José Cristo Rey García Paredes, cmf
Misionero claretiano (Madrid, España)
La vida consagrada de hoy atraviesa una transformación que ya no se resuelve solo con la reestructuración de provincias o demarcaciones, sino con la renovación interna de las comunidades. La diversidad generacional y cultural, la disminución numérica en algunas regiones y el crecimiento en otras, componen un mapa complejo. A ello se suma una cultura marcada por el individualismo y la fragilidad de los vínculos, que interpela también a la vida fraterna.
Frente a la tentación de la inercia funcional o de la gestión meramente administrativa de las obras, la Exhortación Apostólica Vita Consecrata (VC) de San Juan Pablo II, publicada en 1996, ofrece una propuesta comunitaria de sorprendente vigencia (VC 41-45). Lejos de reducir la comunidad a un equipo de trabajo o a una estructura burocrática, la presenta como realidad teologal y profética, dotada de una fuerza capaz de sanar la soledad y la fragmentación de nuestro tiempo (VC 42, 87).
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