Para los pobres, tú eres el evangelio y la navidad

Cada domingo, guiados por la palabra de Dios, nos adentramos en el misterio que se celebra.

Desde la palabra que escuchamos, vislumbramos la salvación que se nos ofrece.

Nuestra celebración de hoy se abre con un imperativo de alegría: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca”. Y se cerrará con un imperativo de fortaleza: “Decid a los cobardes de corazón: Sed fuertes, no temáis. Mirad a nuestro Dios que viene a salvarnos”.

Entenderás, Iglesia en adviento, que la fortaleza con que terminas tu eucaristía, es inseparable del gozo con que la empiezas y la vives, y que ese gozo tuyo de hoy es el mismo que experimentaron en su día un profeta ungido para llevar la buena noticia a los que sufren, y la esclava del Señor, la mujer escogida para ser madre del salvador, la humillada por la que hizo obras grandes el Poderoso, cuyo nombre es santo.

El vocabulario de la alegría se desborda por los textos de tu domingo: “Desbordo de gozo con el Señor, me alegro con mi Dios… Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador… Estad siempre alegres”.

Es vocabulario de fiesta, y al gozo le hacen cortejo los demás elementos que hacen verdadera una fiesta: Un traje de gala, un manto de triunfo, corona de novio, joyas de novia… Brotarán la justicia y los himnos ante todos los pueblos.

Alegría y fiesta son del profeta y de la esclava del Señor; lo son de aquel que en el profeta estaba prefigurado, el que nació de la fe de la esclava del Señor; y son tuyas, Iglesia cuerpo de Cristo, pues de ti se dice hoy con verdad lo que en su día, con verdad, se dijo de ellos.

El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido”: lo anunció el profeta, lo experimentó María, se cumplió en Jesús, y se ha de cumplir en ti.

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí”: lo dijo la madre de Jesús, lo dice con ella Jesús, y como ellos lo dices tú.

Me ha enviado para anunciar el evangelio a los pobres”: lo dice Jesús, y sabes que es verdad también si lo dices tú, que eres su cuerpo, que, en esta hora del mundo, eres el corazón con que él ama, la mirada con que él se compadece, las manos con que él trabaja, sana y consuela.

Tú eres hoy el evangelio para los pobres, tú eres su navidad.

Los pobres sabrán que el Señor está cerca de ellos si te encuentran cerca de su necesidad.

Si el Espíritu de Jesús te unge y te envía, aunque los pobres no sepan quién eres,  sabrán que está cerca de ellos el evangelio con el que Dios te ha enviado a su encuentro.

Si vendas corazones desgarrados, si proclamas la amnistía a los cautivos, si proclamas la libertad a los prisioneros, si proclamas el año de gracia del Señor, aunque no sepan quién eres, para todos ellos habrá navidad.

Un día sabrán que en ti, el Señor su Dios ha venido hasta ellos, los ha visitado y los ha salvado.

Aquel día dirán: no lo conocíamos, pero él estaba en medio de nosotros… y empezarán a contar los hechos del cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario