2012: entre el ayer y el mañana

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Dos lugares donde no está la vida religiosa. Dos tentaciones para no permitir que un año empiece con novedad. La vida religiosa puede mostrar la felicidad de un año nuevo reconciliándose con su hoy.
Una vieja fotografía de principios de siglo pasado tenía el siguiente texto, a modo de dedicatoria, dirigido a su familia: “Aunque nos veis elegantes, tan distintos a como vestíamos cuando estábamos entre vosotros, pensaréis: así son. Cuando esta fotografía la vean vuestros hijos dentro de unos años, dirán: así eran… Pero cuando la vean las generaciones siguientes, afirmarán: estos no debieron existir”. Empezar un año no significa ignorar la historia, ni siquiera olvidar el ayer. Sin embargo, la frescura que necesita algo que comienza requiere confianza en el presente. Otro tanto podríamos decir del mañana. Las eternas formulaciones de algunos “gurús” que viven en el «dónde vamos», vacían de verdad el «dónde estamos».


La vida religiosa tiene su presente. Su novedad. Auténtico mordiente evangélico para un siglo que, a penas, está comenzando. Necesita reencontrarse con su verdad que es la única que posee, para sobre ella formular, proponer y cuidar la bienaventuranza. No sólo huimos del presente cuando recuperamos formas almidonadas del pasado pensando que el envoltorio traerá el éxito. También huimos cuando nos refugiamos en un sueño que posibilite el triunfo mañana con alambicadas propuestas, sin darnos cuenta que éstas ahogan a quienes están hoy.
En el acompañamiento que desde esta revista se está ofreciendo a un buen número de congregaciones en sus procesos de reestructuración, hay un apartado curioso. Se trata de preguntar a las estructuras: cómo están respondiendo, si orientan la misión, si está bien articulada la organización… Es un momento en el que se suceden las intervenciones: “hemos hecho, hemos convocado, se ha propuesto…”. Inmediatamente viene el apartado en el que se propone preguntar a las personas. Ahora, en cambio, se suceden los silencios… Lacónicamente una superiora general me confesaba: “la persona es un misterio”.
Pues bien, un año nuevo que quiera serlo, necesita encontrarse con la persona, la de hoy, la que está, la que intenta construir comunidad y vivir en misión. Aquella que piensa, ama, sueña y sufre… y no siempre lo comparte. Podría ser nuevo si acordásemos un modo de estar y relacionarnos. Si abriésemos las expectativas apoyadas en la verdad de lo que vivimos. Si los anhelos de sencillez y las propuestas para vivirlos se encontrasen… si en el próximo retiro, en lugar de responder un cuestionario en tercera persona, empezásemos, a compartir cómo estamos, cómo oramos, qué pasión ponemos en la misión. Vamos, que inaugurásemos la comunicación de sentimientos.
La vida religiosa no está ni en el ayer, que pasó; ni en el mañana que no ha llegado. Está en un presente intenso, con un reto claro de relaciones inter-generacionales y comprensión de la misión como diálogo; con una presencia institucional desproporcionada, pero con un potencial inédito, que son las personas.
Es el año de las respuestas creativas, de nuevos caminos de evangelización, de una cultura vocacional. Pero también nos queda uno menos para convertir los intereses y ponernos en «sintonía de Reino». Se trata de un tiempo que se agota; empieza lo nuevo, avanza la súplica y se cansa la fuerza.
El 2012, recién estrenado, tiene unas posibilidades insospechadas: familias religiosas que opten por las personas y las escuchen; comunidades que descubran que los mayores no son sólo restos del ayer; hombres y mujeres en edad intermedia que se comprometan con su verdad vocacional y no sólo con lo que hacen; jóvenes religiosos que empiezan a hablar en comunidad, como en verdad son y no sólo como los queremos oír… Empieza un año nuevo… vamos a ver si lo dejamos ser sin el peso del ayer, ni el temor del mañana.

ÍNDICE
Hasta la cocina, Daniel Izuzquiza
El cambio de época y la vida consagrada, Gerardo Daniel Ramos
Examinadlo todo y quedaos con lo bueno (1 Tes 5, 20), José Miguel Núñez
Materiales sobre la vida comunitaria, Antonio S. Orantos
ADN de profetas, Marta García
Retiro: La vida consagrada, una epifanía para nuestro tiempo, Fernando Negro
Retablo de mujeres: Madre admirable, Ángel Aparicio
Seguimiento de Cristo y diálogo interreligioso, Bonifacio Fernández
Misteriosa transparencia, José Cristo Rey García
Ecumenismo de veras… para andar por casa, Mariano José Sedano
La misión y las misiones, Jesús Espeja
Ejercicios espirituales 2012
Regalarnos una tarde, Mariola López
Lectura recomendada, Francisco J. Caballero