LA NECESARIA ATENCIÓN A LOS TRAYECTOS DE LOS JÓVENES CONSAGRADOS

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Los jóvenes necesitan experimentar que son importantes para alguien

María Moreno, Granada, 28 años. Entró en la congregación de Religiosas Pureza de María en  el año 2010. Es maestra, imparte clases en E. Primaria en Valencia. Es responsable de FOC, el movimiento pastoral de su congregación.

Para ti, ¿qué es lo más atractivo de tu vida en tu institución?

Disfruto con todo lo que hago. Pero si me he de quedar con algo, diría que es la posibilidad que la congregación me ofrece de vivir entregada, en misión con los niños y jóvenes, con los padres y profesores, y con la comunidad. Me encanta poder vivir cada día rodeada de rostros que salen a mi encuentro y en los que puedes reconocer a Dios. Me siento privilegiada por mi vocación, pero más aún porque la congregación me permite vivirla con pasión. Ya sea en la comunidad o en el colegio, puedo darme siendo yo misma. El dinamismo constante de la congregación para intentar llegar a las familias y formar a nuestros alumnos de manera integral es otra de las cosas que  me atraen. En la Pureza hay vida, mucha vida, siempre estamos soñando con nuevos proyectos y retos, marcando nuevos objetivos. No puedo negar que me encanta ver como todas las hermanas viven entregadas desde sus posibilidades (edad, enfermedad, país…) para que no se pierda ninguno.

¿Son los carismas imposibles para esta cultura?

Creo que más que imposibles los carismas son algo necesario en esta cultura. Nuestra sociedad actual está vacía de sentido y se mueve en un contexto donde no hay pilares que fundamenten la existencia integral y plena del ser humano. El sistema económico genera continuamente necesidades que aumentan en la persona su insatisfacción y su deseo de tenerlo todo. Es por ello que los carismas son algo fundamental que no podemos obviar en la cultura actual. El hombre del siglo XXI, aunque no lo exprese, tiene necesidad de transcender y de encontrar el sentido de su vida, de tener experiencias humanas y espirituales que le lleven a sentir como su realidad es algo más que el mundo digital, que el “todo incluido”, que el placer y que el usar y tirar. Por tanto, solo los carismas pueden aportar a la sociedad la posibilidad de vivir desde lo esencial.

¿Dónde crees que deberíamos incidir más para conectar con los jóvenes, sus esperanzas y necesidades?

Creo que los jóvenes actuales solo tienen necesidad de dos cosas: tiempo y escucha. Desafortunadamente pueden tener una estructura familiar que esté rota y o sea un constante caos. Muchas veces no saben “ser” porque no han visto o no han tenido los pequeños gestos sencillos que los hagan sentirse amados e hijos.

También los jóvenes están acostumbrándose a crecer en la sociedad de la competitividad, en la cual lo humano se ha diluido y solo interesa el más: más nota, más poder, más “likes” en las redes sociales, más tecnología, más comodidades, más éxito, más títulos…etc. en definitiva a ser el mejor para triunfar en la vida. Están incitados continuamente a poseer olvidando lo esencial.

Nuestros jóvenes, sin embargo, tienen mucho potencial escondido, tienen grandes talentos y dones, pero experimentan tanta soledad que no saben con quien compartir todo lo que son. Hemos de decir que están sedientos, no porque el botellón que hacen cada semana sea insuficiente, sino porque tienen sed de amor, de escucha, de que alguien los mire a los ojos y apueste por ellos. Están dispuestos a darlo todo, pero hemos de entender que les han fallado muchos pilares de su vida. Tienen continuas experiencias donde saben que les han fallado sus padres, sus amigos, el sistema político, en definitiva: la sociedad. No encuentran líderes, ni modelos ni buenos referentes. No siempre saben lo que es la amistad, el compromiso, la entrega o la verdad, porque no lo pueden ver a su alrededor.

Nuestros jóvenes necesitan que alguien pase tiempo con ellos, que los escuche y los pueda acompañar en la travesía de la vida. Viven muchas experiencias intensas que no saben cómo gestionar. Están deseando aprender a amar, aprender a ser persona. Pero para que aprendan hemos de estar convencidos y dispuestos a dedicarles tiempo. No van aprender lo que les digamos, no van aprender teorías o normas, nos aprenden a nosotros. Necesitan experimentar son importantes para alguien, que creemos en ellos, que hay quien está dispuesto a “perder su tiempo” para estar simplemente en su vida, escuchando y acompañando. Necesitan presencia, cercanía y posibilidades. Una vez que ellos despliegan sus alas tienen grandes sueños, quieren comprometerse, y están dispuestos a vivir amando, son los mejores evangelizadores, jóvenes que cuidan y se preocupan de otros jóvenes, que quieren hacer que otros se sientan igual de felices que ellos. Aquí también hemos de volver a escucharlos, tienen ideas, proyectos que les hacen convertirse en profetas, que dinamizarían y atraerían a otros jóvenes, pero que simplemente exigen algo de nosotros: confianza. Confiemos en ellos, dediquémosles tiempo y escuchemos lo que Dios quiere decirnos a través de cada uno.

¿Crees que la institución está dispuesta a hacerse posible para una persona joven?

Creo que la institución tiene las puertas abiertas al Espíritu y que por tanto ha sabido ir recorriendo el camino que le permite adaptarse y hacerse posible a la juventud; fruto de ello es la presencia constante de personas jóvenes en nuestra congregación. Aun así hemos de seguir  caminando, discerniendo los signos de los tiempos y haciéndonos eco del sentir de la juventud.

Como parte de la Iglesia considero que sabemos escuchar el clamor y somos conscientes de la sed que tiene el ser humano actual, y desde ahí oramos y trabajamos. Tenemos la misión de ser lugar de acogida donde se puede beber el agua viva. Algo esencial que la institución ha de intentar cuidar en su día a día es el vivir con mucha coherencia y autenticidad, esto es lo que busca una persona joven, y no se puede perder de vista. La juventud quiere verdad, alegría, un testimonio coherente y la posibilidad de ser acogida tal y como es, sin juicios. Si logramos que los jóvenes sean testigos de la radicalidad de nuestra entrega incondicional porque nuestra vida la avala, habremos conseguido que sientan que en la Pureza tienen un lugar.

¿Consideras adecuada la pastoral «con los jóvenes» que estamos realizando?

Considero que para la congregación la pastoral es uno de sus puntos fuertes y prioritarios. Aun así, es cierto que siempre aspiramos a más, que siempre estamos en camino y que cuando se trata de trabajar con las personas, todo un abanico de posibilidades podemos vislumbrar. Como joven que está con otros jóvenes, he de decir que personalmente sueño con algo más. Quisiera que ninguno de ellos se perdiera, desearía que todos descubrieran el tesoro escondido. Sé que esto es muy difícil, y que nosotros solo podemos sembrar; por eso, me siento llamada a aportar mi granito de arena. Creo que tenemos muchos factores sociales a nuestro favor, aunque aparentemente supongan o parezcan una amenaza, pero en realidad no lo son.

Me atrevería a decir que no podemos perder de vista dos ejes que deben dar sentido a nuestra entrega: el tiempo y la escucha. Estemos con ellos, pasemos tiempo, escuchemos lo que piensan, lo que creen, lo que sueñan, lo que lloran, se sentirán interpelados y se preguntarán porqué creemos en Dios, así intentaremos que vean a Jesús en nuestro modo de ser y estar, así los ayudaremos a llegar a Él y a sentirse Iglesia. “Si los queremos y les acogemos tal y como son”, ya tendremos parte del camino realizado. En las aulas, en los pasillos, en las redes están gritando: “¡quiéreme!”. Se sienten juzgados y etiquetados continuamente en la sociedad, seamos ese lugar donde caben todos, donde hay diversidad, donde hay caminos diferentes pero un horizonte común. Me encantaría ver como son protagonistas de un cambio en la Iglesia, de una renovación. Quisiera ver como asumen roles o lideran la pastoral más allá del colegio. Sueño con jóvenes dispuestos a cambiar el mundo, que vivan como Jesús, amando hasta el extremo.

¿Qué significan en tu vida palabras como: solidaridad, amor, soledad, oración, amistad?

Quisiera empezar hablando de la oración, pues es la que me permite vivir todas las demás dimensiones de mi vida con la hondura que cada una de ellas implica. La oración es la experiencia de vivir reconociendo el paso de Dios por mi vida, saber que cada día sale a mi encuentro, hace que me diga a mí misma: “¡no te lo puedes perder!”. No te puedes perder todo lo que quiere regalarte y todo lo que quiere hacer en ti. Esto es lo que me mueve a levantarme cada mañana y a dedicar el primer rato del día a la oración. Siento que tengo mucho que agradecer, pero también me siento pequeña y frágil, y sé que necesito ese tiempo exclusivo con Él, para que vaya trabajando con mi barro para ser cada vez más como Jesús. Pero Dios me acompaña y sale a mi encuentro en todo lo que vivo, y por eso he de decir que experimento como esta oración me acompaña esté donde esté; cualquier rostro o situación me abren la puerta para experimentar la presencia de Dios.

Creo que el amor es el motor de la persona, es lo que hace que quiera vivir, luchar, confiar y soñar. Es la necesidad más honda de toda persona humana. En mi vida, cuando pienso en el amor, lo primero que me viene a la cabeza son mis padres. Una vida entregada día tras día por y para cuidarme. Ellos han sido el primer lugar donde he podido reconocer y experimentar el amor, ellos han sido el espejo del amor de Dios para mí. Ahora solo me brota el agradecimiento, he recibido tanto… que solo deseo poder yo también amar así, sin límites a quien me encuentre en el camino.

La amistad es uno de los tesoros más valiosos de la vida. Necesitamos compañeros de camino con los que compartir lo que somos y vivimos. Desde muy pequeños aprendemos que la amistad no es fácil y que las relaciones son complejas, por eso me atrevería a decir que la amistad para mí ha sido una escuela, un lugar donde aprender a perdonar, a confiar, a dar sin esperar, a ser tú misma, a compartir tus dones. La amistad para mí es regalo, es presencia de Dios en mi vida.

Ahora hablaré de la soledad es algo que late con fuerza en nuestra sociedad, se ha colado en el sofá de las casas, en los hospitales, en los pasillos de una residencia. El sinfín de comodidades que tenemos ha hecho que el otro sea un estorbo en mi vida, y que la soledad genere ansiedad y sin sentido en la vida de muchas personas. Sin embargo, la soledad tiene otra vertiente. En mi vida hay soledad, sí, pero una soledad habitada. Claro que podría decir que tengo muchos momentos que los paso “sola” pero no me siento sola. Es un proceso, y se trata de dejar que Dios llene todos esos espacios de tu vida, que el corazón se llene de nombres y rostros. Es una soledad en la que he descubierto un latido constante: “yo estoy contigo, no tengas miedo”.

Y por último, para hablar de solidaridad, yo utilizaría el término entrega. En mi vida la solidaridad va vinculada a la entrega. Siento que no puedo percibir una necesidad y no hacer nada. La solidaridad o la entrega es lo que me permite salir de mí y llevarme al encuentro del otro. Es lo que me saca de mi zona de confort para dar, para servir. Creo que es lo que caracteriza mi misión, mi deseo de entrega, de hacerme pan que se parte y reparte.