La medida del amor

Esta cuaresma está siendo especialmente intensa para mí y para mi comunidad. A las tareas que se acumulan en ciertas fechas se le suman las complicaciones propias de vivir en una casa de mayores… y, confieso, que estoy físicamente agotada. Y ya que empiezo confesando (y el tiempo litúrgico lo propicia) sigo confesando que cuando la vida te va situando ante urgencias a las que apremia dar respuesta, es cuando yo tengo menos paciencia con quienes andan entretenidos/as en su propio ombligo. Puede conmigo ese arte para buscar la propia comodidad y la propia satisfacción más allá de las urgencias comunitarias, esa capacidad para salirse con la suya (la de “cada uno/a” y no “la de todos/as”) haciéndose el/la indignado/a cuando se pide ayuda y esa “inconsciencia selectiva” para obviar el hecho de que unas cuantas andemos “con la lengua fuera” por intentar llevar adelante las responsabilidades de cada una y apoyar en lo que va surgiendo.

Y si me confieso no es sólo por mi falta de paciencia, sino también por no acabar de creerme lo que el otro día compartía en unas charlas cuaresmales: que en el fondo, nuestra tacañería en el amor no es por egoísmo sino por incapacidad para reconocer cuánto y de qué modo somos amados/as por Dios. Porque saborear la incondicionalidad y gratuidad con la que somos mimados y mimadas hace, inevitablemente, que se nos despierte el deseo de amar sin medir… al mismo estilo de Aquél que nos amó extremosamente, exageradamente, fuera de toda lógica y prudencia.

Por eso, si me creyera lo que digo, situaciones así deberían provocarme lástima y no rabia o impaciencia ¿no? Después de esta confesión pública espero recibir vuestra absolución… y la gracia de reconocer para amar.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.
¡Comparte en Twitter este post!

5 respuestas a La medida del amor

  1. Alberto dijo:

    Jn 8, 10-11

  2. fabiola dijo:

    Bueno, yo empezaría unos versículos antes…con Jn 8, 7….
    Feliz y provechosa Semana Santa.

  3. Guadalupe dijo:

    Hola:
    Primero, gracias por tu confianza al confesar lo que te cuesta. Sí, si de verdad nos creyéramos un poco más que Él, Dios, Jesús, nos ama, brotaría, supongo que automático, nuestro amor incondicional y grande y relativizaríamos el desamor de los otos… Estos pocos días anteriores y la misma Semana Santa personalmente quiero aprovecharlos para dejarme querer y hacer mía esa experiencia de san Pablo «me amó y se entregó por mí». Solo puedo ofrecerte mi ayuda desde lejos, la de la oración y mi cariño, por supuesto. Si algo más puedo hacer, me lo dices ¿vale? Un beso y hasta pronto.

  4. Fernanda ilidio dijo:

    UHola hace un tiempo recibo tus escritos desde Brasil, hoy al leer me lleno el corazón de gozo pues estoy pasando mi cuaresma así entre los muchos
    trabajos, pero bien voy mirando como el tiempo
    de desierto donde se tiene que hacer una opción. Abrazos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *