¿Quién acompañará a los que buscan?

0
38

Gonzalo Fernández Sanz

Director de VR

Llevamos un mes hablando del viaje del papa León XIV a España. En varias secciones de este número nos hacemos eco de un acontecimiento que está llamado a dejar huella. Muchas personas se han preguntado por qué el viaje ha suscitado tanto interés, dentro y fuera de España, en las calles y en los estadios, en creyentes y buscadores. Entre las distintas claves de interpretación, hay una que destaca. La persona de León XIV –y, sobre todo, el mensaje que anuncia– constituyen un punto de referencia sólido y atractivo en un contexto social volátil, incierto, complejo y ambiguo. Suave en el modo y fuerte en la sustancia, León XIV ha sabido leer e interpretar el momento presente del mundo y de la Iglesia. Aunque se ha referido a asuntos modernos (la polarización política, las migraciones, la revolución digital, etc.), su mensaje ha entroncado con la sempiterna búsqueda humana de verdad, bondad y belleza. No ha dudado en conectar esa inquietud humana con la respuesta divina, la necesidad de sentido con la persona de Jesús, camino, verdad y vida. Fiel hijo de san Agustín, ha sabido hablar con palabras comprensibles de esa hermosura «tan nueva y tan antigua» que atrae a los seres humanos de cualquier época y lugar.

Entre sus numerosos discursos y homilías, no han abundado las referencias a la vida consagrada. Tampoco ha habido encuentros reservados solo a los consagrados,
si exceptuamos los celebrados con
la familia agustiniana. Y, sin embargo, todo lo que ha dicho nos afecta de lleno. En comunión con todo el Pueblo de Dios, los consagrados estamos llamados a interpretar nuestros carismas en la polifonía
de la Iglesia, a dialogar con la sociedad y la cultura, a hacernos presentes en las fronteras y periferias, a cultivar la belleza… Entre todas las llamadas, hay una que resuena con fuerza porque conecta con los deseos de búsqueda que se han observado en los millones de personas que han seguido con interés la visita de León XIV, presencialmente o a través de los medios de comunicación social.
¿No estaremos llamados los hombres y mujeres consagrados a acompañar de cerca esta búsqueda de sentido para que la visita sea la chispa que pone en marcha un verdadero proceso de conversión?

Este acompañamiento humilde y constante reviste muchas formas. Algunos consagrados, en línea con sus carismas, pueden sentirse llamados a profundizar en el diálogo con la cultura, a hacer de la misión intelectual una verdadera pasión evangelizadora. Otros acentuarán la cercanía a los descartados de nuestras sociedades: personas sin hogar, ancianos solitarios, inmigrantes sin trabajo, mujeres explotadas, etc. Muchos sentirán que ha llegado la hora de caminar más con los jóvenes para que su despertar espiritual se traduzca en verdaderos itinerarios de fe. Comunidades contemplativas y apostólicas se sentirán interpeladas a compartir su experiencia de fe abriendo sus puertas a muchos jóvenes que buscan una oración fresca, una acogida fraterna y una compañía cálida que los libre de sus adiciones digitales y de sus soledades hiperconectadas. ¿No se abren, tras la visita del papa León XIV, nuevos caminos de acompañamiento? ¿No constituyen estas llamadas semillas de renovación para una vida consagrada que, en su fragilidad institucional, puede seguir dando fruto?

Dirigiéndose a las presas de la cárcel femenina Brians 1, en Barcelona, León XIV pronunció unas palabras que pueden ser aplicadas con toda verdad a los consagrados y a quienes buscan: «Dios te ama como eres, pero te sueña mejor». Cuando tomamos conciencia de que Dios sigue prodigando su amor sobre las personas que atravesamos una crisis de reducción, tenemos motivos para no plegarnos a la mera resignación.
La experiencia del amor en la fragilidad nos hace soñar un futuro mejor. Solo desde esta experiencia podemos acompañar a los que buscan (sobre todo, a los jóvenes) sin hacerlos víctimas de nuestras frustraciones y desencantos, compartiendo con ellos la fuerza de la esperanza.

¿Quién acompañará a los que buscan? ¿Quién cultivará las semillas de la Palabra de Dios que el papa León XIV ha sembrado con prodigalidad? La respuesta es coral. Toda la Iglesia está convocada a hacerlo con audacia, pero los consagrados nos sentimos interpelados de manera especial. No aspiramos a ser maestros o cartógrafos especialistas, sino que nos sentimos a gusto como compañeros de camino. Quien se atreve a salir de su comodidad y rutina (éxodo) y se pone a caminar con otros (sínodo) acaba compartiendo la mesa de la Eucaristía (simposio) en la que todos celebramos la alegría de ser hijos
y hermanos.