Cristóbal Fones
Jesuita (Roma, Italia)
En julio, el Papa nos invita a rezar «por el respeto y la protección de la vida humana en todas sus etapas, reconociéndola como un don de Dios». ¿Cómo acoger esta intención en nuestra oración y misión como consagrados y consagradas?
La vida es un misterio sagrado, un don que refleja el amor creador de Dios. Sin embargo, vivimos en un tiempo donde este regalo enfrenta múltiples amenazas: desde la indiferencia hacia los más vulnerables, especialmente los ancianos, hasta la normalización de prácticas que atentan contra la dignidad humana; desde la mercantilización de los anhelos más profundos a través de los algoritmos hasta el tráfico humano para la explotación sexual; desde el descarte de niños y niñas antes de nacer hasta la masacre de pueblos enteros por la guerra. Como consagrados, somos testigos de estas realidades en los lugares donde servimos. Sentimos como propio el clamor de quienes luchan por vivir con dignidad, desde el vientre materno hasta el ocaso de su existencia.
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