Con Cristo, hacia la Pascua:

Caminamos con Cristo hacia su Pascua, que es también la nuestra.

Celebrado ya el misterio de su tentación en nuestra carne y de nuestra victoria en la suya, hemos contemplado ya la luz de su cuerpo resucitado, la que, en esperanza, es la luz de nuestra resurrección.

Hoy, la palabra proclamada nos acerca al misterio del bautismo que hemos recibido y de la eucaristía que celebramos, sacramentos en los que el sediento se encuentra con la fuente del agua viva, el pecador se encuentra con la gracia que lo salva, el creyente se encuentra con Cristo Jesús.

Considera la palabra profética: “Allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo”. Tú sabes que esta agua no es don de la piedra ni del cayado con que la golpean, sino del que está “sobre la Peña, en Horeb”. Y sabes también que esa agua, con la que Dios apaga la sed de su pueblo, es la voz del Señor, es la Ley santa que sale de la boca de Dios, es la Palabra que el pueblo ha de seguir para vivir.

Escucha ahora la palabra evangélica: “Jesús, agotado del camino, se sentó sin más sobre el pozo”. Cuando la samaritana, el Israel sediento, acude al pozo en busca de agua para beber, allí sobre el pozo está él, su Señor, su Dios, para ofrecerle, no ya el agua de la vieja Ley, sino el agua del Espíritu nuevo.

Entonces, la mujer será invitada a creer en el don de Dios, en aquel que le pide a ella de beber, en el que un día, desde la cruz, gritará glorificado: “Tengo sed”. Ahora desde el pozo, “agotado del camino”, Jesús le dice: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú a él, y él te daría agua viva”.

Mira a Jesús en la cruz. Ha sido levantado en alto para que, viéndolo, creas, y creyendo, tengas vida eterna. Míralo, y reconoce entregado allí “el don de Dios”. Mira al que te pide de beber. Mira y pídele tú a él, y él te dará agua viva, un manantial de agua que salta hasta la vida eterna.

Te preguntas, Iglesia samaritana, cómo puedes hoy mirar a Cristo y pedirle el agua viva, cómo puedes encontrar ahora al que fue levantado en la cruz, cómo puedes beber hoy del que fue glorificado en otro tiempo. Y tu fe te responde que lo has encontrado en tu bautismo, pues fuiste bautizada en Cristo; y que hoy lo vuelves a encontrar en la eucaristía que celebras, pues el mismo que se reveló a la mujer de Samaria junto al pozo de Jacob, se te manifiesta a ti en los sacramentos pascuales que te dejó en herencia.

No olvides que beber es escuchar, es creer, es acoger el Espíritu de Jesús, es comulgar con Cristo Jesús.

Miraste, creíste, pediste y bebiste en el bautismo con que fuiste bautizada.

Miras, crees, pides y bebes en la eucaristía que celebras: “Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos”.

Por Cristo hemos bebido un agua que salta hasta la vida eterna.

Feliz domingo.

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