SOLO UN VASO DE AGUA

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El Evangelio de hoy nos habla de perder para ganar. A pérdida colmada de quienes no entran en la dinámica de la competición o del quedar bien.

De los que rompen con la búsqueda de los primeros puestos y centran su existencia en servir desde la gratuidad.

Hoy se nos pide que triunfemos, que ganemos, que hagamos grandes cosas. Jesús nos recuerda el valor de dejar, de desprenderse de lo accesorio para quedarse con lo esencial (una lección que nos ha enseñado el confinamiento y que no deberíamos olvidar).

También el Nazareno nos recuerda el valor de los gestos pequeños cargados de posibilidad de eternidad, porque encierran en sí mismos un esbozo de cariño, de preocupación, de empatía.

Dar un vaso de agua no cambia el mundo.

En clave de Evangelio sí lo hace: solo un vaso de agua.

Que llenemos nuestras vidas de estos gestos hermosos. De vasos de agua fresca regalados.