¿QUÉ NOS HACE SIGNIFICATIVOS?

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Durante el periodo post-conciliar hemos vivido en la vida consagrada diferentes procesos congregacionales de refundación carismática tratando de responder a los signos de los tiempos, a la reflexión eclesial y a las demandas de la misión. Todos los caminos emprendidos en nuestros Institutos y Congregaciones tenían un solo objetivo: ser significativos desde el punto de vista evangélico y carismático para el anuncio creíble de la Buena Noticia liberadora del Cristo para los hombres y mujeres de hoy. No me cabe duda de que hemos acometido esta tarea con empeño y con gran sentido de la responsabilidad en estas últimas décadas. Nuestros Capítulos Generales, el magisterio y las opciones congregacionales así lo indican. Podemos decir que, en la mayoría de los casos, la relectura carismática de la identidad se ha concluido. Pero estoy seguro de que su traducción concreta sigue en marcha. Los nuevos contextos en los que vivimos, los desafíos culturales ente los que nos situamos y las dificultades al interno de la propia vida consagrada nos reclaman seguir buscando caminos de renovación y de crecimiento que hagan significativas nuestra vida y nuestra misión.
Para muchos, la vida consagrada ha dejado de ser significativa. También para algunos consagrados que se encuentran confusos ante la situación de crisis que parecen vivir nuestras instituciones y ante la aparente esterilidad de muchas de nuestras comunidades. La secularización parece haberse infiltrado en los muros del convento y nos afecta el mundo que nos rodea hasta el punto de colarse en nuestras comunidades estilos de vivir que nos alejan de la propuesta que un día nos sedujo y que nos condujo a seguir al Maestro con radicalidad entregando la vida entera. La mediocridad acaba con la profecía y la mímesis termina por hacer desaparecer la mística con la que emprendimos este viaje de pasión y autenticidad.
Ante la realidad que podamos estar viviendo, hay que cambiar de estrategia. Lo decisivo en este momento no son planificaciones y objetivos. Lo verdaderamente importante está en recuperar y actuar nuestra identidad de consagrados por Dios al servicio del Reino.
¿Qué nos hace significativos? Encontrarnos a nosotros mismos como personas integradas que viven un proyecto de vida unitario; centrar nuestra vida en Dios, el único Absoluto, que nos invita a seguir a su Hijo desde la entrega de la vida por amor; vivir la profecía de la comunión desde una fraternidad palpable y terapéutica; redescubrir la misión como nuestro Sinaí, el lugar del encuentro cara a cara con Dios, más allá de gustos, afectos o compensaciones