Bajo la sombra de la sospecha

Con el 2010 a punto de terminar y el 2011 en la puerta, es momento de balances y recuerdos de lo vivido durante el año que termina. En eso parece que se están empeñando los medios de comunicación en los últimos días y nos recuerdan los artistas que nos han dejado, los desastres naturales que han desolado siempre a los más débiles, una crisis económica que va para largo y deja a muchos en las cunetas de la historia, los “dimes y diretes” de los políticos que rara vez se ponen de acuerdo en algo…
Hoy “tocaba” recordar los éxitos deportivos y supongo que a más de uno le ha pasado lo que a mí: de fondo, sin que saliera a la luz, como una sombra no verbalizada acechaba la sospecha del dopaje tras el “chasco” de las últimas personas implicadas en este tema. En este asunto, como en tantos otros, estoy entre el asombro entusiasmado de los éxitos conseguidos y la sospecha de si son fruto del juego limpio… ¡Qué fácil nos y me resulta caer en la desconfianza y hacer caso a la sabiduría popular del “piensa mal y acertarás”! Nos resulta sencillo “estar de vuelta” y abandonar cierta ingenuidad de quien considera que, en principio, la vida, las personas y las situaciones son dignas de confianza hasta que se demuestre lo contrario… No, no me refiero al dopaje, sino a la inercia que tenemos de “sospechar” de todo, de todos y del Todo…poderoso. Sin duda el Evangelio está más cerca de esa “ingenua confianza” de quien se sabe en Buenas Manos.

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