San José, Espíritu Santo y discernimiento

Es verdad que la Escritura, cuando es proclamada, adquiere unas resonancias distintas a cuando es leída. Parece que llega a nuestra vida de manera distinta, o al menos eso me ha sucedido esta mañana. He leído y escuchado mil veces la lectura de Mateo que le da a José protagonismo, pero hoy me sonaba con fuerza el anuncio que recibe:

“José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo(Mt 1,20).

Lo más habitual es pensar que, con esta frase, al pobre José le están aliviando la duda sobre la fidelidad o no de María. Pero eso no me encaja demasiado con la descripción que el propio evangelista hace de este hombre como alguien justo (Mt 1,19). En la Escritura este adjetivo describe a quienes se ocupan y se preocupan por hacer en sus vidas el sueño divino para ellos. En cambio esta definición sí que concuerda con la duda que a todos nos ha asaltado alguna vez sobre si estamos o no haciendo lo que Dios quiere.

Esta mañana me imaginaba a José como yo muchas veces: en búsqueda y sin respuestas claras a la pregunta por la voluntad del Señor para mí aquí y ahora. Me encanta descubrirle tanteando respuestas, atento a esos signos, pequeños como un sueño, que hacen fuerte la certeza nunca segura de que algo sea “del Espíritu Santo”. Que Aquél que cuidó y acompañó a Jesús en su infancia nos enseñe también a nosotros ese olfato especial para reconocer las cosas de Dios y, de ese modo, podamos también cuidar y acompañar a quienes entran a formar parte de nuestra vida.

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