ZONAS DE VIERNES SANTO: “¡HÁGASE TU BUENA VOLUNTAD!”

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Entremos en el misterio del Viernes Santo: un día que no es sólo pasado, sino también dramático presente en la vida individual y colectiva de la humanidad. Y hoy -10 de abril de 2020- lo es de una manera especialísima para todos nosotros. La sociedad más laica y secularizada se rebela contra el mal y se arma para vencerlo. Confía en la fuerza colectiva y en la lucha de cada uno: ¡entre todos venceremos al virus! ¡Resistiremos! ¡Enviémonos energía positiva! Los que creemos en Dios, los cristianos, nos preguntamos en las situaciones-límite y ante tantas muertes de seres queridos y de conciudadanos: ¿Dónde estás, Dios mío? Desde lo hondo a tí grito, Señor, ¡escucha mi voz! Y tantas súplicas nos han surgido… y al parecer, sin respuesta. Y quizá otros puedan decirnos: “¿Dónde está tu Dios?”… La Pasión según san Juan -que siempre proclamamos en la LIturgia del Viernes Santo- nos ofrece un horizonte para que busquemos la respuesta…

El relato de la Pasión según san Juan en diez trazos

Trataré de resumir el relato de la Pasión y su significado según el cuarto evangelio en diversos momentos basándome en el excelente comentario de un gran exégeta Raymond E. Brown-.

Una patrulla es enviada por las autoridades judías -un destacamento de tropas romanas, según san Juan- para arrestar a Jesús. Las tinieblas quieren sofocar la Luz de mundo. Los ministros de la oscuridad necesitan antorchas. Pero Jesús es dueño de la situación. Cuando dice “Yo soy” las fuerzas de las tinieblas se sobrecogen de temor.

Sólo el cuarto evangelio nos habla de un posterior interrogatorio nocturno no oficial por parte del avaricioso y corrupto Anás: durante él Jesús es maltratado y es negado por Pedro, que se queda fuera; en cambio hay “otro discípulo” -el discípulo amado- conocido del Pontífice que sí entra en el atrio. Al día siguiente por la mañana, el Sanedrín -presidido por Caifás- decide entregar a Jesús a los romanos para que fuera ejecutado.

Es viernes por la mañana: la Pascua comienza ese día al atardecer. Los romanos habían prohibido a los judíos ejecutar la pena capital. Los sacerdotes se quedan en la entrada de la casa de Pilato, para no quedar ritualmente contaminados. Pilato les obliga a decirle que los sacerdotes quieren que Jesús sea condenado con la pena de muerte romana: la crucifixión.

Jesús le explica a Pilato que su reino no es político: ¡es el reino de la Verdad! ¡Jesús es testigo de la Verdad! Jesús tiene derecho para juzgar también a Pilato. ¿Y qué es la verdad?, pero Pilato trata de evitar la verdad. Es una ironía ver cómo el pueblo -incitado por los sacerdotes- rechaza la realeza de Jesús y, sin embargo, los gentiles lo visten como rey y lo aclaman. Dice Raymond E. Brown -gran experto en san Juan-: “ellos lo habrían hecho sin burlas”.

Tres veces declara Pilato la “no culpabilidad de Jesús”. Y entonces descubre asustado que Jesús es el Hijo de Dios. Jesús se muestra dueño de la situación y le dice a Pilato que su poder depende de Dios Padre y le hace ponerse a la defensiva. Jesús reconoce que la culpa última no es de Pilato, sino del verdadero traidor: Satanás.

¿Porqué cedió Pilato? Se sentó en la sede del juez para dictar la sentencia capital. El pueblo acepta al César como rey, renunciando a su derecho de Pueblo de Dios. “Esta hora fatal en la historia de Israel es “la hora sexta” (v.14), el mediodía, el momento mismo en que los sacerdotes empiezan a sacrificar los corderos pascuales en el Templo” (Raymond E. Brown).

El letrero que declara el crimen de Jesús condenado a muerte, tiene una forma solemne: ¡en tres lenguas! Pilato insiste en que no se cambien esas palabras: para los gentiles Jesús es ¡el rey de los judíos!

Se reparten los vestidos de Jesús, pero es importante “la túnica” de una sola pieza -como la del Sumo Sacerdote-: Jesús muere como rey y también como Sacerdote.

El discípulo amado y cuatro mujeres están al pie de la cruz: la madre de Jesús, una hermana innominada, María (¿esposa? de Clopás y María Magdalena. La madre de Jesús es declara por él “la madre de los discípulos ideales”. Y con este encargo confiado a su madre, Jesús concluye su obra.

Jesús, que había prometido la comunicación del Espíritu, muere “entregando el Espíritu” al discípulo amado y a las cuatro mujeres. Jesús es también “el Traspasado”. Y del costado de Cristo, herido por la lanza, brota el agua de la vida juntamente con la sangre de la entrega: el Espíritu hace posible el nuevo nacimiento: “Si no nacéis del Agua y del Espíritu…” El mismo Nicodemo que había escuchado estas palabras de Jesús, se vuelve valiente junto con José de Arimatea y se presenta ante Pilato. Jesús… empieza ya a atraer nuevos seguidores.

Cuando el relato nos llega al alma…

La crucifixión estaba pensada para humillar al reo, para privarle del honor, para hacerle caer en lo más bajo en que un ser humano puede caer. El evangelista nos presenta a Jesús manteniendo su honor en todo momento. Actúa como un auténtico señor que conoce la situación y la controla. Jesús soporta lo que haya que soportar, pero nunca cede ante la humillación. La máxima humillación se convierte en la exaltación del Señor. El máximo desprecio se convierte en la máxima atracción desde la cruz. Se le acusa a Jesús de hacerse igual a Dios, Hijo de Dios, rey. Por ello es condenado. Pero muriendo, Jesús entrega su vida al Abbá de la vida. Confía absolutamente en su Padre. Y hace de su muerte el acontecimiento mas digno de su existencia, el cumplimiento que lleva a perfección su misión en la tierra: “¡Todo está cumplido!”.

Este relato nos enseña que:

Ante la humillación no hemos de reaccionar con violencia, sino con dignidad y firmeza.

Como seres humanos y limitados que somos, habremos de atravesar zonas de sombra, de anonadamiento y tiempos de duda, de aparente sinsentido. Nuestra fe nos pide confiar siempre, en todo lugar y momento, en nuestro Abbá. Él no puede olvidarse de los hijos e hijas de sus entrañas, como no se olvidó de Jesús. Él hace que nuestras noches oscuras, nuestras experiencias de muerte, estén bajo su control, para que nuestros pequeños viernes santos se conviertan en momentos de gracia para el mundo. ¡Qué bien entendió este misterio san Pablo cuando nos dijo que estamos con-crucificados con Cristo!

Hay muchas zonas de viernes santo permanente en nuestro mundo: ¡ahora mismo lo estamos sufriendo! ¡Hoy es -quizá más que otras veces- Viernes Santo!. Muchas personas solidarias y compasivas emergen en este día para llevar consuelo, esperanza, cuidar, acompañar, compadecerse….

Zonas de viernes santo son: residencias de ancianos, campamentos de refugiados, espacios visitados por calamidades naturales, cárceles, campos de concentración, nuestras UCIS, los hospitales, las calles vacías, el llanto y la zozobra por nuestras personas más queridas… Allí claman los hijos y las hijas de Dios. Y allí… es posible comprobar que el Abbá es compasivo y misericordioso con todas sus criaturas y que consuela y enjuga las lágrimas de quienes lloran y le suplican.

Por eso, si nos es posible, acerquémonos hoy a alguien que esté pasando su “viernes santo”. Llevémosle nuestra presencia y consuelo. Iluminemos a esa persona con nuestro amor y nuestra esperanza .

Plegaria

Abbá, en la oscuridad del viernes santo, sólo nos quedas Tú. Tú eres nuestro refugio, nuestra esperanza, nuestra victoria. Nos ponemos en tus manos. Te entregamos nuestro espíritu. Sabemos, Abbá, que contigo nunca quedaremos defraudados. ¡Hágase tu buena voluntad!.