangelizar es comunicar, y puede incluso decirse que lo único que hace la Iglesia es comunicar y gobernar esa comunicación.
Pienso que la Iglesia tiene tres modos de comunicar: el primero consiste en transmitir el contenido del mensaje cristiano a todos los hombres, para que alcancen la salvación. Lo hace con la proclamación de la palabra de Dios, con la liturgia, con las clases de religión… Como el instrumento principal para transmitir ordenadamente estos contenidos es el catecismo, este modo de comunicar podría llamarse catequesis.
Un segundo modo de comunicar se realiza a través del esfuerzo intelectual de la teología. La ciencia teológica comunica quién es Dios y quiénes somos nosotros.
El tercer modo de comunicar es informar: satisfacer la demanda informativa de la sociedad, normalmente articulada a través de los medios de comunicación, como un grupo social más en la sociedad en que vive. La información tiene un carácter propedéutico, no habla sólo a los convencidos, sino que busca precisamente la legitimación social en un ámbito no confesional. Toma ciertamente como punto de partida su identidad, pero no basa sus argumentaciones en ella: se adapta –sin perder su naturaleza, como no la pierden tampoco los demás agentes sociales– y participa en la dialéctica de la opinión pública tal como es articulada por los medios. Por eso, el trabajo informativo de la Iglesia se podría considerar como una “pre–evangelización”, ya que anticipa y prepara la llegada del mensaje de salvación, pero no se identifica con él ni lo sustituye.

¿Comunicamos bien?
En la Iglesia se comunica muy bien y se comunica menos bien, no se puede generalizar. Hay ejemplos formidables de comunicación en muchísimos lugares, y en otros pues la cosa está menos logrado. Es como preguntar: ¿se predica bien en la Iglesia? Pues hay de todo.
Creo que sí se puede decir que la preocupación por comunicar mejor se siente cada vez más en la Iglesia, que los esfuerzos para que los pastores aprendan a comunicar son cada vez más intensos, y que aún tenemos mucho camino por recorrer. Tengo el orgullo de enseñar en la primera facultad de comunicación institucional de la Iglesia, para preparar a las personas que llevarán la comunicación de diócesis, congregaciones, movimientos, conferencias episcopales, etc., y cuando empezamos, hace quince años, miraban la facultad como algo peregrino, y ahora otras universidades planean crear facultades semejantes.

¿Tiene la percepción de que la vida consagrada ha entendido las posibilidades de la comunicación?
No haría distinciones entre vida consagrada, diócesis y otras instituciones eclesiales: en todas partes cuecen habas, y en todos lados hay manifestaciones de buena y de deficiente comunicación.

Como responsable de comunicación de la próxima jornada de la juventud, ¿cuál es su mayor preocupación?
Mi mayor preocupación es no conseguir que el mensaje de la JMJ llegue a quien tiene que llegar. El objetivo de un acontecimiento como éste es presentar a Jesucristo a muchísimos jóvenes, y ser capaces de que entiendan que seguirle es camino seguro para encontrar la felicidad.
Para conseguirlo, tenemos que superar varias barreras: la barrera de la indiferencia, para que perciban que es un mensaje relevante para ellos; de los prejuicios y clichés, que son abundantes, y bloquean su curiosidad por conocer a Cristo y a su Iglesia; y la barrera de los canales: los cauces de información no son imparciales a la hora de transmitir algunos mensajes.
Recuerdo una frase que me parece muy gráfica: la indiferencia de tantas personas se debe tanto a su falta de entendederas, como a nuestra falta de explicaderas. Esta es mi primera preocupación: no tener las explicaderas necesarias para mostrar el tesoro de la fe en toda su belleza.

La JMJ 2011 es un reto y una gran posibilidad, ¿cómo cree Yago de la Cierva que debe implicarse la vida consagrada en esta gran manifestación de misión compartida?
La vida consagrada se debe implicar y de hecho está muy implicada ya en esta gran iniciativa evangelizadora. La Iglesia organiza las JMJ desde hace 25 años, y todas las instituciones eclesiales que trabajan con jóvenes tienen experiencia de su eficacia. Las JMJ son una gran “misión joven”, que mejora la vida cristiana de los que están ya cerca de la Iglesia, y acerca a muchos jóvenes que estaban alejados; es también ocasión para que muchos jóvenes se planteen la pregunta vocacional, y todas las JMJ dejan como una estela de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada… La JMJ es un gran semillero de vocaciones para la Iglesia.
Y debo decir, también remueve a gente menos joven. Recuerdo la “fiesta del perdón” de la JMJ del año 2000: el Circo Máximo de Roma, con millares de jóvenes haciendo cola ante trescientos confesores. Al verlo, un obispo que llevaba mucho tiempo sin confesar, pidió un lugar y volvió a impartir ese sacramento tan maravilloso.

¿Qué espera de los laicos, obispos, presbíteros y consagrados de cara a la JMJ?
Me parece que lo que tiene sentido es preguntarse qué espera Dios de nosotros… Mi composición de lugar es que daríamos una alegría a Dios si la JMJ refleja bien el mensaje cristiano: si es un ambiente de alegría en el que es fácil hacer amigos de por vida; donde es posible rezar y es posible divertirse; donde la centralidad de la Eucaristía impulsa a plantearse qué se puede hacer por los demás, por resolver los problemas de la sociedad en que uno vive; donde ofrecemos a los jóvenes el testimonio de unas liturgias cuidadas con cariño de enamorados; donde puedan encontrar muchas manifestaciones bellas de la fe hecha cultura…
Tenemos un tesoro en nuestras manos. Ojalá consiguiéramos que muchos, jóvenes y no tan jóvenes, descubrieran o redescubrieran el orgullo y el privilegio inmerecido de ser católicos, y la responsabilidad que tenemos por ese don.

 

Finalmente. Algo muy personal, ¿En qué apoya su esperanza el creyente Yago de la Cierva?
Mi esperanza se apoya en Cristo, que no se cansa de mí, a pesar de los pesares; en su Madre, que me defiende ante Él cuando se lo pongo difícil; y en su familia, la Iglesia.