Compasión y fiesta:

Ésa es la realidad: nuestra comunidad está formada por hombres y mujeres que han conocido el peso del pecado, han experimentado el gozo del perdón de Dios, y se han visto libres como el viento, porque Dios, su Dios, ha roto las cadenas de su deuda. Esta Iglesia es una comunidad de hombres y mujeres que bendicen al Señor y le dan gracias, porque se les manifestó como “Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad”. Esta Iglesia es una comunidad que ha reconocido tener con Dios una deuda impagable, y ha experimentado que el perdón de Dios lo cancela todo y lo cancela por nada.

Considera, Iglesia perdonada, lo que estás diciendo de tu Dios cuando confiesas su compasión y su misericordia, y reconoces que “él perdona todas tus culpas”. Tú dices, “él perdona”, y tu corazón entiende: “él cura, él rescata, él colma de gracia y de ternura”.

Déjate guiar por el salmista, y admira con él la obra de tu Dios: “Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta la bondad de Dios sobre sus fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos”.

Y cuando el salmista haya terminado su canto, cuando hayas agotado con él la alegría y la danza de su fiesta, invítalo a la tuya, pues tú has conocido prodigios que él no ha podido admirar, tú has experimentado maravillas que él ni siquiera pudo soñar: Tú has conocido a Jesús, perdón de Dios, gracia de Dios, ternura de Dios derramada sobre la vida de sus hijos; has visto que curaba enfermos, expulsaba demonios, perdonaba pecados y comía con pecadores; tú has conocido a Jesús, bondad de Dios revelada a los pobres, luz de Dios para los ciegos, compasión de Dios para todos los que sufren. Tú, que has conocido a Jesús, explícale al salmista qué significan para ti las palabras de su salmo: “Él rescata tu vida de la fosa”; tendrás que hablarle de tu Señor crucificado, de su amor y de su entrega, de su muerte y de su resurrección; tendrás que hablarle de dolor y gozo, amargura y dulzura, lágrimas y fiesta: dolor, amargura y lágrimas por tu deuda verdadera; gozo, dulzura y fiesta porque tu Dios es compasivo y misericordioso.

No pienses, sin embargo, que tu alegría y tu danza nacen sólo del recuerdo de hechos que pertenecen al pasado de tus hijos. Alégrate y danza por lo que tú misma has experimentado, porque en estos hijos tuyos reunidos hoy en asamblea festiva, fuiste perdonada, agraciada, iluminada, bendecida, santificada con las aguas del bautismo, fuiste ungida de alegría con el Espíritu Santo que se te ha dado, fuiste acogida setenta veces siete en la casa de la misericordia, en el sacramento de la reconciliación. Alégrate y danza, comunidad eclesial, porque hoy has escuchado la palabra de tu Señor, hoy viene a ti el que te ama y te perdona, hoy está contigo el que te rescata y te colma de gracia y de ternura, hoy comulgas con la vida de tu Dios y con su gloria.

Esta fiesta tuya, destinada a durar en el tiempo hasta la eternidad, esta fiesta inesperada para quien, por sus deudas, sólo tenía un destino de oscuridad y esclavitud, esta fiesta que alcanza con su alegría a tus íntimos y a tus compañeros, ésta es una fiesta que sólo tú puedes interrumpir y transformar en desdicha y luto, y lo harás si niegas a tu hermano el perdón que él necesita recibir de ti. Serás perdonada si perdonas; serás curada si curas; serás rescatada si rescatas; serás colmada de gracia y de ternura si buscas a los pobres para compartir con ellos el pan de tu alegría y la alegría de tu pan.

Dios, rico en clemencia, te hace pasar de las tinieblas a la luz, de la tristeza al gozo, de la esclavitud a la libertad, del luto al día de fiesta. Un corazón cerrado a la compasión y a la misericordia transforma la luz en tinieblas, el gozo en tristeza, la libertad en esclavitud y la fiesta en día de luto. Feliz domingo, Iglesia que Dios ama y perdona.

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