lunes, 29 noviembre, 2021

HAY INNOVACIÓN EN LA VIDA CONSAGRADA

CUANDO LA FECUNDIDAD DA A LUZ LA ALEGRÍA

Maricarmen Bracamontes. Benedictina. Monasterio Pan de Vida. Torreón (México)

“La mujer cuando está en el trabajo de parto, siente aflicción porque ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz a su creatura, ya no se acuerda del dolor, por el gozo que tiene de haber traído al mundo un nuevo ser…  y nadie [ni nada] será capaz de arrancarle su alegría” (cf. Jn 16, 21.22b).

Al describir la vida consagrada  se hablaba con frecuencia de la imitación de Cristo, la oración, el sacrificio, la vida fraterna, la misión en solidaridad con la gente empobrecida. Pero poco se había desarrollado el tema de la fecundidad en la vida consagrada, como reflejo de la fecundidad de Cristo, y casi se habían olvidado las ricas imágenes antiguas y medievales que la representan. Hay un gran potencial en la imagen de la mujer que da a luz como una metáfora para la consagración religiosa.

Lo mismo nos sucedía con nuestra devoción mariana, en la que se solía subrayar más la virginidad y la pureza de María que su fecundidad. María es fecunda, no solo cuando da a luz a Jesús, sino también cuando visita a su parienta Isabel y proclama el Magníficat. María es fecunda cuando adelanta la hora en las Bodas de Caná, María es fecunda cuando acoge a la nueva comunidad cristiana que nace de la sangre y el agua que brotan del costado de Cristo en la cruz.

La vida que se nos entrega en Jesucristo, abunda en vino, en fiesta, en alegría (cf. Jn 2,1-11). Es como un eco de la profecía de

Isaías: “Y preparará Yahvé… a todos los pueblos sobre este monte un festín de suculentos manjares y vinos generosos… y sobre este monte hará desaparecer el velo que oculta a todos los pueblos, la cortina que cubre a todas las naciones. Y destruirá la muerte para siempre…” (cf. Is 25,6-8).

Un signo de innovación de la vida consagrada es la creatividad con la que va recuperando y expresando su ser fuente de vida. Es esa dimensión femenina un poco olvidada, excluida, que se recrea y va rasgando el velo que la oculta, la cortina que la cubre. Ya lo había expresado Clemente de Alejandría (c. 150-211): “El Señor mismo nos dio a luz, con los dolores de la carne y por el derramamiento de su sangre preciosa… ¡Oh nacimiento extraordinario!”. También lo dijo San Ambrosio, Obispo de Milán

(c. 337-397): “Cristo es la virgen quien nos da a luz y quien nos da de comer con su propia leche”.  Juliana de Norwich (c. 1342-1416) lo expresó de la siguiente manera: “Jesús nuestro Salvador es nuestra verdadera madre quien continuamente nos da a luz”. El Maestro Eckhart (c. 1260-1327) se suma cuando se pregunta: “¿Qué hace Dios todo el día?”.  Y concluye, que… “Dios se reclina en una mesa de parto, dando a luz todo el día”.

El cuarto Evangelio nos conduce por senderos que dan a luz la vida y la alimentan con el propio ser: “Yo Soy el pan vivo… quien coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo le daré es mi carne, vida del mundo” (Jn 6,51). Ese alimento que nos nutre y nos vuelve alimento a su vez, nos capacita para la máxima expresión del amor: “nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos” (Jn 14,13). Esa es nuestra vocación: continuar la misión de Jesús acompañándonos en comunidades de amistad, en la entrega de la vida en cada gesto de amor de unos por otros y en el cuidado de nuestra casa común.

Llegada es la hora, en que la vida toda sobre la tierra, que gime con dolores de parto (cf. Rm 8,22-23), manifieste jubilosamente su plenitud (cf. Jn 10,10b).  Llegada es la hora de la manifestación de este signo innovador de la vida consagrada, que es su razón de ser: la fecundidad que produce alegría, júbilo, un gozo que nadie ni nada puede arrebatar. Ese es uno de los Dones recibidos y su Tarea es multiplicarlo: engendrar vida, esperar pacientemente a que se desarrolle, darla a luz y acompañarla en su proceso de madurez, sin claudicar. Llegada es la hora. Hora de seguir dando gloria a Dios manifestada en comunidades que entregan su carisma para promover la vida en abundancia de la humanidad y del cosmos todo.

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