Con lo que me quedo de la JMJ

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Ahora que ya he podido dejar algo del cansancio acumulado de estos días de multitudes por Madrid y tengo algo de tiempo para recoger y repasar lo vivido, prefiero dejar a un lado la ambigüedad de mucho de lo visto y oído y quedarme con lo que resulta valioso para mí.

Me quedo con la multitud de voluntarios y voluntarias que han dado el callo, que han trabajado muy duro, con buen talante, en actitud de servicio y sin aspavientos. Hay mucha gente anónima que ha puesto mucho de sí al servicio de otros durante mucho tiempo y que, pese al cansancio y agobio de quienes pedían más de lo que ellos podían dar, han mantenido una sonrisa y buscaban hacer fácil lo que a veces resultaba difícil. Ellos y ellas han entendido que el primero entre nosotros no es el que más planos de cámara ocupa, sino el que es esclavo de todos, porque no ha venido a ser servido sino a servir.

Me quedo también con toda esa gente a la que se le ha regalado apostar por la comunión por encima todo. Son las personas que han entendido que de esta Iglesia nuestra, casta y meretriz, recibimos más de lo que jamás podremos dar. Aquellos y aquellas que crean puentes que unen, que saben que somos de Cristo (y de nadie más… tampoco del Papa) que asumió la ley de la Encarnación que hemos de vivir también sus seguidores. Entender esto “desde dentro”, vivir la comunión y mantener el espíritu crítico es regalo y no “deducción lógica”.

Me quedo con la ilusión de muchos jóvenes, con los ratos de oración, con los encuentros inesperados con personas que me importan, con la oportunidad de poder servir…

Y tú ¿con qué te quedas?