LA REVISTA VR EN EL AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA

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Carta de San Pablo a la Vida Consagrada (I)

 

Me he preguntado qué carta escribiría san Pablo a la Vida Consagrada, con motivo de este año. Y la respuesta la he encontrado en sus mismas cartas.

A partir de ellas, me permito extraer aquella que sería su carta en este año. En ella aborda cuestiones tan importantes como la vocación, la misión, la vida en comunión y comunidad, y el estilo propio de nuestra forma de vivir.

Prescripto

Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, a los hermanos y hermanas “religiosos” esparcidos por todo el planeta, a los “consagrados” en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con cuantos en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor nuestro, de nosotros y de ellos: ¡gracia a vosotros y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo! (1 Cor 1,1-2).

Proemio

Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de vosotras y vosotros, rogando siempre y en todas mis oraciones con alegría por todos a causa de la colaboración que habéis prestado al Evangelio, desde el primer día hasta hoy; firmemente convencido de que, quien inició en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el Día de Cristo Jesús. Y es justo que yo sienta así de todos vosotros y vosotras, pues os llevo en mi corazón, partícipes como sois todos de mi gracia en la defensa y consolidación del Evangelio. Pues testigo me es Dios de cuánto os quiero en el corazón de Cristo Jesús. Y lo que pido en mi oración es que vuestro amor siga creciendo cada vez más en conocimiento perfecto y todo discernimiento, con que podáis aquilatar los mejor para ser puros y sin tacha para el Día de Cristo, llenos de los frutos de justicia que vienen por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios (Filp 1, 3-11)

Exposición básica

La vocación

¡Mirad, hermanas y hermanos, quiénes habéis sido llamados! No hay muchos sabios según la carne ni muchos poderosos ni muchos de la nobleza. Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es. Para que ningún mortal se gloríe en la presencia de Dios. De él os viene que estéis en Cristo Jesús, al cual hizo Dios para nosotros sabiduría de origen divino, justicia, santificación y redención, a fin de que, como dice la: El que se gloríe, gloríese en el Señor (1 Cor 1, 26-31).

El Espíritu – el amor de Dios y la nueva vida

Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido también, mediante la fe, el acceso a esta gracia en la cual nos hallamos, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Más aún; nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza, y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado… Mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. … Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! (Rom 5, 1-10).