Una conversación a medias…

Una de las cosas que más me gusta de estas fechas en las que se llena el correo electrónico de felicitaciones es retomar el contacto. Las idas y venidas, destinos, cambios de tarea, vidas que toman distintos rumbos… hay muchas personas que se han cruzado en mi vida y que ya no comparten conmigo lo cotidiano. Estas fechas son muchas veces la “excusa” para volver a contactar con amigas de la infancia que hace años que no veo y que te presentan al bebé que va a darle el toque de novedad a las fiestas, compañeros de la facultad que ya ni sabía dónde estaban destinados, hermanas que dejaron de serlo y que, aunque ellas prefirieron poner tierra de por medio yo recuerdo con cariño y se lo hago saber, personas con las que comparto retos, ilusiones, esperanzas y dificultades de la pastoral con jóvenes y con las que preparé o compartí alguna actividad… mucha gente que, cuando repaso la memoria del corazón, recuerdo con cariño. Seguramente la mayoría de ellas no saben lo que significaron para mí en un momento determinado, pero son de esos hilos que van tejiendo la trama de mi historia y que ese “tododebilidoso” Dios que se encarna convierte en Historia de Salvación.
Con algunos tengo la sensación de continuar, de Navidad en Navidad, una conversación que dejamos a medias, con la intuición de que si volviéramos a vernos después de tantos años la seguiríamos como si el tiempo no hubiera pasado más que para dar calado y hondura a las palabras. Una conversación a medias… que seguiremos la próxima Navidad.

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