POLARIZACIÓN

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(Emilio Turú). Muchas de nuestras sociedades se están polarizando en posiciones políticas o sociales antagónicas, atizadas por los políticos de turno y por los medios de comunicación. Se crean dos grupos muy distantes en su manera de pensar y entender la realidad, y todo ello con una carga emotiva muy fuerte. Normalmente, los de cada grupo buscan y aceptan acríticamente las informaciones que confirman sus propias posiciones, y rechazan y ridiculizan las que provienen del otro grupo.

En lugar de hacer un análisis sereno de la realidad, que es siempre compleja, se opta por una simplificación superficial, a base de estereotipos: se identifica al culpable (el otro grupo), y se le hace responsable de todo lo negativo. La siempre incómoda complejidad quedó reducida a dos polos: nosotros/ellos; los que tienen razón/los que están equivocados. Evidentemente, esta simplificación no resuelve nada, sino que hace que el conflicto perdure y se vaya agravando.

Desgraciadamente, es una situación que encontramos en muchos países de todos los continentes. Y tengo la impresión de que los consagrados, muy frecuentemente, reproducimos las polarizaciones que se dan a nuestro alrededor, en lugar de mostrar proféticamente un camino alternativo.

En este sentido, me parece ejemplar la manera cómo trató la LCWR (una de las conferencias de religiosas de los EE. UU.) la polarización provocada por la visita apostólica y la evaluación doctrinal de la LCWR. En lugar de reaccionar emotivamente a esas situaciones inesperadas, adoptaron una actitud contemplativa, preguntándose qué les estaba diciendo el Señor a través de esas circunstancias concretas. “Lo contrario de la contemplación no es la acción, sino la reacción” (R. Rohr). Contemplar significa asumir la complejidad sin atajar hacia simplificaciones fáciles; se trata de echar un paso atrás y mirar a la realidad sin los filtros de nuestro “ego”. Y ese paciente camino es siempre generativo: “Si podemos estar con la tensión de opuestos suficiente tiempo… podemos convertirnos en vasijas donde los opuestos divinos se unen y dan a luz a una nueva realidad” (M. L. von Franz).

Ojalá que este tiempo de Navidad, que siempre invita a una actitud contemplativa, nos permita ser profetas en este mundo tan polarizado en el que vivimos.