Aparentar tiene más letras que ser

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El amor precisa de intimidad. La relación entre dos personas que se quieren necesita de momentos para estar a solas y mirarse a los ojos.

El evangelio del “miércoles de ceniza” nos recuerda que la relación con Dios se fragua en la intimidad del corazón y en momentos de apartamiento. Jesús lo hacía; buscaba estar a solas con el Padre antes y después de los grandes discursos y milagros. Los discípulos lo sabían, y así lo contaron a los que escribirían los evangelios.

Al inicio de la Cuaresma se nos refrescan las recomendaciones de Jesús. Consejos que Él vivía y que van más allá de ser meras sugerencias piadosas. El primordial: el de ser “justos”.

Justo fue Jesús; que vino a traer la justicia. Los que decimos seguirle tenemos la obligación de buscarla y repararla allí donde ha sido violada. En hacerlo está nuestra paga…, porque estaremos cumpliendo lo que le hemos pedido a Dios: cumplir su voluntad.

Justo, pues, es aquel que quiere saber cuáles son los deseos y la voluntad de Dios, de la persona amada o de aquellos que trabajan a su lado. Eso precisa de una escucha atenta y de un abajamiento para que sea el otro, en ese momento, lo más importante. Pero como eso cuesta y no sabemos cómo adquirir la “facilidad” de vivir en justicia. Por eso se nos dan unas pistas: La oración personal e íntima, el ayuno de todo lo que nos abotarga y la limosna de lo que nos cuesta. Tres ayudas para salir de nuestro propio querer e interés y entrar en los deseos y sueños de Dios.

Justo, también es aquel que vive coherentemente: que tiene integrado el evangelio en sus relaciones y e sus tareas. Hablamos de una persona justa cuando vemos que vive como dice y piensa. Y eso no es sencillo; exige un trabajo interior prolongado en el tiempo para no caer en la tentación del “aparentar”.

¡Ay el aparentar! Aparentamos ser buenos y justos cuando dejamos el trato con Dios y nos centramos en nuestras necesidades, cuando no nos interesa la “voluntad” porque buscamos la nuestra. Y para ello debemos pagar la factura del “quedar bien” delante de los demás; y ese trabajo agota mucho.

Todo esto ocurre desde que el hombre es hombre y desde que confundió el trato con Dios con una construcción social de la religión. El paso de los años y la seguridad van dando a nuestra vida una pátina de “buenismo” que no ayuda a nadie y dice poco de Dios. ¡A menos intimidad con Dios, más desbarajuste de vida! Así pues, más intimidad con el Jefe, más interés por sus deseos y una apuesta clara por los que Él privilegia y ama