DISCERNIR ANTES QUE RECHAZAR…

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(Josefina Castillo, aci.). En un espacio tan corto, solo me atrevo a exponer en pocas palabras cómo actuar ante el homosexualismo en la vida religiosa y sugerir respuestas, desde el evangelio, que exigen discernimiento y respeto.

La homosexualidad ha existido siempre y en muchas culturas se ha considerado algo normal. Pero en la nuestra y, hasta hace pocos años, se ha visto como algo vergonzoso y por lo tanto que se debe ocultar. Hoy no solo ha cambiado el concepto sino también la manera de tratar esta realidad. La Iglesia va sintiendo la necesidad de buscar caminos cristianos que la lleven a dar vida, no a condenar.

En la vida religiosa lo relativo al sexo va dejando de ser tabú, pero sigue siendo un tema del que se habla a nivel privado, incluso en los institutos masculinos. Ante una realidad tan evidente necesitamos abrirnos, no tapar lo que es un secreto a voces, compartir y buscar expertos en la materia que nos orienten.

Si la ciencia va comprobando que el homosexual nace, no se hace, aunque haya excepciones de tipo social o afectivo e incluso temporal (sobre todo en el campo femenino) y los cristianos creemos que Dios nos ha hecho a todos a su imagen y semejanza, hay que admitir que los  homosexuales son hijos de Dios y pueden ser “llamados o llamadas” al seguimiento de Jesús. Encontré un testimonio que cuestiona: «Soy religioso gay. Me sentí apasionadamente llamado por Dios a seguir a Jesús. He vivido mis votos con la radicalidad que debemos vivirlos todos, también los heterosexuales».

¿Cómo actuar? Ante todo la formación de formadores. Perder el miedo a socializar el tema, con prudencia y sin prejuicios. No generalizar, pues cada caso es único. Discernir, para acoger con misericordia a quienes buscan a Dios y se les cierran todas las puertas. Habrá casos donde la persona no debe ser admitida, por el bien de ella y del grupo. Habrá otros en los que la persona lo reconoce honestamente, está decidida a seguir a Jesús comprometiéndose a vivir con radicalidad los votos, tal como lo exige la vida religiosa. Ojalá todos y todas fuéramos radicales en la entrega a Quien nos llamó. Nosotros estamos llamados a mirar con los ojos de Jesús, con misericordia.