INAUGURACIÓN DE CURSO EN EL ITVR

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"Estamos llamados a vivir la espiritualidad del resto, de la pequeñez,

que no es sinónimo de insignificancia o desperdicio"

Se acaba de inaugurar el curso. El ITVR es un signo de la tensión de la vida religiosa por mantener viva la llama de un servicio posconciliar al mundo desde la Iglesia. Han pasado 40 años desde que inició su andadura. Desde entonces muchas generaciones de religiosos y religiosas se han formado en sus aulas, los mismos consagrados que están irradiando un tono de esperanza en los cinco continentes, confiados en quien es el protagonista de todas las formas de vida: el Espíritu Santo.

Aquilino Bocos, del Consejo de Dirección de VIDA RELIGIOSA, y testigo directo del Instituto de Vida Religiosa desde sus orígenes pronunció la lección inaugural 2011-2012, que ofrecemos:


EL INSTITUTO DE VIDA RELIGIOSA DE MADRID
CUARENTA AÑOS DE SERVICIO A LA VIDA CONSAGRADA
(1971-2011)

CUARENTA AÑOS

El Instituto Teológico de Vida Religiosa de Madrid cumple cuarenta años. No son muchos, ni son pocos para una institución académica y de servicio de animación de la vida consagrada. No son muchos si se piensa en el arco histórico de la vida consagrada en la Iglesia con tantos siglos de existencia. No son pocos si se miran las cuatro décadas vividas, tan intensamente, en proceso de renovación postconciliar.

Cumplir cuarenta años, tanto en las personas como en la instituciones, es un momento especial que indica el grado de madurez adquirido por la integración, la armonía y la proyección de su propia vida. Es un hito desde el que se puede examinar la trayectoria seguida, por qué se ha hecho lo realizado, cómo se han resuelto las dificultades y cómo se ha ido haciendo frente al futuro. A medida que pasan los años las instituciones, como las personas, sienten mayor seguridad, mayor alivio y hacen más consistente su creatividad. Más serena sale el agua cuanto más hondo es el pozo, decía una canción castellana.

El grano de mostaza y la levadura en la masa son las parábolas adecuadas para definir los inicios de esta modesta institución académica que surgía en la primavera del postconcilio como verdadero regalo del Espíritu a la Iglesia y, de una manera más directa, a la vida religiosa. Surgió como semilla que espera ofrecer nueva vida, en respuesta a la necesidad sentida de reflexionar de forma sistemática sobre la identidad y misión de la vida consagrada. Dio sus primeros pasos con mucha ilusión y no pocos apuros. Sus primeros apoyos fueron la Congregación Claretiana, representada en los Superiores Mayores de las Provincias de Iberia, y la Conferencia Episcopal Española que le dio cabida como Sección de la Facultad de Teología de su Universidad Pontificia de Salamanca.

Ahora, al cumplirse los cuarenta años de su fundación, a cuantos hemos estado vinculados a él, nos inundan sentimientos de gratitud al Espíritu Santo y a todas las familias religiosas que han creído en esta obra y la han robustecido con múltiples formas de adhesión y participación. ¿Qué hubiera sido de este Centro de estudios si no hubiera sido acogido y empujado por vuestras Órdenes y Congregaciones y por la Universidad del Episcopado Español? Especial gratitud merecen los profesores y profesoras de otros Institutos que han sido y están siendo un ejemplo de colaboración intercongregacional.

La vida consagrada en la que nació el Instituto era muy distinta de la que hoy vivimos. Hemos tenido que superar grandes crisis: de identidad, de pertenencia y de disponibilidad. Hoy somos numéricamente menos. La media edad ha crecido en Europa. Pero la vida religiosa se ha hecho más presente en otros continentes y ha fructificado en ellos, como lo muestran los rostros de los actuales alumnos. No ha perdido su fuerza transformadora en la sociedad. Con su presencia y servicio busca una humanidad más fraterna y solidaria. Podemos seguir exclamando con Santa Teresa: “¿Qué sería del mundo sin los religiosos?”

Os invito a reflexionar sobre la situación en la que nos encontramos y desde ella comprenderemos el aporte que ha venido haciendo esta Sección de la Facultad de Teología y las obras vinculadas a la misma, como son la Escuela “Regina Apostolorum”, la revista “Vida Religiosa” y “Publicaciones Claretianas”.

LA PARÁBOLA DE LA VIDA CONSAGRADA

1. Un punto de referencia

En el libro: “Un relato del Espíritu. La vida consagrada postconciliar” (Publicaciones Claretianas, Madrid, 2011) he intentado describir la trayectoria seguida por la vida consagrada y su momento actual. Es una narración de hechos sucesivos; un relato y no una argumentación apodíctica. Parto de la firme convicción de que el Espíritu Santo, que es Señor y dador de vida, ha sido y está siendo el protagonista de la renovación eclesial y de la vida religiosa. Los religiosos hemos asumido como guía el Magisterio de la Iglesia, quien nos ha impulsado a discernir los signos de los tiempos y a asumir opciones de gran trascendencia: como la opción por los pobres, la opción por la “missio ad gentes” y la opción por la fraternidad universal. Las actitudes mantenidas han sido la búsqueda, la conversión, el discernimiento, el diálogo, la participación y la corresponsabilidad. Hemos aprendido de las experiencias a valorar la luz del amanecer, del mediodía y del crepúsculo. Quienes, por vocación, estamos ávidos de visión, llegar al crepúsculo no es una tragedia. “La noche es el prólogo de la aurora”. Esta luz está ya ahí y sólo es necesario que la tierra, y no el sol, su fuente, gire levemente para que aparezca” (María Zambrano).

La vida religiosa tiene una historia multisecular y está curada ante los vaivenes del tiempo. Como lo hace el pájaro solitario de S. Juan de la Cruz. Le basta subirse a la rama más alta y poner el pico al aire del Espíritu que es quien, en cada época, inspira el modo de representar la vida de Jesús de Nazaret y de anunciar el Reino de Dios.

En este libro no aparecen estadísticas y la razón es porque no son los números el índice fiable de la calidad de la vida cristiana ni de la vida religiosa. “Nunca más quiso decir mejores”. No me fijo en las estructuras, que se suelen evocar como signo de poder, prestigio y bienestar. Tampoco hago recuento de las actividades y servicios que prestan los religiosos. Para entender bien la vida consagrada hay que adentrarse en ella y dejarse contagiar por cuanto comporta de mistérico, profético, escatológico y misionero.

La vida religiosa es un milagro. Un milagro existencial, un milagro viviente. Por eso, es profecía en acción. ¿Qué razonamiento la puede explicar? ¿Cómo se la puede legitimar desde el esfuerzo humano? No son, pues, las leyes naturales, sino su origen divino el que da explicación de este hecho, que contrasta con la forma de pensar y de actuar de los hombres de nuestro mundo secular. En la solemne oración consecratoria de las vírgenes cristianas se explica así:

“Mira, Señor, a estas hijas tuyas que poniendo en tu mano su deseo de continencia, te ofrecen aquella virginidad que tú mismo les hiciste desear. ¿Cómo, Señor, un alma que vive aún en carne mortal, podría dominar las leyes de la naturaleza, limitar la libertad de escoger lo que es lícito, elegir una vida no común, y vencer los estímulos de la edad, si tú, Señor, no enciendes en ella el amor a la virginidad, si tú no alimentas continuamente este deseo y no la fortaleces en su propósito?”

Cuando se pone la iniciativa divina, la gratuidad, como punto de mira en torno a la vida religiosa, se desarticulan los razonamientos en los que se apoyan quienes la minimizan, desvirtúan o desplazan.

2. Preguntas claves y puntos cardinales

A lo largo del proceso de renovación, los religiosos no han dejado de formularse preguntas radicales: ¿Sabemos quiénes somos y cuál es nuestra misión en estos momentos? ¿Merece la pena ser religiosos? ¿En qué fundar nuestra razón de ser en el Pueblo de Dios? ¿Hacia dónde nos lleva el Espíritu? ¿Cuál ha de ser la adecuada relación con el mundo? ¿Qué quiere Dios de nosotros? ¿Qué nos pide la Iglesia? ¿Qué es lo que podemos ofrecer a este nuestro mundo?

Puede ser que las respuestas no hayan sido siempre correctas, que el comportamiento haya sido, en algunos casos, deficiente; que hayamos cometido errores y torpezas. Pero los tropiezos, las caídas e, incluso, el abandono de algunos, no significa negar el camino y la fidelidad del resto, que, en este caso, ha sido la mayoría.

El proceso de renovación es toda una parábola en continuo diálogo de llamadas y respuestas, de interpelaciones y de compromisos. Todo él ha girado en torno a estos cuatro puntos cardinales:

1) La vuelta a los orígenes y la espiritualidad de la alianza. El enraizamiento en la vida trinitaria hizo pensar más en la iniciativa divina, la filiación, la fraternidad y la misión. En el retorno a las fuentes se ha destacado la renovación de la alianza, el seguimiento de Jesús, la escucha de la Palabra de Dios, la celebración del misterio Pascual y la liturgia, el aprecio de la presencia de María en la historia de la salvación, la sensibilidad manifestada a favor de las culturas y el compromiso con los más pobres y excluidos de la sociedad. Estos y otros aspectos han posibilitado una nueva comprensión de la vida consagrada y han animado a vivirla de forma más exigente, dinámica, complexiva e integradora.

2) El giro antropológico con especial acento en la mujer consagrada. Cuatro factores han contribuido a resaltar el valor de la persona: 1) el desarrollo de las ciencias humanas: antropología, psicología y sociología; 2) la comprensión teológica de la persona como imagen de la Trinidad; 3) el reconocimiento de las libertades y derechos de las personas, los pueblos, culturas y religiones; 4) la valoración de los géneros. Dentro de las grandes corrientes de pensamiento y de las influencia socio religiosas y culturales nos hemos ido encontrando con grandes cuestiones que han afectado de lleno a la vivencia de la consagración, de los votos, de la vida fraterna. Son iluminadores los estudios sobre la igualdad, la diferencia y la reciprocidad de los géneros. En la vida consagrada contamos hoy con muchas y ricas aportaciones en clave femenina. Las mujeres consagradas, con su dedicación sin límites y su alegría, son signo de la ternura de Dios hacia la humanidad.

3) El giro eclesiológico que evidenció cómo los consagrados están en el corazón de la Iglesia. La conciencia de ser Iglesia desde sus orígenes, y no una simple estructura institucional sobreañadida, ha estado bastante clara a lo largo de la historia. Sólo cuando el derecho ha prevalecido sobre la teología y se ha oscurecido ésta a favor de la institución y organización eclesial, se ha llegado a postergar la eclesialidad de la vida consagrada. Pensemos en el “duo genera cristianorum”, de Graciano, y sus largas consecuencias. Los consagrados saben que nacen en la Iglesia y para la Iglesia. No sólo tienen mayor conciencia de su pertenencia a la Iglesia, sino que ofrecen hechos de vida de su eclesialidad. Ahí están tantos hermanos y hermanas que viven gozosamente su vocación en las Iglesias particulares colaborando con los Pastores. Su testimonio de vida y su servicio son signos de eclesialidad. Unos desde la clausura, otros desde la vanguardia misionera y otros desde la serenidad y la paciencia en la enfermedad y la ancianidad.

4) El giro hacia la misión. Progresivamente la misión se ha convertido en el centro iluminador y dinamizador de todas las facetas de su vida: la espiritualidad, la formación, el gobierno, la economía, las actividades apostólicas. Hemos ido comprendiendo que la misión es la epifanía del misterio de amor, que es la vida de la Trinidad. La misión no sólo es acción, sino también pasión y se destacan como elementos esenciales la gratuidad, la acogida, la contemplación, la oración, el sufrimiento, la compasión, la liberación de lacras y esclavitudes y la promoción integral del hombre. La atención prestada a la misión ha suscitado apertura, nueva sensibilidad ante lo más urgente, desplazamientos ante las necesidades constatadas en otros continentes. La misión está aglutinando, en torno al carisma fundacional, a los laicos, con sus propios dones y responsabilidades en la transformación del mundo.

3. La vida consagrada desde un nuevo paradigma

Los avances de las ciencias humanas han aportado una nueva visión de la naturaleza (ecología), del pensamiento complejo y de la cultura de la relación. ¡Cuánto se ha hablado del cambio de época! Hoy es determinante el mundo de la comunicación. Vivimos en red. Nos han llevado a romper esquemas cerrados en torno a los espacios y lugares, a construir puentes y a atravesar fronteras. Sobre todo, nos han hecho revisar el modo de pensar: menos deductivo y lineal y más complexivo e integrativo. Al mismo tiempo nos hemos visto enriquecidos por las celebraciones de los Sínodos sobre los laicos, los sacerdotes, los religiosos y los obispos y de los Sínodos continentales. La eclesiología reafirmada por estos Sínodos ha abierto un nuevo paradigma para la comprensión de la vida consagrada.

No es fácil establecer su inicio, pues si apuramos mucho los términos, algunos aspectos se encuentran ya en los debates conciliares. Pero se puede apreciar que en los primeros veinte años de postconcilio los teólogos de la vida religiosa concentran su reflexión sobre consagración y carisma; seguimiento radical y profetismo; testimonio y servicio. Unos se fijaron en la especificidad de la vida consagrada mirando hacia dentro, otros en su inspiración bíblica y su puesto en la Iglesia y un tercer grupo subrayó la perspectiva histórica y el diálogo con la cultura para dar respuesta a los desafíos que se presentaban en los distintos contextos de pobreza. Cuesta hacer síntesis de la vida consagrada por los muchos elementos que hay que tener en cuenta. Asistimos a una pugna de acentos entre aspectos que, sin serlo, parecían antinomias. Por ejemplo: carisma-institución, encarnación-escatología, Iglesia universal-Iglesia particular, visible-invisible, autonomía-dependencia, acción-contemplación, vida espiritual-apostolado, libertad-ley, persona-comunidad, inserción-fuga mundi, etc.

Desde el Sínodo del 85, quienes escriben sobre la vida consagrada comienzan a compartir una constelación de conceptos, valores, percepciones y prácticas que conforman una particular visión de esta forma de vida en la Iglesia.
Por un lado, hay un contexto cultural marcado por la postmodernidad, que privilegia lo subjetivo, el fragmento, el pluralismo y lo particular. Irrumpe con fuerza todo lo que suene a globalización y mundialización. En los análisis sociológicos, la denominación “liquida” hace fortuna.

Por otro, en el ámbito teológico la eclesiología ofrecida por los Sínodos se despliega en torno al Misterio, la Comunión y la Misión. Esta eclesiología se halla enriquecida por la constante referencia a la Palabra de Dios, a la neumatología, a la cristología y a la escatología En todos ellos se favorece la correlación entre los carismas y ministerios y las distintas vocaciones o formas de vida en la Iglesia. Cada vez se ve más claro que edificamos la Iglesia aportando la diferencia de cada forma de vida. Por eso se insiste en la misión compartida con los laicos y con otros Institutos religiosos. Sobre todo, se aprecia ya que la identidad de la vida consagrada es abierta, dinámica y correlativa y se va reafirmando en la renovación de la nueva alianza.

Desde la confluencia de estos dos aspectos: cultural y teológico aflora la “ecología del espíritu”. La vida consagrada se nutre y aporta desde la espiritualidad de comunión orgánica, en la que tanto cuenta la interrelación y complementariedad con todos medios y todos los elementos diferenciales de género, cultura, etnia, lengua, pueblo, etc. El imperativo de Jesús “id y haced discípulos a todas las gentes” (Mt 28,19) resuena con mayor fuerza y dispone de nuevos medios para la comunicación del Evangelio. Siendo todos discípulos y misioneros, se reconoce que la vida religiosa es mayoritariamente femenina y laical. Se comprueba la fecundidad del carisma en las Iglesias particulares de distintas culturas. Son novedad los movimientos eclesiales y se fomenta la intercongregacionalidad. En la misión de la vida consagrada se privilegia el diálogo en sus distintas formas (de vida, intercultural e interreligioso) y la solidaridad. Es el tiempo de la armonía y de la belleza. Todos nos hallamos comprometidos en hacer de la Iglesia “la casa y la escuela de la comunión” Los hombres y mujeres, definidos por la tradición y, últimamente, recordados por Benedicto XVI, como los “buscadores de Dios”, se ven implicados, de otra manera, en la dinámica de la búsqueda, de la escucha y del discernimiento. Algunos Institutos están incluyendo los valores de este nuevo paradigma en sus Constituciones.

4. Por los frutos los conoceréis…

Probablemente nunca la vida consagrada había tenido a su favor dos aspectos de tanta trascendencia para el futuro: 1) La autocomprensión de su identidad y misión en la Iglesia y para el mundo y 2) La extensión misionera, ya que en estos momentos se halla presente en los cinco continentes. Pero también es verdad que la valoración de la vida consagrada no se reduce a su autocomprensión, por más lúcida que ésta sea, ni a su actividad apostólica. Las verdades teológicas se acreditan cuando se han convertido en itinerario espiritual y se traducen en comportamiento ético.

Las generaciones adultas o de tercera edad estamos acostumbrados a crecer, a expandirnos, a multiplicar servicios. Y llevamos muy mal las supresiones, las reducciones, las reestructuraciones. Necesitamos una cura de humildad y de abandono en las manos de Dios Padre.  Estamos llamados a vivir la espiritualidad del resto, de la pequeñez, que no es sinónimo de insignificancia o desperdicio. Pero a todos nos conviene abrir los ojos y admirar el vigor de lo pequeño y la densidad de la vida oculta.

Por otro lado, hay hechos de vida que desmienten a quienes creen que nos deshacemos en palabras y especulaciones. Quienes tengan experiencia en el gobierno y en la formación a nivel internacional pueden testimoniar que la vida consagrada también hoy es recia, coherente y comprometida. Hay hechos que revelan un alto grado de mística espiritual, de profunda oración, de comunión con Cristo y con la Iglesia, de generosa entrega a los más pobres, en definitiva de vida evangélica según las Bienaventuranzas. Son muchas las religiosas y religiosos que, como las gentes a las que sirven, padecen escasez de agua, no tienen luz, viven con lo más elemental y están contentos de hacerse presentes entre grupos humanos marginados por la sociedad del bienestar para revelar el amor que Dios les tiene. Por Jesucristo y el Reino que inauguró, ahora mismo hay misioneros presentes en zonas en las que se persiguen a los cristianos, en las que la injusticia social es palmaria, en las que se conculcan los derechos a la educación, a la salud y a la tierra. Estos son religiosos del postconcilio son los que se empeñan por hacer otro mundo más humano, más fraterno, más conforme al mensaje de Jesús.

Tras el Concilio, los religiosos y religiosas han adquirido y ejercido una mayor presencia en la vida pastoral de las iglesias locales. Participan en múltiples servicios, en la administración de sacramentos, en los centros de salud y enseñanza, en prestaciones de caridad. Continúan con su servicio en las Universidades, en las comunicaciones sociales y en otros ámbitos de cultura. Se han multiplicado los medios para fomentar la dimensión contemplativa de la vida consagrada. Han aumentado las casas de retiro y los espacios para compartir en fe la Palabra divina y para acompañar a personas que necesitan ser escuchadas.

La renovación postconciliar ha supuesto una recia fidelidad en medio de cambios culturales y religiosos muy profundos. No ha sido fácil mantener la lucidez, ejercer la libertad y confesar el Absoluto de Dios en Cristo desechando propuestas seductoras y atravesando con paso firme en medio de acontecimientos llenos de contradicciones. Acoger con fe la Palabra de Dios y aceptar como testigos contemporáneos a los fundadores ha implicado rechazar halagos, resistir en el sufrimiento y mirar hacia el futuro con esperanza. Una esperanza que no está fundada en la grandiosidad y magnificencia espectacular, sino en la fuerza del Evangelio. Si dejamos a las generaciones venideras un camino abierto en coherencia, habrá quien se apunte a seguirlo.

APORTACIÓN DE ESTE INSTITUTO A LA VIDA CONSAGRADA POSTCONCILIAR

En todo este proceso el Instituto ha estado presente de forma activa manifestando su fe y confianza en esta forma de vida cristiana. Ha sido testigo y animador de los procesos seguidos en la renovación por muchas Órdenes, Congregaciones e Institutos seculares. Ha conservado el fuego, ha avivado la llama y ha encendido en muchos consagrados la caridad apostólica. Ha promovido con insistencia la comunión eclesial y ha apoyado con verdadero tesón la misión de los consagrados en la Iglesia y en la sociedad. En todo momento ha encarado el futuro aportando inspiración bíblica y carismática, memoria histórica, reflexión teológica, asesoramiento, orientación y acompañamiento en los momentos de expansión y de reestructuración por disminución. Antes, cuando éramos muchos y ahora que somos menos.

Servicio académico y formación

El Instituto de vida religiosa a lo largo de los cuarenta años ha mantenido un símbolo: La casita con una cruz. Ha querido ser casa de acogida, espacio de encuentro, lugar de discernimiento, hogar familiar, escuela de discípulos y seguidores de Jesús, taller de formadores, comunidad para todos y apoyo en la misión.

Muchas otras imágenes pueden describir el servicio del Instituto a la vida consagrada. Toda ellas hablarían de luz, de orientación, de visión y de desvivirse para que otros crezcan y se multipliquen. Quizá la más adecuadas sean las de observatorio, laboratorio y relanzamiento. No ha prestado su servicio en solitario, sino en comunión de esfuerzo con los Pastores, con las Vicarias para la vida consagrada, con la CIVCSV, con otras instituciones como USG, UISG, CONFER, FERE y FERS, CLAR, etc. El objetivo era claro: hermosear la figura de la Iglesia.

La vida consagrada es una utopía en un mundo lleno de sorpresas, de nuevas iniciativas, de frenos y desafíos. Es un mérito de este Instituto haber estado despierto, vigilante, subido a la atalaya y observar lo que ha ido sucediendo a su alrededor. Ha sabido sortear las consecuencias de la racionalización y del secularismo. Ha sabido estar en el esclarecimiento de los puntos nucleares de la vida religiosa en los primeros veinte años de postconcilio y en la andadura de nuevo paradigma abierto posteriormente.

A este Instituto, sea directamente o a través de la Escuela “Regina Apostolorum”, de la revista “Vida Religiosa” y de Publicaciones Claretianas, llegan informaciones, noticias de acontecimientos, de situaciones de la vida de los Institutos de todo el mundo. Esto le obliga a estar en observación constante; a la vez, se ve obligado a estudiar, a discernir y a ofrecer respuestas.

Lo primero que cabe destacar en el servicio es su actividad académica siguiendo las pautas de sus Estatutos universitarios. Los profesores han investigado en las distintas áreas de sus materias, han reflexionado, han impartido sus lecciones, han acompañado a los alumnos y han expresado su pensamiento propio en sus escritos.

Unos datos de la década 1999-2010. Los alumnos oficiales matriculados en el bienio de licencia fueron 335. Para cursos especiales 331. Las personas que han participado en actividades del Instituto, en Madrid, durante estos diez años han sido 15.250. En este mismo periodo, la Escuela “Regina Apostolorum”, vinculada al Instituto, tuvo 6.054 religiosos y religiosas como participantes en sus actividades. El alumnado y los que participan en las diversas actividades proceden de distintos continentes y pertenecen a diversos institutos de vida consagrada.

Son muchos los religiosos y religiosas que asisten a las conferencias de los Profesores en los distintos continentes. Su radio de acción es muy amplio. Imparten cursos y conferencias colaborando con otros Centros universitarios para la vida religiosa (Claretianum de Roma e ICLA de Manila) y con Conferencias de Religiosos.

Servicio de animación y asesoramiento y publicaciones

Servicio complementario a la docencia es el de la animación espiritual personal y comunitaria promoviendo la respuesta generosa en el seguimiento de Jesús, según el programa de las Bienaventuranzas. También el asesoramiento en Capítulos Generales y Provinciales, Cursos de superiores y formadores, cursos de novicios y de formación permanente, ayuda en la elaboración de Constituciones y Proyectos de vida y misión. Algunos de los profesores han realizado una valiosa ayuda psicológica (Gabinete Psicológo), espiritual y canónica.

Otra de las ocupaciones de este Instituto es asesorar a la revista “Vida Religiosa” que publica todos los años 1000 páginas. Las diversas secciones de retiros, selección de experiencias, comentarios, reflexiones sobre temas de actualidad y, de modo especial, los números monográficos sobre temas de especial interés para la formación permanente, tienen un buen apoyo en los profesores y profesoras del Instituto.

Con el fin de ofrecer impresas sus obras, el Instituto se constituyó en editorial. En 1973 comienza a llamarse Publicaciones Claretianas. Enseguida se abrió a la colaboración de autores que deseaban publicar sus libros. Hay un catálogo está a disposición de los lectores. Algunas de estas obras han sido fundamentales para concordar un modo de entender y explicar los orígenes, la identidad y la misión de la vida consagrada en la Iglesia y en el mundo actual. Son obras que han abierto camino a la reflexión continua, a encarar los desafíos y a reforzar la esperanza.

Es fácil observar que el Instituto, a partir de los Sínodos de las vocaciones, dentro de ese nuevo paradigma que se abre para la comprensión de la vida consagrada, publica obras de suma importancia, como Preguntas sobre la vida consagrada, el Suplemento del Diccionario de vida consagrada, los tres volúmenes sobre la Teología de las Formas de vida consagrada (J.C. R. García Paredes), las actas del Congreso de Roma: Pasión por Cristo, pasión por la humanidad, las Semanas nacionales y los Simposios del Instituto.

HAY FUTURO

El Instituto sigue estando vivo con su inequívoca vocación de Iglesia y con las convicciones de fondo que le pusieron en acción. En la presentación de la Guía docente del Master-Licenciatura en Teología de la Vida Religiosa se sigue afirmando:

“Desde su fundación, lleva a cabo un estudio riguroso sobre: 1) la inspiración bíblica de la vida consagrada; 2) la historia de sus formas; 3) los núcleos teológico-sistemáticos de su misión e identidad carismática en el conjunto de otras formas de vida y ministerio en la Iglesia; 4) los aspectos prácticos y existenciales que la caracterizan en este tiempo de cambio y de interrelación.

El Instituto Teológico acompaña el proceso de renovación y adaptación de la vida consagrada desde la referencia permanente a la eclesiología de comunión y de misión, al diálogo interconfesional, interreligioso e intercultural y a la opción por los pobres y excluidos. Ofrece una visión inclusiva y católica de la realidad, siempre atenta a los desafíos emergentes y a la globalidad de la vida consagrada en los diversos continentes y contextos. Sus estudios se sitúan, junto con la UPSA, dentro del Espacio Europeo de Educación Superior (Plan Bolonia)”.

Cuando un Instituto tiene un programa tan definido y cuenta con los medios para llevarlo hacia delante, quiere decir mucho a favor de su validez, su legitimidad y acreditación. Y así lo ha verificado la Comisión de evaluación de la Universidad Pontificia de Salamanca al final del curso pasado. Empezamos, pues, este curso con renovada esperanza de formar una comunidad que, por el estudio y la convivencia, intenta ser confesión de la Trinidad, signo de fraternidad y servicio de caridad.