LA NECESARIA ATENCIÓN A LOS TRAYECTOS DE LOS JÓVENES CONSAGRADOS

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Hace falta más escucha real de la voz del joven

Anabel Beneyto Lluch.Pureza de María, 37 años. Albaida (Valencia). Profesó en la Pureza de María en 2017.Estudia Teología en la U.P. Comillas. Profesora de matemáticas.

Para ti, ¿qué es lo más atractivo de tu vida en tu institución?

Poder compatibilizar la misión educativa con mi consagración al Señor y tener la oportunidad cada día de testimoniar que la Vida se puede vivir con sentido pleno. Por sí misma la tarea docente es muy vocacional, no es una profesión que te ha de conducir únicamente a tu realización personal en el plano profesional, sino que define una manera de “ser” y “estar” en el mundo ofreciendo la oportunidad de ayudar a otros a descubrir y a construir su propio ser.

Esa manera de estar en el mundo, es posible unirla e integrarla, desde una institución como Pureza de María, a un profundo deseo que habita en mí de consagrar mi vida al Señor, haciendo que mi vida tenga sentido y orientación.

¿Son los carismas imposibles para esta cultura?

Nos encontramos precisamente en una cultura donde abunda lo carismático. Se busca suscitar admiración para acumular seguidores, vende el que consigue convencer de que tiene algo especial y diferente, pero solo se considera que realmente ha triunfado cuando se ha obtenido valoración o reconocimiento.

El reto está, en darse cuenta de que lo más especial que tiene una persona para ofrecer no proviene de sí mismo. Lo mejor de uno mismo es algo que se nos ha dado, como la vida misma. Ayudar a descubrir el potencial de cada persona, ayudar a que se descubran habitados, es ayudar a poner en valor los carismas.

¿Dónde crees que deberíamos incidir más para conectar con los jóvenes, sus esperanzas y necesidades?

Creo que ellos viven de manera muy natural la fuerza de la comunidad. Le dan, en general, gran valor e importancia a su familia y a su grupo de amigos sobretodo. Por eso, creo que se podría incidir más desde este aspecto, desde la fuerza que tiene para ellos pertenecer a un grupo y ser especiales e importantes para los miembros del mismo, buscar crear pequeñas comunidades de jóvenes que descubren un camino juntos, que viven experiencias juntos.

También me parece esencial, buscar métodos y maneras para que los jóvenes puedan empezar a dialogar con su interior. Todo el día viven hacia afuera y no son conscientes de lo que llevan dentro porque nunca hacen silencio. La experiencia de comenzar a sentirse habitados, de ser parte de un Misterio, la experiencia de callar voces, de dejar de dialogar con otros y de interactuar con lo externo, creo que es uno de las primeras cosas en las que se debería incidir.

¿Crees que la institución está dispuesta a hacerse posible para una persona joven?

En ciertos aspectos está dispuesta, pero hace falta más escucha real de la voz joven. No se trata solo de oír, sino de estar dispuesto a dejarse interpelar y cambiar esquemas. Está muy “de actualidad” el concepto de sinodalidad en la Iglesia, pero para que deje de ser algo teórico, debería reflejarse en todo lo que es Iglesia. También en las congregaciones. Caminar juntos va más allá de escuchar para luego valorar, es participar juntos, mirar a cada persona con profundidad, intentar vivir y trabajar en comunión tratando individualmente desde el inicio de la vida religiosa, evitando clasificaciones institucionales.

¿Consideras adecuada la pastoral «con los jóvenes» que estamos realizando?

Se intenta hacer de la mejor forma posible, aunque no siempre se acierte. Es difícil ser atractivo y a la vez ofrecer profundidad, es complejo buscar, dar contenidos significativos actuales que conecten de verdad con los jóvenes, sin caer en la superficialidad. Me parece que a veces nos cuesta encontrar la manera de hacerles llegar al contenido de lo que buscamos transmitir, más allá de las magníficas formas utilizadas.

Nadie tiene una varita mágica para llegar al fondo de cada persona, por eso hay que seguir caminando y trabajando para intentar lograr que los jóvenes puedan llegar a descubrir la importancia y novedad que tiene el Evangelio para ellos, la significación y profundidad que puede dar a su vida y no conformarse con lo que hacemos. Ser humildes y siempre buscar crecer y mejorar para otros, no para sentirnos satisfechos.

¿Qué significan en tu vida palabras como: solidaridad, amor, soledad, oración, amistad?

La solidaridad no implica solamente la implicación en tareas sociales, organizaciones benéficas, etc. Se puede vivir solidariamente los actos cotidianos del día a día intentando no acumular, valorando y cuidando lo que se tiene, poniéndolo en común. En la relación con los demás buscando no acaparar, compartiendo enseñanzas, cediendo ante otros, buscando hacer el bien.

Para las jóvenes es una palabra con contenido significativo, que mueve su corazón.

Amor, aquello que Jesús siente por mí de manera incondicional y que me gustaría que todas las personas pudieran experimentar en algún momento de su vida. Aquello también que me hace descansar, cuando es verdadero en algunas personas que son esenciales en mi vida.

Soledad, algo necesario para poder conocerse bien y experimentar que solo Dios puede llenar del todo mi corazón. También algo que, en ocasiones se vive y cuesta, cuando se siente viviendo en comunidad.

Oración, pilar fundamental de mí día a día. Necesidad. Alimento que me ayuda a no perder el sentido de por qué estoy donde estoy, por qué actúo como actúo. Simplemente imprescindible, a la altura del agua, de la comida o del dormir.

Amistad, descanso necesario e insustituible. Creo que la amistad profunda es fundamental y es indicativa de una vida sana. Compartir, llorar y reír, relacionarse y poder confrontar lo interno nos caracteriza como seres humanos, nos humaniza, y también tira de nosotros y nos hace crecer.