De responsabilidad y pintores

Ayer vino un pintor a casa de mi madre. Apenas estuvo media hora enviado por el seguro de un vecino pero me llamó la atención la profesionalidad con la que hizo su trabajo. Fue increíblemente puntual aunque pidió perdón por haber tenido que llamar para avisar de que llegaría en otro momento. Respetuoso, efectivo, serio y cuidadoso.

Quizá la culpa es de la actualidad política y social, del desencanto ante ciertas profesiones que, aunque están al servicio de los ciudadanos, nos deja la sensación de que abusan de su situación… pero la verdad es que me hizo pensar cuánto cambiarían las cosas si cada uno y cada una hiciéramos así nuestro trabajo.

Da igual si nuestra responsabilidad es pintar un techo, gobernar un país, compartir lo que sabemos o fregar escaleras. Importa la honestidad con que lo hacemos, el sentido que le damos, el trato humano y la dignidad compartida con todo ser humano independientemente de su profesión.

Me temo que este pintor, del que ni siquiera sé el nombre y al que probablemente no vuelva a ver, nunca sabrá cuánto puede ayudar a recuperar la a veces dañada confianza en la honestidad del ser humano.

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5 respuestas a De responsabilidad y pintores

  1. Mercedes dijo:

    Muy buena reflexión Ianire. Sin duda, no sabemos valorar lo que está bien hecho y quién lo hace, bueno, rectifico, tú sí lo has valorado … Aprendamos a aplicarnos todos a nuestro nivel. Gracias y feliz verano. Mercedes

  2. Guadalupe dijo:

    sí, tienes razón, Ianire. Lo mismo que viste tú en aquel pintor, lo veo estos días en los que en el colegio se aprovecha para dar mantenimiento a las instalaciones, mobiliario, aparatos… Gente que, para aprovechar el fresco y escapar del bochorno veraniego, empieza muy temprano a trabajar, con constancia y esfuerzo. Aún hay personas que a pesar del calor, siguen realizando su servicio en bien de otros, en bien mío (pienso en mi profesora de autoescuela).

    Sin embargo, me haces pensar cuando dices que lo importante es «la honestidad con que hacemos nuestro trabajo, el sentido que le damos, el trato humano y la dignidad commpartida… independientemente de su profesión». Lo digo porque aún cuando yo valoro ese esfuerzo callado y constante de tantos trabajadores y trabajadoras con los que estoy en contacto, no siempre logro librarme de desear reconocimientos, agradecimientos por lo que hago e incluso sentir que lo que hago es tan insignificante, como deseando una quehacer con más brillo y trascendencia. Me falta aprender que no importa dónde esté o lo que haga si es un medio para amar y dejarme amar, porque creo que el trabajo se hace, además de para ganar dinero, para ser útil a otros, hacer el bien, y eso es amar ¿no? Un beso.

  3. Mariam Mudarra dijo:

    Me gustan tus comentarios, cortos pero sustanciosos, así da gusto leer mensajes que te hacen pensar, gracias por tus pensamientos escritos.

    Mariam
    Una monja trinitaria contemplativa

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