ESPIRITUALIDAD SÍ, ESPIRITUALISMOS NO

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(Xiskya Valladares). El espiritualismo es más una pretensión. La espiritualidad es más una vida. La adoración, la celebración, la oración, el ayuno, la meditación, la soledad, el estudio, la auto negación, la vida sencilla, el servicio, la castidad, el sacrificio, la confesión, la frugalidad, la comunión, y el silencio, cuando se quedan en una simple emoción o en una vacía rutina, son solo espiritualismo, de nada sirven. La espiritualidad cristiana es una vida unida a Cristo en la que la persona va adquiriendo cada vez más el estilo de Jesús. Por eso, no se puede imponer, ni se puede reducir a disciplinas espirituales como las mencionadas.

Cada persona tiene su propia llamada, momentos y ritmo. Pero no nos engañemos. Sería del todo incoherente pasarnos media hora de adoración ante el Santísimo y vivir después despreocupados de los dolores, necesidades e injusticias de este mundo. Como lo sería estar preocupados por esto y pasar de las necesidades de los hermanos y hermanas con quienes convivimos. El espiritualismo se reduce a prácticas concretas que emocionan momentáneamente, pero no dejan en nosotros el estilo de Jesús. La espiritualidad cristiana siempre se encarna, sana incluso nuestras heridas emocionales más profundas, nos equilibra, nos hace personas serenas con los valores del Evangelio. Y esto no significa que desechemos la emoción, al contrario, la integra. Pero la emoción es una respuesta fisiológica, y la vida cristiana es una experiencia en el Espíritu de Dios.

Para vivir la espiritualidad cristiana necesitamos ser muy honestos con nosotros mismos: ¿Qué te da miedo? ¿Cuáles son tus inquietudes a un nivel profundo? Este mundo de estrés, de euforias, de altibajos, necesita religiosos que aporten sentido, autenticidad, profundidad, equilibrio y serenidad. Más que rezar, se trata de cotejar la propia vida con la de Cristo. Más que sacrificarse, se trata de querernos. Más que ayunar, se trata de tomar conciencia de los desfavorecidos y desprotegidos de este mundo. No son actos, sino actitudes. No son emociones sino motivaciones. No es flotar en las nubes, sino pisar firme la tierra con el estilo de Jesús.