sábado, 24 febrero, 2024

PENTECOSTÉS 2021 UNA CITA ESPECIAL PARA LA VIDA CONSAGRADA

50ª Semana Nacional para los Institutos de Vida Consagrada

(Antonio Bellella ).La Semana Nacional para los Institutos de Vida Consagrada, que anualmente convoca el Instituto Teológico de Vida Religiosa de Madrid, se celebra este año entre los días 17 y 22 de mayo: en las jornadas que preceden a la Pascua de Pentecostés. El núcleo de la reflexión recupera el tema que en el 2020 no pudo desarrollarse: Consagrados para la vida del mundo. La Vida Consagrada en la sociedad actual. ¡Es una cuestión acuciante! La difícil circunstancia que atravesamos ha acentuado la importancia de dejarnos interpelar por la humanidad sufriente. Hoy más que nunca, se necesitan personas consagradas, generosas, capaces de poner y dar vida en medio de tanto dolor. Los interrogantes e inquietudes se multiplican, pues, a las situaciones endémicas de injusticia y necesidad, se ha sumado una pandemia que lacera la piel y el corazón de nuestra gente. Una vez más, la dura realidad nos obliga a salir de un cierto letargo, invitándonos a escuchar de nuevo la llamada a ser testimonio vivo de Cristo.

Una convocatoria excepcional

La Covid-19 ha obligado a cambiar la fecha habitual del encuentro –los días que siguen a la Pascua de Resurrección–; pero, no se ha optado por un momento cualquiera, sino que, por vez primera, se convoca a los consagrados a preparar juntos la Solemnidad de Pentecostés. ¡La 50ª Semana de Vida Consagrada será un kairós, un tiempo del Espíritu! Porque Pentecostés significa el inicio de la Misión, la hora de los carismas, el recuerdo del impulso valiente y creativo de la primera comunidad cristiana, la toma de conciencia de la universalidad de la Iglesia y la evocación de nuestra identidad espiritual. En realidad, Pentecostés se realiza día a día en toda comunidad que, fiel a su carisma y misión, se empeña en seguir más de cerca a Jesucristo y en anunciar su Evangelio aquí y ahora.

Un momento conmemorativo y una modalidad nueva

2021 es un año muy especial para nuestro Instituto: el de su cincuentenario. Desde 1971, nuestro pequeño centro de Teología está al servicio de la vida consagrada: comprometido seriamente con la reflexión teológica sobre nuestro ser y estar en la Iglesia, así como con la animación y el acompañamiento de las comunidades, y la transformación institucional de las congregaciones.

Fieles a estos objetivos, desde hace 50 años, las Semanas de Vida Consagrada han aglutinado las inquietudes que latían en el corazón de los consagrados, midiendo su pulso y alentando su latido. Además, han querido ser el impulso de la mente y ayudar a aquilatar los conceptos, ofreciendo respuestas y claves hermenéuticas que ayudaran a las comunidades a responder a los numerosos interrogantes planteados en el postconcilio. Basta echar una ojeada a la colección de los casi 50 libros que recogen la reflexión de estos años, para constatar que, en conjunto, las ponencias de la Semana han ofrecido una visión; es decir, una iluminación bíblico–teológica–pastoral fundamentada, abierta, proactiva, audaz y bien situada en nuestra realidad. Por estos motivos, este cincuenta aniversario no solo quiere ser un momento de memoria agradecida, sino una ocasión de relanzamiento.

Esta conmemoración merecería un encuentro alegre y festivo, apto para convivir, vernos las caras, comunicar inquietudes y esperanzas, felicitarnos personalmente. Por desgracia, aún no es posible reunirse para compartir la experiencia formativa inigualable, que siempre ha sido la Semana Nacional para los Institutos de Vida Consagrada. Excepcionalmente, también en esto, se impone la modalidad online. Pese a sus innegables inconvenientes, la transmisión online otorgará a nuestro encuentro un carácter universal, al posibilitar la presencia simultánea, en tiempo real, de hombres y mujeres consagradas de muchas culturas y naciones. Internet nos brinda la oportunidad única de unirnos en una gran comunidad de comunidades: un aula virtual internacional de consagrados que comparten la plegaria y la reflexión. Por primera vez, las comunidades al completo se harán presentes en la Semana; por primera vez, los ancianos y enfermos podrán seguir las conferencias, sin salir de casa.

Un tema que inspira y provoca

El tema de las jornadas para la Vida Consagrada de este año tiene un punto de provocación. Afirmar que somos «consagrados para la vida del mundo» implica subrayar una serie de propuestas interpelantes. Enumeremos algunas. Se trata de recordar que seguimos a Jesucristo, que vino a dar vida y a darla en abundancia (Jn 10,10); de poner en el centro nuestra misión; de proponer que miremos más a nuestro alrededor y menos a nuestros propios problemas, como enseñaron las fundadoras y fundadores. Es una invitación a salir de nuestro ámbito de seguridades, abriendo la mente y el corazón. En definitiva, es cuestión de no perderse en palabras y ponerse manos a la obra.

No es necesario repetir que ser consagrados aquí y ahora no es fácil; nuestro presente es complejo y la situación que atravesamos no es óptima. Por ello la pregunta surge espontánea: ¿tenemos aún algo que aportar a la sociedad actual o, más bien, habría llegado la hora de un repliegue vital y operativo? Sin embargo, a pesar de las crecientes limitaciones que experimentamos y de arrastrar las heridas provocadas por una grave crisis de relevancia, las personas consagradas no hemos dejado de ser una referencia respetada en la sociedad. De hecho, a diario afrontamos retos e intentamos dar una respuesta inspirada en el Evangelio.

Prueba de ello son nuestros planes de acción y nuestra tarea personal, institucional y corporativa, que no son sino una expresión del deseo de poner espíritu, aliento de vida, en una realidad desafiante. En medio de todo, las comunidades de consagrados seguimos apostando por la vida; ocupándonos de y preocupándonos por los migrantes y los más necesitados entre nosotros; comprometiéndonos en el respeto y la construcción de la «casa común»; asumiendo el compromiso a favor de una fraternidad basada en el Evangelio; insistiendo en la necesidad de humanizar la salud y ser presencia consoladora en medio del dolor; ofreciendo una educación en valores, inspiradora de un mundo más justo, etc. No cabe duda de que la reducción numérica ha obligado a replantear nuestros modos de presencia, así como a repensar la estrategia de acción, pero en ningún caso ha mermado nuestra voluntad de servir a Dios y ser hermanos de todos.

Mantener este empeño requiere temple espiritual, reflexión y discernimiento, pues la propuesta de actualizar la misión del Señor es ardua. Hemos entendido que no se trata de que seamos héroes, multiplicando actividades y presencias, sino que es cuestión de ser fieles a nuestra vocación, consagración y misión. Para ello, la 50ª Semana nos invita a repensar la relación de nuestra opción de vida con la realidad social y con el resto de las vocaciones eclesiales. Dicho objetivo es ambicioso y desafiante, pero merece la pena afrontarlo porque el mundo actual sigue necesitando de personas que, desde sus carismas, den prueba del absoluto de Dios.

Un foro internacional

Contamos con un programa de excepción. Participarán los cardenales João Braz de Aviz, Carlos Osoro, Aquilino Bocos y Cristóbal López. La conferencia de apertura corre a cargo de Mons. Luis Ángel de las Heras. Además, tendrán ponencias José María Vegas, Mª José Castejón Giner, Gonzalo Fernández Sanz y Manuel Arroba Conde.

En los coloquios intervendrán, entre otros, los presidentes de la USG y la UISG, Arturo Sosa y Jolanta Kafka, respectivamente. Desde América, escucharemos las voces de Liliana Franco y Teresa Maya. Daremos también la palabra a los pequeños grupos de Iglesia, a los Institutos seculares y a las nuevas formas de vida consagrada. Dejaremos resonar las voces de los migrantes y de cuantos trabajan por crear una nueva sociedad. Miraremos con ojos nuevos las tres tareas tradicionales de los consagrados: predicar, enseñar y curar. Oraremos a diario con Ain Karem. Concluiremos con la invitación a dejar resonar la voz de nuestra alma profética.

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