Carolina Blázquez, ccsb
Monasterio de la Conversión (Ávila, España)
Me resultan muy sugerentes las imágenes antropomórficas referidas a Dios en los salmos. Ciertamente, se requiere un poco de atención, pararse a pensar lo que leemos para romper con la inercia de una recitación mecánica y sabida de memoria y dejarse interpelar por las metáforas. Si nos detenemos, los salmos nos inquietarán generalmente por su belleza, pero también por su realismo, a veces cruel, al hablar de lo divino con categorías que nos descolocan y requieren ser repensadas para captar su sentido según Dios.
Se precisa, además, una sensibilidad poética para que la imaginación despliegue los colores, las imágenes, los sonidos, los olores y sentimientos que la palabra sálmica trata de suscitar en nosotros. Con estas dos ayudas la oración se torna rica, emocionante y tierna. El salmista quiere compartir un encuentro vivido con Dios de tal intensidad y viveza que no puede limitarse a categorías intelectuales o morales. Recurre a la expresividad de las manos para hablar del Dios artesano, infunde temor reverencial al hablar del resoplar de su nariz divina, la potencia de su diestra es valentía ante el peligro porque Dios tiene oído, escucha, atiende y reacciona ante el grito de los afligidos. Dios se inclina sobre los desvalidos y se yergue ante los arrogantes. Su garganta está ronca de tanto llamarnos sin respuesta, mientras que su voz es trueno ensordecedor. Nos cuida como una madre vigilante en la noche; nos sigue, por detrás y al costado, para no tropezar y nos sostiene cuando vacilamos con sus brazos paternos, fuertes como montañas. Además de su hacer, Dios siente ternura hacia sus hijos, se duele de nuestros olvidos, se enfada por nuestras injusticias y ríe ante nuestras pretensiones infundadas. Es padre, guerrero, juez y rey, agricultor, albañil, médico y esposo. Es, también, la roca, el escudo y la espada, la tierra y la semilla, la casa y el templo. Los salmos conectan con las imágenes evangélicas de las parábolas, con los símbolos cristológicos del Pastor, el Mesías, el Profeta, el Hijo del hombre y los otros símbolos sacramentales del agua, el pan, la luz y el aceite.
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