José Cristo Rey García Paredes, cmf
Misionero claretiano (Madrid, España)
Cuando en 1996 Juan Pablo II promulgó la exhortación apostólica Vita Consecrata, lo hizo con un horizonte luminoso ante los ojos. El documento venía cargado de la energía de todo un Sínodo sobre la vida consagrada y de las esperanzas que traía consigo el final del siglo XX. Para el Papa, la comunidad religiosa no era simplemente un grupo de personas que vivían bajo el mismo techo. Era mucho más: era un misterio. Login To Unlock The Content!This content is locked





