DECLARACIÓN PREVIA AL ENCUENTRO SOBRE PROTECCIÓN DE MENORES EN ROMA

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“El abuso de niños es un mal en todo tiempo y lugar: este punto no es negociable”

(UISG / USG ). Al inicio del encuentro sobre prevención y protección de menores, nosotros, Superiores y Superioras Mayores de Órdenes y Congregaciones religiosas del mundo entero, queremos expresar nuestro apoyo a esta iniciativa del Papa Francisco.

En nuestra labor como religiosos y religiosas, nos encontramos con muchas situaciones donde los niños no son deseados y son víctima de abuso, de olvido y de maltrato. Vemos a niños soldados; la trata de menores; el abuso sexual a menores; el abuso físico y emocional a menores. Son voces que claman. Como personas adultas, cristianas y como religiosos y religiosas, queremos trabajar para que sus vidas cambien y mejoren las situaciones en las que se encuentran.

Lo común a todas estas situaciones es la vulnerabilidad. Los niños son los sujetos más vulnerables en nuestras sociedades. Los niños pobres, discapacitados o indigentes, los que viven en los márgenes, que pertenecen a las clases sociales o castas más bajas pueden ser particularmente vulnerables. Son considerados ‘no esenciales’, ‘objeto’ de uso y abuso.

Abuso sexual en la Iglesia

Esta reunión se centra en particular en el abuso sexual a niños y en el abuso de poder y conciencia de parte de quienes ostentan autoridad en la Iglesia, especialmente obispos,

sacerdotes y religiosos/as. Es una historia que se ha ido prolongando durante décadas; una historia de inmenso dolor para quienes sufrieron este abuso.

Inclinamos nuestras cabezas con vergüenza al darnos cuenta de que este abuso ha tenido lugar en nuestras Congregaciones y Órdenes, y en nuestra Iglesia. Hemos aprendido que quienes abusan ocultan deliberadamente sus acciones y son manipuladores. Por definición, es difícil descubrir estos abusos. Nuestra vergüenza aumenta al constatar que no nos hemos dado cuenta de lo que estaba ocurriendo. Al mirar las Provincias y Regiones de nuestras Órdenes y Congregaciones en el mundo entero, nos damos cuenta de que la respuesta de las personas en autoridad no ha sido la que debía haber sido. No han sabido ver las señales de alarma o no se las tomaron en serio.

Nuestras esperanzas de cara a este encuentro

Con relación a este encuentro, esperamos que el Espíritu Santo actúe poderosamente durante esos tres días. Un encuentro de tres días es un tiempo breve. Sin embargo, creemos que con los vientos de cambio que soplan en nuestra Iglesia y con la buena voluntad de todas las partes implicadas, es posible iniciar importantes procesos y crear estructuras de rendición de cuentas, así como sostener los procesos y estructuras que ya existen. Es posible imaginar nuevos pasos hacia adelante, es posible tomar decisiones para que la implementación pueda ser rápida y universal, con el debido respeto a las diversas culturas. El abuso de niños es un mal en cualquier tiempo y lugar: este punto no es negociable.

El Santo Padre

El liderazgo del Santo Padre es clave. Él nos ha mostrado el camino en muchos de estos ámbitos; ha reconocido el dolor y la culpa; se ha encontrado con supervivientes; ha reconocido sus propios errores y la necesidad de aprender de esas personas supervivientes. Nos unimos a su misión de reconocer humildemente y confesar el mal que se ha hecho; de acoger a los supervivientes, de aprender de ellos cómo acompañar a quienes han sido objeto de abusos y cómo desean que escuchemos sus historias.

Por nuestra parte, prometemos hacer todo lo que está en nuestras manos para escuchar mejor a los supervivientes, reconociendo humildemente que no siempre lo hemos hecho. Implementaremos todo lo que durante el encuentro se decida respecto a la rendición de cuentas exigida a las personas en autoridad.

Una cultura de protección

Necesitamos una cultura diversa en la Iglesia y en nuestra sociedad en sentido amplio. Necesitamos promover una cultura donde los niños sean considerados como un tesoro que hay que salvaguardar y proteger.

– Educación y Salud: A través de las escuelas y hospitales que muchos de nosotros regentamos, podemos hacer la diferencia. Estas instituciones tienen ahora una mayor conciencia del problema de abuso, así como mejores protocolos y niveles de protección. Los niños que acuden a estos lugares están más seguros que nunca.

 

Aunque hay que admitir que esto no ocurre en todos los casos; nuestras prácticas pueden ser un ejemplo para otros.

–  Formación: Vamos a integrar la protección de menores y adultos vulnerables en nuestros programas de formación, asegurando que en cada etapa se proporcione una adecuada instrucción y educación tanto a los formadores como a los formandos. Hay que desafiar los prejuicios culturales. Como dicho anteriormente, debe ser claro que el abuso de niños no debe ser permitido o tolerado en ninguna cultura o contexto.

–  Espiritualidad: Pediremos a nuestros Centros de Espiritualidad que desarrollen programas especiales para acompañar a cualquier persona, víctima de abusos, que desea encontrar ayuda en sus dificultades respecto a la fe y al sentido de la vida. El encuentro personal con Jesús es algo que puede sanarnos a todos. Pero también entendemos que las personas que han sido víctimas de abuso de parte de sacerdotes o religiosos/as puedan querer estar lejos de la Iglesia y de quienes la representan. Sabemos que hay algunos supervivientes que quieren recorrer este camino de sanación, y trataremos humildemente de caminar con ellos. Una espiritualidad que hace hincapié en el crecimiento personal y en la sanación es para muchos supervivientes un don y una gracia especiales. Es preciso prestar una atención particular a la manera tradicional de hablar del pecado. Quienes han sido abusados a menudo soportan una sensación de culpabilidad, vergüenza y hasta de pecado, cuando en realidad se ha pecado contra ellos. 
Estos y otros pasos son medios con los que los religiosos y las religiosas podemos ayudar a la Iglesia en sus esfuerzos en este campo. 
Conversión 
El Papa Francisco condena justamente la cultura del clericalismo que ha obstaculizado nuestra lucha contra los abusos y que, de hecho, forma parte de sus raíces. Además, el fuerte sentido de familia en nuestras Órdenes y Congregaciones – algo por lo general muy positivo – puede hacer difícil condenar o denunciar el abuso. Esto dio lugar a una lealtad injustificada, a errores en el juicio, a lentitud en el actuar, a negar los hechos y a veces a encubrirlos. Nos sentimos necesitados de conversión y queremos cambiar. Queremos actuar con humildad. Queremos identificar nuestros puntos ciegos. Queremos denunciar cualquier abuso de poder. Nos comprometemos a caminar con aquellos a quienes servimos, avanzando con transparencia y confianza, honestidad y sincero arrepentimiento. 
Recursos 
Los recursos constituyen siempre un problema. Una rápida mirada a las sociedades que están llevando a cabo prácticas de protección de menores, muestra que también los servicios de salud pública encuentran dificultades a la hora de proporcionar los debidos recursos. Esto exige que colaboremos para que los recursos se utilicen con eficacia y eficiencia. La UISG y la USG pondrán los medios para que las Congregaciones trabajen juntas y poder llegar así, de la manera más eficaz, a los supervivientes en su camino hacia la 
sanación. La formación inicial y continua podrían ser, quizás, los mejores ámbitos en los que trabajar juntos. La selección de los candidatos que entran en la vida religiosa es también algo en lo que podemos colaborar, identificando las mejores prácticas. Dicha selección ha de ser obligatoria y de la mejor calidad.

Llamamiento para la implicación de padres y mujeres

Pedimos la ayuda de los padres en nuestra lucha contra el abuso. Ellos tienen un instinto natural para la protección de los niños, instinto que es indispensable. Estamos especialmente abiertos/as a recibir su consejo, su competencia, su apoyo y sus desafíos. En particular, queremos hacer hincapié en el papel de las madres. Es justo decir que, si se hubiera pedido consejo y asistencia a las mujeres en la evaluación de los casos, se hubieran adoptado medidas más enérgicas, rápidas y eficaces. Nuestras maneras de abordar las acusaciones hubieran sido muy diferentes y se habría evitado mucho sufrimiento tanto a las víctimas como a sus familias.

Un mensaje a los supervivientes

Por último, y lo más importante, queremos enviar un mensaje a los supervivientes, y hacerlo directamente: reconocemos que hubo maneras inadecuadas de tratar este tema y una vergonzosa incapacidad de comprender vuestro dolor. Ofrecemos nuestras más sinceras disculpas y nuestro pesar. Os pedimos que creáis en nuestra buena voluntad y sinceridad. Y os invitamos a trabajar con nosotros para crear nuevas estructuras que aseguren la minimización de los riesgos.

El encuentro se centrará en la protección de menores. Sin embargo, la atención de los medios de comunicación se ha centrado recientemente en el abuso y explotación de religiosas, seminaristas y candidatos/as en las casas de formación. Esto es motivo de grave y alarmante preocupación. Nos comprometemos a hacer todo lo que está en nuestro poder para responder eficazmente. Queremos asegurar que quienes piden generosamente unirse a las órdenes religiosas o que son formados en los seminarios vivan en lugares seguros, donde se alimenta su vocación y donde reciban ayuda para crecer en madurez en su deseo de amar a Dios y al prójimo.

Al comienzo del encuentro sobre Protección, pedimos perdón a todos por nuestros fallos, y repetimos nuestro apoyo al Santo Padre. Nos comprometernos a intensificar nuestros esfuerzos para trabajar con él, para que la Iglesia pueda avanzar de manera coherente, creíble y unida; de manera verdaderamente sanadora, sinceramente renovada, con nuevos ojos para ver y nuevos oídos para oír.