«MIRADA CON LUPA» VR DE JUNIO

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Arturo Sosa, Prepósito de la Compañía, en la Revista VR de Junio

«El futuro es de quien sueña nuevas formas de vida comunitaria, de organización apostólica y de vinculación con la Iglesia y el mundo»

En el número de Junio de VR, el P. Arturo Sosa hace balance de sus primeros meses como prepósito general de la Compañía de Jesús. Está encontrando muchas posibilidades, muy probablemente porque proyecta visión, y eso le lleva más allá de las debilidades, también presentes.

Nos ofrece una lectura integradora de la realidad plural, desde la misión que tienen nuestras congregaciones, también plurales. Asumirlo y dejarse enriquecer es la tarea de construcción familiar de la vida religiosa –nos dice– y la raíz de misión de nuestras presencias.

Arturo Sosa no huye del buen humor. Lo identifica con una sana humanización de lo que hacemos y vivimos. Poner gravedad en nuestros gestos y relaciones no nos da más verdad, sino que nos aleja de ella.

Responde a nuestras preguntas con serenidad, sin huidas. Nos deja constancia de un estilo de liderazgo muy de este tiempo: el de la escucha de los diferentes, el del tiempo empleado en acercarse a cada realidad y acoger su vida y su búsqueda. En, a penas, siete meses ha estado en el Líbano, Venezuela, India (Delhi y Madya Pradesh), Perú, Madrid, Stuttgart, Ruanda, Burundi, Bukavu (Congo). Nairobi (Kenia), Nápoles, Milano y las comunidades jesuitas de Roma… Un itinerario no apto para personas con «vértigo». Entre sus respuestas nos ha llamado la atención su palabra sobre las resistencias a la reforma. Creemos que nos viene muy bien, como aperitivo, de la entrevista completa que en el mes de junio publica Vida Religiosa para todos sus lectores. Dice el P. Arturo Sosa que: «Son las resistencias la que hacen más difícil la reforma. Cambiar, aunque sea para bien, siempre es difícil. Parece que nos acostumbramos al lugar donde estamos, aunque conozcamos sus deficiencias. Cambiar siempre significa abandonar lo conocido, liberarse de los apegos paralizantes para moverse en el terreno más inseguro de la novedad. Los apegos que pueden paralizar a los miembros de la Iglesia son muchos y variados. Por eso, las resistencias a la reforma de la Iglesia son una invitación a examinarnos y a convertirnos».