La ola

Estos días dan para hacer un poco de todo, incluido volver a ver La ola, una película alemana basada en hechos reales que muestra cómo es posible repetir los episodios más vergonzosos de la historia contemporánea. El protagonista, a golpe de disciplina, respeto al líder, uniformidad y sentimiento de grupo, consigue hacer de sus alumnos de secundaria un “Tercer Reich” en pequeño.

Cuando ves una película por segunda (o tercera) vez, resulta más fácil fijarse en detalles como en los rasgos psicológicos de personajes secundarios. Llama la atención cómo los más inseguros y aparentemente frágiles, apoyados en su pertenencia al grupo, se convierten en lo suficientemente seguros de sí como para sentirse por encima de los demás. Y me resultó inevitable pensar que los Institutos religiosos, sin pretenderlo (porque en la película tampoco se pretendía) podemos también convertirnos en algo parecido: Compartimos el cariño y devoción a un líder (dícese fundador/a), compartimos rasgos que nos uniforman (a veces hasta físicamente), nos sentimos parte de una familia religiosa, tenemos una disciplina que nos permite vivir juntos y juntas… y, con demasiada frecuencia, ponemos el acento más en lo que nos diferencia de “los otros” que en lo que nos une. Eso sí: con cierto tono fariseo de quienes se saben “los buenos” y “las buenas”.

Os invito a ver la película en esa clave… a mí me recordaba a ciertas “nostalgias” y tendencias actuales que, como en la película, movilizan a muchas personas.

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