De lo ordinario y lo extraordinario

En menos de dos días que he estado por Granada, tengo varias ideas que me dan vueltas y que posiblemente se terminarán convirtiendo, antes o después, en más de un post. Una de ellas es el tema de lo ordinario y lo extraordinario. Por pura casualidad coincidí con que, por otras circunstancias, muchas Hermanas mías se hospedaban también en la comunidad. Esto y el título de una tesis que se defendió durante el curso pasado en la Facultad de Teología de Granada y que hoy se recordaba en la memoria académica (“Transfigurar lo cotidiano”) me están haciendo pensar mucho en lo ordinario y lo extraordinario.

Ya sé que corro el riesgo de parecer “sosa” y “chapada a la antigua”, pero a veces tengo la sensación de que hay demasiadas personas que se desviven por escapar de lo cotidiano y buscar mil excusas para evitar el día a día de lo ordinario. Y no estoy haciendo con esto ningún análisis sociológico de “cómo está el mundo”, sino que se trata de una tendencia frecuente también entre quienes intentamos seguir a Jesús (y de esto tampoco se libra al vida religiosa).

Y yo, corriendo el riesgo de seguir pareciendo aburrida, estoy cada vez más convencida de que las cosas verdaderamente importantes nos las jugamos en la rutina, en lo que nunca contaríamos en nuestras biografías porque nos parece demasiado irrelevante. Tengo claro que la fraternidad más verdadera se fragua en el día a día, en los conflictos y las reconciliaciones, en los cansancios y descansos… y no en el hecho de que nos juntemos muchas y pretendamos hacer fiesta de cualquier cosa. Se trata, en realidad, de transfigurar lo cotidiano a golpe de Evangelio y reconocer el brillo de lo gris, la rutina habitada por una Presencia que es discreta y para la que hay que afinar muy bien los oídos del corazón para atisbar su rumor en medio de tanto ruido.

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Una respuesta a De lo ordinario y lo extraordinario

  1. Mª del mar dijo:

    En un curso reciente en el que estuve, escuché algo, que también me ronda estos días… «en lo cotidiano de la vida, nos jugamos el seguimiento de Jesucristo»…, no será entonces, que la vida diaria, es extraordinaria cuando la vivimos con sentido?

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