Juan Morales
Parece increíble que aquel niño de diez años que vestía pantalón corto y cantaba canciones inspiradas en el evangelio de Juan, escritas por su padre, tenga ahora 62 años y siga manteniendo la ilusión. Aprovechando su paso por Madrid conversamos con él para conocer cómo las canciones de Brotes de Olivo, el grupo de trece hermanos al que pertenece y que tanto ha marcado la música religiosa española a lo largo de más de 50 años, han acompañado el caminar de muchas personas consagradas durante este medio siglo. El camino espiritual no solo se nutre de textos y reflexiones. Hay una banda sonora que pone música a la búsqueda de Dios y al encuentro con los seres humanos.
Gonzalo Fernández Sanz
Director de VR
Aunque es probable que la mayoría de los lectores de la revista Vida Religiosa conozcan de sobra al grupo Brotes de Olivo, ¿cómo lo presentarías tú, que has formado parte de él durante más de 50 años?
Como bien dices, Brotes de Olivo apareció como una sorpresa hace más de 50 años. No fue algo planeado. Surgió en el seno de una familia creyente. Mi padre Vicente y mi madre Rosa llevaban un estilo de vida cristiano, participaban en las celebraciones de la iglesia, compartían con todos los cantos populares.
De repente, Ali, la hija mayor, empieza a cantar en la iglesia con apenas cinco años. Luego nos vamos uniendo en cascada todos los demás. Poco a poco, las canciones que cantábamos en casa las vamos compartiendo con otras personas a través de conciertos. Lo hacemos junto con un equipo de matrimonios con el que mis padres compartían la fe. Así se va obrando el pequeño milagro de que los niños empiecen a cantar y de que su música suene bien. Son canciones con fuerza, con un estilo particular.
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