EL SÍNODO SOBRE LOS JÓVENES YA ESTÁ AHÍ

0
582

El 3 de octubre está previsto que el Papa inauguré el Sínodo de los Obispos sobre “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Los obispos españoles han enviado a Roma una síntesis de las opiniones e inquietudes recibidas de 5.253 jóvenes, sacadas de distintas encuestas enviadas por movimientos juveniles de diócesis y congregaciones religiosas. Llama la atención un dato que, en parte, puede resultar contradictorio: más del 60 por ciento de los jóvenes españoles afirma sentirse escuchado por la Iglesia mientras que un 54 por ciento asegura no sentirse comprendido, y un alto porcentaje tienen la impresión de que no se acogen sus aportaciones. O sea, se sienten escuchados, pero no comprendidos. Si es así, estamos ante una mala escucha.

El Papa, en su reciente visita a los países bálticos, ha hecho una referencia expresa a estas reclamaciones que los jóvenes han planteado para el Sínodo. Tras citar la palabra de Jesús: “venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”, Francisco preguntó: “¿por qué los jóvenes ya no acuden a la Iglesia a aliviarse?”. Quizás no sabemos escuchar. “Muchos jóvenes no nos piden nada, porque no nos consideran interlocutores para su existencia. Algunos incluso piden que los dejemos en paz, sienten la presencia de la Iglesia como algo molesto y hasta irritante”, dijo también el Papa.

El tema de la escucha y de la comprensión es fundamental, es un presupuesto para que el evangelio sea recibido. La escucha supone confianza. Si no confiamos en los jóvenes es muy difícil que puedan aceptar lo que les decimos y proponemos. Cuando me acerco a un joven, me encuentro con alguien con ideas y costumbres distintas a las mías. Debo empezar por respetarlas. Acercarse no es esperar que vengan a buscarme y recibir educadamente. Es adelantarme e ir donde el otro está. Acercarse significa saber qué cosas son las que espontáneamente atraen a los jóvenes. En ocasiones, antes de proponerles un acto religioso, habrá que preguntar por sus intereses. Y siempre habrá que estar atento a sus necesidades. Si se trata de jóvenes que buscan trabajo desesperadamente, tenemos que empezar por solidarizarnos con ellos en esta búsqueda de trabajo.

Cuando yo era joven, ya notaba que mucha gente nos halagaba y nos decían que éramos el futuro y la esperanza de la Iglesia y de la sociedad. Con esas llamadas al futuro, trataban de apagar nuestra rebeldía presente. Sin duda los jóvenes, como cualquier persona, necesitan esperanza. Pero también necesitan presente. Necesitan razones para esperar, pero también razones para vivir. Para vivir hoy, aquí y ahora. Para sentirse felices hoy. Hay que hablarles del mañana, pero sobre todo responder a sus necesidades actuales. Y ellos, lo sepan o no, como todo ser humano, necesitan a Jesucristo. Por eso, el modo de presentar a Jesucristo deberá tener en cuenta su situación actual, su modo de ser, de pensar, de vivir. Eso requiere escucha, cercanía, confianza.