De agendas y banquetes

Hoy la Iglesia nos ha propuesto una parábola de Lucas que, desde mi punto de vista, nos denuncia con seriedad a todos, especialmente a la vida consagrada… al menos así me ha sonado esta mañana cuando la escuchaba una vez más en la Eucaristía. Situémonos: un hombre invita a un banquete a mucha gente que, uno a uno, van poniendo excusas para no acudir (cada cuál más razonable, eso sí) hasta que el anfitrión decide llenar la sala de cojos, pobres y demás gente “de mal vivir”. Y, no sé muy bien el motivo, pero a mí se me ocurría pensar que la de excusas que muchos consagrados y consagradas pondríamos a semejante invitación a “perder el tiempo” en un banquete si no supiéramos el final de la parábola: seguro que teníamos una reunión fundamental para programar no sé qué actividad de pastoral, o unos cuantos documentos que leer sobre las últimas directrices de la Iglesia sobre Nueva Evangelización, o unos cuantos papeles (urgentísimos todos, ¡por supuesto!) que hay que rellenar para entregar a tiempo a alguna administración pública, o una comisión de trabajo para elaborar proyectos y documentos para ser “más significativos/as”… ¡vamos! ¡Las agendas demasiado llenas con demasiadas tareas importantísimas y urgentísimas como para tener “vida social” y gastar el tiempo en algo tan poco provechoso!  

Las excusas, como siempre (también en la parábola) son legítimas y “políticamente correctas” pero muchas veces nos impiden “perder el tiempo” compartiendo con otros sus preocupaciones, sus alegrías, sus búsquedas… y se convierten en ocasión perdida de amar en lo concreto. Tanta agenda y tantos “banquetes rechazados” que no nos dejan encontrarnos con ese Jesús que, como decía San Francisco, viene a nosotros cada día en humilde apariencia.

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5 respuestas a De agendas y banquetes

  1. M Carmen Mira Marco dijo:

    Querida amiga, no te sientas ofendida en ningún caso de lo que te voy a expresar, pero me he sentido llamada a expresarte como siento yo , la palabra del día 6 de noviembre.
    No nos denuncia, a nadie, sólo quiere reunirnos; me explico; Él (Dios), quiere invitarnos a un gran banquete ( la Eucaristía), llama a todos los que no pertenecen al pueble de Israel, es decir, ( la humanidad entera). El ha venido a reunir a la humanidad, pero siempre tenemos excusas, para no asistir a ese gran banquete. Asistiendo a ese gran banquete con el corazón, todo nos saldrá mucho mejor, Alimentando nuestra alma todo va sobre ruedas y solo nos pone una condición. La condición es : Que entremos al banquete con el vestido de bodas. Es decir; revestidos de la caridad, sólo con la túnica del amor a Dios y a los hermanos. Sólo así podremos gozar del banquete del reino, del cual ya compartimos ya en el banquete eucarístico.

    Un fuerte abrazo : MªCarmen Mira Marco.

    • ianireangulo dijo:

      Querida Mª Carmen, muchas gracias por tu comentario y por compartir cómo acoges tú la Palabra. Efectivamente tu interpretación es, posiblemente, más ajustada al texto y a su interpretación posterior… lo que sucede es que, a veces, el Señor nos regala poder mirar de un modo distinto un mismo texto y descubrir otra cosa (por supuesto que ni contradictoria ni excluyente de tu interpretación).
      Simplemente ¿qué hubiera pasado si no conociéramos el final?
      Eso sucede habitualmente con las parábolas: solían tener un punto de asombro, de inesperado… algo que rompía la lógica de quienes escuchaban a Jesús y que quizá hemos perdido por «conocerlas demasiado».
      Un abrazo y gracias por alimentar el blog con tu comentario… esto es mucho más enriquecedor.

      • Mª Carmen Mira Marco dijo:

        Querida amiga, ante todo perdón por el retraso en responder ……
        Es cierto que el Padre Dios-Jesus reparte sus dones y gracias; y que ha cada hijo le puede ofrecer un punto de vista real y concreto de la palabra según la morada de cada hijo…. A tu pregunta, de: ¿que hubiera pasado si no conociéramos el final?, Voy a intentar expresar como lo siento en mi corazón. Para mi nunca se termina de saber el final. Concretamente, porque por mucho que asistamos a la presencia del Señor en la eucaristía , y por tantas veces que escuchemos parábolas, textos bíblicos, siempre y cada nueva vez que escuchemos y siempre con los oídos del corazón bien abiertos a la Palabra, Él siempre nos revela algo nuevo e inesperado que cala nuestros corazones. Esto para mi sucede cuando hay una Fé pura y limpia hacia Dios. No una Fé como la de Pedro. Me explico. La «verdadera» Fé, no marcha por el agua.Pedro se hundía sobre el agua, porque no había dado el paso a la entrega total. Y eso es lo que nos ocurre muchas veces a los «cristianos». Por mucho que tengan un punto de asombro, nunca terminamos de conocer demasiado la revelación del reino. Para entender mejor entre parábolas el lenguaje secreto que nos quiere revelar Dios , tendríamos que ir un poco como aquella mujer, que padecía flujos de sangre y que puso toda su confianza en Dios ( porque aunque su cuerpo no hubiese sanado, que si lo fue, su alma hubiera estado sana por toda la eternidad, gracias a su Fé verdadera, hacia Dios). Los caminos que nos llevan hacía Él, son otros. Esa duda de Pedro , que lo llevo a una Fé decisiva, ese grito suplicante, de Bartimeo, que decía Ayúdame, al que Dios se compadeció ( el ser humano debe aprender y a sentir a dentro la compasión de los hermanos unos por otros, a ser compasivos…). O cuando Dios le dice al paralítico, si quiere andar, realmente nos dice a toda la humanidad que estamos postrados en nuestras comodidades, nuestro orgullo, vanidad, nuestro Yo, no nos deja caminar hacia la verdad, hacia el camino, hacia el AMOR, en definitiva, hacia DIOS. Y cuantas veces nos a pasado como a Pedro, que hemos ido caminando por el mar de la vida el cual se ha visto amenazado por el viento y la alta marea del mal uso de nuestra libertad. Y para colmo de los colmos nos hemos visto solos, incomprendidos, cuantas veces el ser humano hasta los que no creen en Dios, habrán mirado el cielo exclamando un grito a Dios diciéndole; el Ayúdame de Bartimeo o el sálvame de Pedro, que con ese sálvame , es y puede ser un reencuentro con Dios-Padre( al sentir ese amor incondicional que tiene a sus hijos). Para mí, nunca terminamos de saber el final….. siempre se nos revela algo nuevo, al igual que cada día siempre amanece igual, pero cada día tiene un olor y un sabor distinto.
        Para acercarnos a Dios, para sentir como en nuestro corazón se nos va revelando la verdad tenemos que aprender mucho de aquella mujer, que entre toda la multitud que tocada y apretaba a Dios, fue la única que lo tocaba con el corazón y de verdad. En ella sólo había CONFIANZA Y NECESIDAD.
        Perdón, que me halla desviado un poco del epicentro decisivo de la pregunta, pero lo que siento a dentro de mi, es una llamada a la lealtad a DIOS. A confiar plenamente en Él creamos saber o no. Adorar o amar a Dios, no es sólo un gesto físico( «flexionar» la rodilla), es decir, para mi tiene que ir acorde la acción, con el sentimiento. De que nos sirve flexionar la rodilla, si con el corazón estamos adorando otras cosas ( sexo, drogas, gula, etc..) Así nunca llegaremos a una unión total con El. Al fin y al cabo lo mas importante, estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos es revestirnos del AMOR y la CARIDAD, con nosotros y para con el hermano.(sea quien sea, un indigente, un enemigo, sea quien sea…..)
        Muchas gracias, por este espacio, donde poder expresar mi amor.

        Un fuerte abrazo. Mª Carmen Mira Marco.

  2. Guadalupe Reynoso Arenas dijo:

    Hola Ianire:

    Gracias por compartir lo que la Palabra te sugiere. Quizá yo sintonizo más con lo que tú dices simplemente porque tiene que ver con mi experiencia vital ahora o con mi punto flaco. Es decir, con frecuencia me descubro deseando leer y hacer mil cosas, que obviamente tienen que ver con el campo educativo, el espiritual…, todo muy lícito. Pero también surge la pregunta de si todo esto no es más que excusa para no atender a Dios, bajo la humilde apariencia de mis hermanas de comunidad ancianas o no, de los niños con quienes simplemente jugar, de los profesores con quienes charlar… Y, mira por dónde, aquí coincido con la interpretación de Mari Carmen, pues todo esto no es más que revestirse de caridad, de amar en lo concreto. Cordialmente, Guadalupe

  3. Mª Carmen Mira Marco dijo:

    Os acordais de la parábola de Marta y su hermana María.
    Seguro que si. Pero aquí, la recuerdo para una breve reflexión.
    Entro Jesús en una aldea y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
    Marta tenía una hermana que se llamaba María, la cual se sentaba a los pies de Jesus y ESCUCHABA SU PALABRA.
    Pero Marta estaba preocupada ( andaba en tribulaciones ) con muchos quehaceres, y le dijo a Jesus: Señor, ¿ no te importa que mi hermana me halla dejado de ayudar y esté sirviendo sola? Dile, pues, que me ayude.
    Pero respondió Jesús: Marta, Marta,.. Te afanas y te preocupas por muchas cosas, Pero sólo una cosa es necesaria. Pues María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
    Breve reflexión:
    Dios vino a servir y no ser servido.
    pero en esta parábola Jesus, nos invita a un llamamiento, a alimentar el Alma, porque al fin y al cabo somos y seremos almas. La materia, nuestro cuerpo o nuestra materia es la envoltura de lo que mas valor tiene, que es el Alma, y aunque nuestro cuerpo sea y es el templo del Alma al que merecemos un gran respeto, Jesus, nos pide que no andemos con tribulaciones, siempre perdemos la calma por las prisas, o contratiempos de este mundo, pero escuchando la palabra primero todo lo demás se nos da por añadidura. Esta comprobado. Es solo mi opinión personal y sin intención de ofender a nadie, la siento como verdad. Tan importante es la acción de María, como la de Marta. Yo me inclino por María, he invito a todas las personas que se sienten como Marta, a andar por la vida mas tranquilas, pacíficas, escuchando todo lo que puedan la Palabra de Dios, y sólo confiando, les saldrá todo «redondo». No hay porque andar con tribulación, eso es solo terrenal y quita la paz. El ser humano esta llamado a ser Santo, a ser paz, amor, todo lo que no es de este mundo. Cultivemoslo.
    Un fuerte abrazo.
    Mª Carmen Mira Marco.

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