ENTREVISTA A ANDRÉS CARRASCOSA, NUNCIO APOSTÓLICO EN ECUADOR

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No se recibe tanto lo que decimos sino lo que hacemos

Andrés Carrascosa (Cuenca-España) soñaba con ser cura de pueblo. Su obispo, cuando era muy joven le dijo: “Quien quiere servir no escoge el lugar del servicio”… Y vaya si se cumplió. Es Nuncio en Ecuador pero antes ha pasado por Liberia, Dinamarca, la Secretaría de Estado, la ONU en Ginebra, Brasil, Canadá, Congo Brazzaville, Gabón y Panamá. En todos los lugares aprendiendo y ofreciendo la cara amable de la Iglesia.

Lleva tres años en Ecuador como Nuncio. ¿Qué percepción tiene de la Iglesia en el país? ¿Qué valoración hace de las relaciones mutuas entre las diferentes formas de seguimiento de Jesús?

Ecuador en un país de gran religiosidad, en el que a veces se siente la falta de una evangelización profunda. He encontrado una Iglesia en la que se nota una buena relación entre las distintas vocaciones y carismas en los que se concreta la vida cristiana. Personalmente, tengo una relación muy cercana con la vida consagrada, lo que constituye una de mis prioridades.

Es inevitable que le preguntemos por la pandemia, ¿Cree D. Andrés Carrascosa que estamos extrayendo una lección positiva para el mañana?

La pandemia nos ha golpeado fuerte a todos. Pero sigo insistiendo, incluso en las redes sociales, en que debemos salir de ella mejores de como estábamos (como pide el papa Francisco), si bien a veces siento que predico en el desierto ya que veo mucha gente que todo lo que sueña es volver a lo de antes. Temo que no estemos aprendiendo lecciones tan valiosas, que sin duda vienen de Dios como oportunidades.

Quizá sea el Nuncio más presente en las redes sociales. ¿Se abre una nueva oportunidad de humanización y evangelización?

Debo decir que entré en ellas por obediencia. En 2010 el papa Benedicto escribió que son “la nueva frontera de la evangelización”.  No me lo creía mucho, pero decidí abrir cuenta en Twitter, Facebook e Instagram. Son un ambiente en el que hay muchas cosas negativas, muchos insultos e incluso odio, pero sigo convencido de que necesitan una palabra serena desde la fe, más desde la vivencia y el testimonio que desde la prédica, sin hablar solo para “convencidos”.

Desde su punto de vista y entrando en la misión evangelizadora, ¿Qué le parece a  Mons. Carrascosa lo más urgente?

Creo que nos está faltando hablar desde la vida, desde el testimonio. La gente no recibe tanto lo que decimos sino cuanto ve que hacemos (ya decía Pablo VI que nuestro mundo escucha más al testigo que al maestro, y si escucha al maestro es porque es testigo). Nos falta experiencia de Dios y experiencia de comunión. Nos falta creernos que el amor recíproco –el mandamiento nuevo y “suyo”, dice el Señor– es por lo que todos reconocerán que somos sus discípulos. Nos falta que sea nuestra vida quien hable más fuerte que las palabras.

Su lema episcopal es «Mantener la unidad del Espíritu» que además es una feliz coincidencia con «Fratelli tutti». ¿Para Usted qué es y cómo se expresa ese servir a la unidad?

Tomé este lema porque está en la frase sobre la que hice mi tesis en Biblia (Ef 4,1-6). Y creo que la tarea de un Nuncio es mantener esa unidad entre el Sucesor de Pedro y la Iglesia local a la que sirve. No la creamos nosotros esa unidad sino el Espíritu de Dios y hay que servirla y mantenerla, lo cual no es fácil, ya que hay que hacerse servidores de manera concreta, con cercanía y actitudes de comunión y no solo de palabra.

La vida consagrada es un don para la Iglesia y para el mundo. Vive, sin embargo, dificultades claras por el envejecimiento y decrecimiento, ¿Cómo interpreta estos hechos?

Creo que el papa Francisco nos está pidiendo en todos los tonos que analicemos la realidad con discernimiento evangélico. El problema no es el envejecimiento o el decrecimiento. El “tono” de la vida consagrada se corresponde con el “tono” de la vida de fe de una comunidad cristiana. En Ecuador encontré una riqueza inmensa: ¡50 Monasterios de clausura! El reto es el nivel de vida de fe, de testimonio evangélico en cada comunidad, contemplativa o activa. A veces, hemos dejado de ser personas apasionadas y nos hemos quedado en la “mediocridad tranquila y anestesiante”, como dice el papa Francisco (GE 134), con una mentalidad mundana individualista y secularizante que nada tiene que ver con el riesgo de la fe y del Evangelio, que no transmite vida y no puede ni atraer ni apasionar.

En ámbitos de Iglesia solemos expresar que confiamos en los jóvenes; nuestras actitudes, sin embargo, no siempre lo manifiestan. ¿Dónde apoya Andrés Carrascosa la confianza en las nuevas generaciones?

Hoy no es fácil entrar en la longitud de onda de los jóvenes, y aún menos de los adolescentes. Trato de hablarles con cercanía, con cariño y con claridad, desde el Evangelio. Nadie da lo que no tiene y solo desde una experiencia de Dios se transmite una experiencia de Dios. Luego, hay que fiarse de ellos y dejarles espacio para que hagan su experiencia de Dios y de la fe desde su propia sensibilidad y vivencia, que necesariamente es distinta de la nuestra. Yo me encuentro a gusto con ellos y atiendo todos sus pedidos en la medida que puedo (conferencias, retiros, etc.).

Su trayectoria es un ejemplo de interculturalidad. ¿Cómo podemos crecer en este don y riqueza que aportan las diferentes culturas?

El seguimiento de Jesús me ha llevado por varios continentes, lenguas, culturas… Pero he visto que, en el fondo, el ser humano es más parecido de lo que se piensa en un principio. Me ayudó en la vida el entender que quien vive el Evangelio es un ser humano realizado y pleno, viva en la cultura que sea. Ese es mi reto: tratar de poner en práctica la Palabra de Dios en mi vida cotidiana. Después, eso se convierte en un don para cada persona, para cada cultura; te hace vivir en el don de ti mismo y en el respeto del otro.