Cristóbal Fones
Jesuita (Roma, Italia)
Noviembre, un tema conocido e incómodo, una intención que nos apasiona y que nos cuestiona: «por un buen uso de la riqueza para que, no cediendo a la tentación del egoísmo, esté siempre al servicio del bien común y la solidaridad con los que tienen menos».
La tentación de pensar que esta intención no nos concierne porque hemos hecho voto de pobreza es, precisamente, una de las trampas más sutiles que debemos evitar. Porque la riqueza no es solo dinero en el bolsillo: es también poder institucional, influencia, redes de contacto, patrimonio acumulado, recursos que administramos en nombre de la Iglesia. Muchos de nuestros institutos gestionan colegios, hospitales, obras sociales y propiedades de considerable valor. La pregunta que el Papa nos hace no es abstracta: ¿para qué y para quiénes usamos todo eso?
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