Cristóbal Fones
Jesuita (Roma, Italia)
En enero, el Papa nos invita a pedir que «la oración con la Palabra de Dios sea alimento en nuestras vidas y fuente de esperanza en nuestras comunidades, ayudándonos a construir una Iglesia más fraterna y misionera». ¿Qué le dice esto a nuestra vida consagrada?
La mayoría de nosotros reza con ella a diario. En muchas casas, resuenan al menos los laudes y las vísperas. No les damos siempre el peso que merecen, pero sabemos que la oración es al final un encuentro gratuito con el Señor y que la Liturgia de las Horas es un modo concreto de estar juntos y sostener la vida de la Iglesia.
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