La llama vacilante

Confieso que cada año me emociona la imagen de cómo la fuerza del Cirio Pascual es capaz de iluminar un templo a oscuras, cómo la suma de pequeñas llamas refleja esa “fuerza de lo escondido” que no acabamos de creernos en lo cotidiano y cómo lo más importante de nuestra vida lo recibimos unos de otros en una “cadena contagiosa” capaz de encendernos por dentro.

En fin, que ese momento me gusta especialmente pero parece que en la parroquia han llegado también los recortes presupuestarios y anoche, en la Vigilia Pascual, me tocó una vela que debía estar viviendo su tercera o cuarta Vigilia. El caso es que, por más que lo intentaba no había forma de encenderla y, cuando conseguí que el trocito de mecha que tenía se prendiera con una minúscula llama… no llegó al pregón pascual. El caso es que estuve pensando que también ésta era una bonita imagen para empezar a celebrar al Resucitado, a Aquél que, según Isaías, “el pabilo vacilante no lo apagará” (Is 42,3). Mientras hacía equilibrios por intentar proteger mi llamita, pensaba en la cantidad de personas en las que tampoco acaba de prender la luz de la fe. El cuidado y el mimo por evitar que nada ajeno la apagara, los esfuerzos por conseguir rescatar un milímetro más de cabo, los repetidos intentos por volver a encenderla de nuevas formas sin darme por vencida… a algo así tendría que empujarnos la luz del Resucitado que vence toda noche y está deseando iluminar las vidas de todos y todas.

Como suele pasar con las cosas de Dios, la liturgia de la luz de ayer no fue como lo imaginaba… pero fue especial.

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Una respuesta a La llama vacilante

  1. Guadalupe dijo:

    Querida Ianire:

    ¡FELIZ PASCUA DE NUESTRO SEÑOR RESUCITADO! Me hizo sonreír eso de que la vela que te tocó ya vivía su «tercera o cuarta vigilia». Te comparto que para mí, tiene sentido guardar la vela de un año para otro y no tanto por ahorrar, aunque también. De hecho, la vela que llevé, la usé en la vigilia 2013, estaba más de la mitad de su tamaño y aún me traje un trozo a casa. ¿Por qué tiene sentido? Cuando hice mis votos perpetuos y mi consagración definitiva, en el ofertorio llevé una vela. Terminada la celebración mi tía Lucha me dijo que guardara la vela, la llevara conmigo siempre y la encendiera en mis momentos de oscuridad… Aquello se me quedó grabado, ella es una persona sencilla pero de una gran fe. Luego cuando el pasado 2 de febrero de 2013, día de la Candelaria, de las candelas, participé en la celebración por la vida consagrada, recibí otra vela, también la tengo conmigo.

    Es verdad que he tenido momentos de dificultad y aún cuando no he encendido físicamente la vela, esa intuición de que mi vida de fe tengo que cuidarla, mimarla, protegerla… como tú bien dices, me acompaña y me ayuda a abrirme a esa dimensión de nuestra vida, la dimensión de lo eterno y consistente. En la vigilia un hombre me «pasó» la luz y mi vela, indiferente, que no se encendía, él, paciente, esperando sin más, me llamó la atención su gesto. Gracias y un abrazo, sor Guadalupe

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