LA MIRADA DE LA «FANTASÍA CREADORA»

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La vida consagrada no puede perder la «fantasía creadora». Al menos no podrá renunciar nunca a que algunos de sus hermanos y hermanas la sostengan, la escriban y anuncien. Nos la recuerden y activen, de manera que el vivir no se reduzca a una sucesión de ejercicios y trienios en los que se configure, sin novedad, un camino hacia el inevitable final.

Hay quienes sostienen que la mirada de la fantasía es peligrosa. Todavía quedan humanos y también religiosos que temen más un poema que un arma. Se manejan mejor en las artes de la lucha que en las de la persuasión, el diálogo y el encanto. Porque, aunque no lo crean, cuando entre nosotros hablamos de la necesidad de diálogo y sinergia –y éstos no tienen mucho éxito– es porque nos falta arte para ello. No es la persuasión sino la fuerza la que queremos dé vida al diálogo. Y mucho me temo que el diálogo, a base de fuerza, es solo obligación, palabra de uno y silencio de otros. Diálogo y fuerza a base de vueltas consiguen articularse en una macedonia solo aparente, sin posibilidad de regenerar las relaciones, las instituciones y, por consiguiente, las vidas de los consagrados.

La mirada de la fantasía creadora provoca cinco novedades frente a la inercia. La primera en quien la experimenta porque encuentra razones para vivir y recrear vida. Sale de la presión de los resultados para acercarse a la incertidumbre de quien se deja guiar por el Espíritu, siempre incierto. La segunda, en el entorno. Rompe la previsión de lo que tiene que suceder. Ya no es ni constante histórica, ni «el siempre se hizo así» la razón para sostener y anunciar, sino la necesidad de responder a una realidad que, en sí, es inédita y, por tanto, pide respuestas inéditas. La tercera novedad es que empieza a provocar y configurar decisiones estructurales que se acercan a la innovación. Ya no se trata de programar para recibir resultados. Ni prever para que la efectividad garantice la supervivencia, sino que, por el contrario, adquiere fuerza la capacidad del signo y la parábola. Es la necesidad de que la palabra no sea confusa y se deje guiar por principios, solo evangélicos, tenga las consecuencias que tenga. La cuarta es que se ralentiza el tiempo y se sitúa correctamente su valor. Actuar desde la originalidad evangélica da otro valor a las cosas y a los ritmos de la vida. Aprendemos a detenernos, a contemplarnos, a escucharnos y disfrutarnos. Dejamos de ser esclavos de los engranajes, por nosotros creados, en los cuales tenemos que sentir el vértigo de la prisa para saber que estamos vivos. Nuestra consagración, con otro concepto del tiempo, como nuestras comunidades ralentizadas en la contemplación de la creación, son ámbitos privilegiados para ofrecer hombres y mujeres nuevos que puedan significar una lectura alternativa al ritmo del mundo. Un auténtico antídoto contra la pretensión de pasarlo todo por un patrón normalizador. En quinto lugar, sucederá algo que anhelamos y es que las comunidades y lo que representan aparecerán como algo atractivo y posible para hombres y mujeres normales, jóvenes y sedientos de profecía y verdad en este tiempo. La tan traída y llevada cultura vocacional que llena y rellena tantas y tantas programaciones, necesita, solo vidas enamoradas capaces de dar razón de su amor.

Mirar a la realidad desde una  fantasía creadora es comprometerse a ofrecer paradigmas nuevos. No previstos ni conocidos. Es compartir sin miedo y formular con la intención de escuchar cómo se complementan y hacen posibles. Es abrir espacios y crear vida. Devolver algo de ingenuidad a tanta seguridad; sorpresa al escepticismo de la eficacia; llenar de vida los huesos sedientos de significar algo y casi resignados al fracaso de una existencia muy organizada, pero sin clara fecundidad.

La fantasía creadora es la salida de un bucle histórico que por más que lo magnifiquemos nos está diciendo, con toda claridad, que algunos procesos vividos y algunos ideales formativos o no han sido tan buenos o, siéndolo en su momento, no han logrado dotar a muchos religiosos y religiosas con una mirada creadora y creativa para este presente.