De planes y sus rupturas.

Hay momentos en la vida en los que parece que todo se junta justo cuando peor te viene o, al menos, cuando menos “pensado” lo tenías. Eso me ha pasado a mí: justo cuando más apretada tenía la agenda una “visita urgente” al dentista (médico que, como a media humanidad, me da yu-yu)… y sin solución de continuidad.

No creo ser rara en esto de que los cambios repentinos de planes me “descoloquen”. Me gusta organizar el tiempo que tengo, prever lo que va a suceder y, a ser posible, moverme en la seguridad de lo conocido.

Pero, por más que me guste la seguridad, cada vez tengo más claro que Dios es un especialista en abrirse huecos en nuestras organizaciones y planes y que es de sabios saber acoger lo incierto, adaptarse a los cambios y reconocer en los planes rotos algo de “divino”, algo de providente: las huellas de ese Dios que se empeña en rompernos nuestros planes… GRACIAS A DIOS!

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