La cara amable de la vida

Cuando ayer por la tarde fui a coger el autobús de regreso a casa me encontré con que el intercambiador parecía la plaza mayor en Navidad. Había algún problema en la A6, con los consiguientes retrasos y acumulaciones de gente en plena hora de vuelta tras el trabajo. Tras observar y fijarme en algunos detalles llegué a la conclusión de que estas situaciones sacan lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Encontré gente que intentaba “adelantar posiciones” en la cola al mínimo descuido y personas que decidían hacerles saber que se estaban dando cuenta. Gente que expresaba su malestar y “lo mal que funciona todo”… pero también me encontré con personas que, a pesar del cansancio de la jornada y de la larga espera por el imprevisto, sonreían y mantenían el gesto sereno.

Y me da a mí en la nariz que eso de encontrar la cara amable de la vida aún en situaciones que no parecen exhibirla demasiado tiene mucho que ver con el adviento y este reconocemos esperando siempre y esperanzadamente. Y no a Godot sino a Quien, como decía San Francisco, “diariamente viene a nosotros Él mismo en humilde apariencia” (Adm 1,17)… también en la humilde apariencia de una fila inmensa esperando el autobús tras una larga jornada de trabajo.

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3 respuestas a La cara amable de la vida

  1. Alicia dijo:

    Una reflexión parecida me hacía yo ayer cuando al pasar por una de las calles más céntricas de Salamanca había un atasco impresionante y los conductores reaccionaban de muy distinto modo. En los pitidos, en los improperios… o en la pacífica espera creo que se entrevé lo que habita en el interior de cada uno. Es bonito vivir en la espera confiada y esperanzada cada pequeña cosa de cada día. Feliz Adviento!

  2. Guadalupe dijo:

    Ianire:

    Leo tu comentario y, desafortunadamente me reconozco entre los que, en los contratiempos cotidianos, negligencias o limitaciones ajenas, protesto, me quejo y me enfado hasta perder la paz… Ciertamente reconozco una llamada a aceptar la vida y las personas como son y no como yo desearía que fueran. La paciencia no es mi virtud y quizá en este Adviento, pueda ir aprendiéndola para poder verle a Él, a mi Señor Jesús, bajo las apariencias humildes de la vida cotidiana. Gracias. Guadalupe

  3. Carlos Angulo Winther dijo:

    Lo que duele es el anonimato, la impersonalidad, la invisibilidad. Siento que es un tipo de miseria propia de esta hipermodernidad. Míseros de sentido comunitario. Míseros de gestos y señales humanas. Míseros de cordialidad. Nos sobra tecnología, aparatos sofisticados de comunicación, pero, ¡qué patético!, ¡Qué ensombrecedor! ,!qué angustiante! es mirar a tipas y tipos conectados a sus aparatos electrónicos, como si estos fueran una prolongación artificial de las amadas orejas. Por eso me parece extraordinario, maravilloso, cuando alguien como Jesús, nos mira con una mirada humana; sobretodo en el servicio de autobuses, en las horas pit, en el mayor tumulto.
    Muchas Gracias!!

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