UNA ESPIRITUALIDAD EVANGÉLICA, ALEGRE Y PUESTA AL DÍA

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La Exhortación Apostólica “Alegraos y Regocijaos” del papa Francisco

 (Marciano Vidal, C.Ss.R.Teólogo moralista). La exhortación apostólica Alegraos y regocijaos (Gaudete et exsultate) del papa Francisco es un texto de tamaño medio, de redacción ágil y cercana al habla normal, de tono optimista y propositivo, con contenido de raíz evangélica pero adaptado al mundo de hoy, de argumentación en nada sofisticada sino tendente a apoyarse en las evidencias de la vida ordinaria y con la intención de edificar a todo el pueblo de Dios sin pretender epatar a las inteligencias cualificadas de quienes cultivan la llamada Teología espiritual.

Los “contextos” del “texto”

Dentro del proyecto de Reforma eclesial y eclesiástica

Hoy en día deben ser muy pocos los que duden que el pontificado del papa Francisco pasará a la historia por ser un pontificado de reforma. La reforma eclesiástica, singularmente de la Curia Romana, va en serio según expresión de uno de los cardenales que componen el Consejo de Cardenales (el C-9)1 y ya es una realización en parte conseguida: piénsese en la reforma de las estructuras económicas centrales de la Iglesia, con suficientemente buen resultado por el momento. Según anuncios oficiosos, ya se trabaja en la redacción de la que será la bula de reforma de la Curia Romana, que sustituirá la normativa actual proveniente de la bula Pastor Bonus (28 de junio de 1988).

La reforma del papa Francisco no es solo eclesiástica (de las estructuras e instituciones de la Iglesia), sino también eclesial, es decir, de la forma de vida de todo el pueblo de Dios. Ahora bien, todas las auténticas reformas tanto eclesiásticas como, sobre todo, eclesiales han venido precedidas, acompañadas y continuadas por una reforma espiritual. También hoy, la renovación espiritual constituye un elemento esencial dentro del programa reformador en curso dentro de la Iglesia católica. La exhortación apostólica GE es, pues, una pieza necesaria en el proyecto de reforma del papa Francisco.

Actualización de un aspecto importante del Vaticano II

El texto de la exhortación GE cobra su contexto adecuado si es leído e interpretado a la luz del documento conciliar Lumen gentium más concretamente de su capítulo V. Hasta el momento actual, no ha surgido una propuesta tan certera como la presente exhortación apostólica para concretar las dos grandes afirmaciones del citado capítulo V del texto conciliar: “Existe un derecho (y el correspondiente deber) de todo cristiano a la santidad” (LG, n. 40). “Esa santidad es la misma para todos los cristianos ya que consiste en la realización de la Caridad” (LG, n. 41). La exhortación apostólica GE se mueve dentro de esas dos coordenadas: “La santidad es una llamada para todo cristiano; por otra parte, el contenido de la perfección cristiana se halla en el Evangelio y es igual para todos”.

Tener en cuenta la nueva situación socio-cultural del mundo de hoy

Si la primera parte del subtítulo de la exhortación apostólica GE indica el contexto precedentemente anotado (la llamada a la santidad), la segunda parte nos ofrece el tercer contexto o la tercera clave de interpretación: en el mundo actual. El texto pontificio pretende hablar de la santidad no de forma atemporal sino teniendo en cuenta la situación social y las condiciones culturales de los cristianos de hoy. Este interés de “aggiornamento” de la espiritualidad cristiana no se fija tanto en los fundamentos teológicos, en las expresiones religiosas o en los métodos de escuela cuanto en las generales y comunes condiciones en que hoy día ha de realizarse la llamada a la santidad.

De ahí que el texto pontificio tenga en cuenta la peculiaridad de la cultura actual, con sus inconvenientes pero también con sus ventajas. También toma en consideración los medios o instrumentos técnicos de que disponemos hoy. Si la aparición del libro, fruto de la imprenta, agrandó las posibilidades para acrecentar el contenido de la espiritualidad en el s. XVI, ahora el acceso a las redes sociales mediante el smartphone  y el ordenador agrandan inmensamente más las posibilidades y las opciones con tal de que el usuario sepa discernir entre los medios y el fin.

La llamada a la santidad: originalidad en el modo de presentarla

Los contextos indicados nos llevan al texto, en el que lo primero que encontramos es la llamada a la santidad, la misma y común para todos los cristianos. La originalidad del texto pontificio no está tanto en la afirmación (ya hemos dicho, que su núcleo fue expuesto con nitidez por el concilio Vaticano II) cuanto en la forma de expresar la afirmación. Para justificar esta no acude el Papa al rico argumentario de los libros de espiritualidad o de los manuales de Teología espiritual. Sigue otro camino: el que fue utilizado por el autor de la carta a los Hebreos y que consiste en mirar a “la nube ingente de testigos” (Heb 12,1) que tenemos a nuestro lado. “Y entre ellos puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras personas cercanas (cf. 2Tim 1, 5)” (n. 3).

Sin tener nada en contra de los santos canonizados (se citan unos 40) y sabiendo que él mismo ha añadido un procedimiento más para declarar santo o santa a alguien dentro de la Iglesia (cf. n. 5), el papa Francisco vuelca su interés hacia los santos y santas no

oficiales, hacia la santidad del pueblo de Dios: “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente (…). Es muchas veces la santidad ‘de la puerta de al lado’, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, ‘la clase media de la santidad’” (n. 7).

De seguro que al lector del texto precedente le ha llamado la atención tanto el contenido de la afirmación como la forma de expresarla. Por lo que respecta a la forma, es original del Papa la expresión los santos de la puerta de al lado (nn. 6-9).

La expresión la clase media de la santidad (o: la santidad de la clase media) está tomada de una gran obra inacabada del novelista católico francés Joseph Malègue (1876-1940), a quien el papa Bergoglio ya había aludido en un libro-entrevista precedente. No es nada fácil hacer una interpretación exacta del significado que el novelista francés quiso dar a la expresión “Les classes moyennes du Salut” (Las clases medias de la Salvación), fórmula que aparece en el título del segundo libro de la trilogía inacabada: “Pierres noires: Les classes moyennes du Salut”(París, 1958).

Hay una interpretación más bien negativa de la expresión: esta se referiría a los cristianos adheridos sí al Evangelio pero, llegado el caso, no dispuestos a sacrificar a Él (al Evangelio) su bienestar. Por el otro lado, hay quienes interpretan de forma más positiva la fórmula, relacionando el libro de J. Malègue con la lectura mística que hace H. Bergson de la fuerza vital (élan vital) de la existencia humana2. La interpretación que hace el papa Francisco se orienta hacia un concepto positivo: el Papa habla de la santidad de la clase media para afirmar que todo cristiano puede llegar a ser un santo en su normal condición de vida.

 

Contenido, rasgos y estrategias de la santidad cristiana

La exhortación apostólica GE, sin pretender ser una exposición completa de la santidad cristiana, ofrece una síntesis suficientemente desarrollada de su significado: contenido, rasgos y estrategias.

Contenido de la santidad cristiana

Desde el punto de vista teológico, la mayor aportación de la exhortación apostólica GE y aquello por lo que será recordada en ambientes académicos es el haber situado el contenido fundamental de la santidad cristiana en la práctica de las Bienaventuranzas (Mt 5,3-12; Lc 6, 20-23) y en la realización positiva del Gran protocolo del juicio final (Mt 25,31-46). Es lo que se expone en el denso c. 3.

Merece la pena sumarizar la espiritualidad de las Bienaventuranzas juntando los ocho ritornelos con que termina la exposición de cada una de ellas: “Ser pobre en el corazón, esto es santidad”; “Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad”; “Saber llorar con los demás, esto es santidad”; “Buscar la justicia, esto es santidad”; “Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad”; “Mantener el corazón limpio, esto es santidad”; “Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad”; “Aceptar el camino del Evangelio, esto es santidad”.

Al contenido de las Bienaventuranzas el Papa adjunta, como en una especie de díptico, la orientación ética de lo que llama el Gran protocolo del juicio final de Mt 25,31-46 (nn. 95-109). Se trata de uno de los conjuntos de mayor densidad eclesiológica, misionera y ética del primer evangelio. En la exhortación apostólica GE este texto es leído con la intención de poner de relieve que el núcleo de la santidad cristiana se encuentra en la Caridad mediada por la Justicia. Aquí resuenan las sensibilidades del papa Francisco hacia el clamor de los pobres, hacia la coherencia ética de la fe, hacia los “descartados” de la sociedad. Todos esos tópicos del papa Francisco acerca de la Iglesia en salida hacia las periferias de la sociedad (de la Iglesia como hospital de campaña) se convierten aquí en orientaciones y en contenido de la espiritualidad cristiana.

 

Rasgos o notas de la santidad cristiana en el mundo actual

El capítulo 4 de la exhortación está dedicado a exponer algunas notas de la santidad en el mundo actual, es decir, algunos rasgos “del estilo de vida al que el Señor nos llama” (n. 110). Tales rasgos o notas son agrupados en torno a estos cinco núcleos axiológicos generadores de actitudes y de comportamientos espirituales:

– Firmeza interior, la cual genera aguante, paciencia y mansedumbre (nn. 112-121).

– Gozo interior, el cual se manifiesta en la alegría y en el sentido del humor (nn. 122-128).

– Audacia y fervor (nn. 129-139), traducidos en “parresía” misionera (n. 129).

– En comunidad (nn. 140-146). Considero la presentación de este rasgo de la espiritualidad cristiana una novedad de la exhortación apostólica GE, no porque no fuera conocido antes sino por la insistencia en su importancia y por la forma de presentarlo.

– Apertura a la trascendencia, que se expresa en la oración y en la adoración constantes (nn. 147-157).

Estrategias de la espiritualidad

En el capítulo 5 y último son tratados tres temas de la Teología espiritual que muy bien pueden ser considerados como las estrategias adecuadas para iniciar, promover, revisar y llevar a su plenitud la espiritualidad cristiana: combate, vigilancia, discernimiento. La consideración que hace el Papa de estas estrategias es relativamente breve y no ofrece grandes innovaciones.

Dos “sutiles enemigos” de hoy (y de siempre) para la espiritualidad cristiana

He dejado para el final el comentario al contenido del capítulo 2 de GE: “Dos sutiles enemigos de la santidad” (nn. 35-62). Se trata de un capítulo extraño y distinto –en contenido, sobre todo– de los restantes.

El que la exhortación apostólica hable de los peligros, de las tentaciones, de los riesgos a que está condicionada la comprensión (y la realización) de la espiritualidad cristiana es algo normal. Pero, que se formulen los peligros en clave de enemigos (y además, enemigos sutiles), que se concreten esos enemigos en el gnosticismo (actual) y en el pelagianismo (actual) y que se exponga el contenido con un lenguaje bastante técnico, no deja de causar extrañeza al lector de GE. Creo que hay una explicación sencilla para esa peculiaridad del capítulo 2. El papa Francisco ya se había referido a esos dos peligros en la exhortación apostólica Evangelii gaudium (nn. 67, 93-94). Por otra parte, la Congregación para la Doctrina de la Fe acababa de hacer público un documento sobre esos dos peligros: Carta “Placuit Deo” sobre algunos aspectos de la salvación cristiana, 22 de febrero de 2018. Según este documento, la salvación:

– Es integral y, consiguientemente no puede ser limitada al conocimiento y a lo meramente interior, reduccionismo en el que cae o al que propende el gnosticismo.

– Es trascendente, es decir, no depende únicamente del esfuerzo humano y, consiguientemente, ha de contar con la fuerza divina, afirmación que niega o minimiza excesivamente el pelagianismo.

Sin negar la importancia objetiva de lo tratado, sospecho que el interés del Papa va más allá del horizonte temático del presente texto. Tengo, pues, la sospecha de que el Papa quiere responder a quienes le pueden acusar de que está ablandando las exigencias de la moral cristiana. A ese grupo, si es que existe, les (nos) dice:

– Con tantas normas y estructuras eclesiales “complicamos el Evangelio y nos volvemos esclavos de un esquema que deja pocos resquicios para que la gracia actúe” (n. 59). Y el Papa apuntala lo dicho con la afirmación de Tomás de Aquino: los preceptos añadidos al Evangelio por la Iglesia deben exigirse con moderación “para no hacer pesada la vida a los fieles”, porque así “se convertiría nuestra religión en una esclavitud” (Suma teológica, I-II, q. 107, a. 4).

– En los preceptos morales no todo vale lo mismo. “En medio de la tupida selva de preceptos y de prescripciones” (n. 61), “hay una jerarquía de virtudes, que nos invita a buscar lo esencial” (n. 60).

– En consonancia de nuevo con el pensamiento de Tomás de Aquino (Suma teológica, I-II, q. 109, a. 9 ad 1), “en esta vida las fragilidades humanas no son sanadas completa y definitivamente por la gracia”.

Después de haber transcrito los párrafos precedentes, tengo la sospecha de que el capítulo 2 de GE está más pensado para apoyar la propuesta global del papa Francisco para la Iglesia de hoy (piénsese, como una verificación concreta de esa propuesta, en las

orientaciones de la exhortación Amoris laetitia) que para señalar dos enemigos –aunque también lo son– de la santidad cristiana.

Notas valorativas

Fuentes de la exhortación

A pesar de la aparente sencillez, la exhortación apostólica GE es un escrito enraizado en una larga y rica tradición:

– En la base teológica del texto pontificio está la teología del Concilio Vaticano II, sobre todo de la Lumen gentium. No faltan los recios pilares de Tomás de Aquino, de Buenaventura, de Bernardo de Claraval. Se muestra continuidad no solo con el propio magisterio del papa Francisco sino también con el magisterio pontificio moderno. Llevado del principio de colegialidad, también en este documento, el papa Francisco se apoya sobre el pensamiento de conferencias nacionales o regionales: Conferencia de Obispos católicos de Nueva Zelanda; Conferencia Episcopal regional de África occidental; Conferencia Canadiense de Obispos católicos; Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. También acude al pensamiento teológico moderno: Balthasar,  Martini, Lucio Jera. Al lector español le llamará la atención ver citado al filósofo Xavier Zubiri para apoyar la afirmación de que “no es que la vida humana tenga una misión, sino que es misión”.

– Son bastantes las tradiciones espirituales que resuenan en el texto del papa Francisco. De forma explícita y, a veces reiterada, se hacen presentes: la mística castellana representada por Juan de la Cruz y Teresa de Ávila; la espiritualidad de Ignacio de Loyola; la orientación espiritual de Francisco de Sales; la tradición benedictina. A esas tradiciones mayores hay que añadir las referencias a santos y a santas que han dejado una huella peculiar en la tradición espiritual católica: Agustín de Hipona,  Francisco de Asís, Tomás Moro, Felipe Neri, Vicente de Paúl, Teresa de Lisieux, Faustina Kowalska, Teresa de Calcuta. Son citados otros nombres de menor significación.

– Hay un interés especial en subrayar la continuidad y la coherencia de la doctrina de GE con el resto del magisterio del papa Francisco hasta el presente: abundan las citas expresas y las alusiones de sentidos a Evangelii gaudium y a Amoris laetitia así como a las homilías en la Casa Santa Marta y a la Carta del propio Papa al gran canciller de la Pontificia Universidad Católica Argentina (10 de marzo de 2015). Los tres exhortaciones aludidas –EG, AL, GE–  forman una unidad y constituyen la formulación más certera, hasta ahora, de la propuesta del papa Francisco para la Iglesia de hoy.

Si hubiera que elegir una tradición espiritual en cuya estela colocar esta exhortación apostólica del papa Francisco yo no dudaría en señalar la espiritualidad de Francisco de Sales. La espiritualidad de este gran santo del s. XVII, inspiradora para grupos religiosos de tanto significado eclesial como las Religiosas de la Visitación y la Familia salesiana, es una propuesta positiva, centrada en la práctica del amor, común para todos los cristianos. Puede muy bien ser tenida como la clase media de la santidad o como la santidad de la gente de la puerta de al lado.

Posibles innovaciones

Si se mira el texto pontificio desde los parámetros académicos de la Teología espiritual, puede ser que haya que reconocer que la exhortación apostólica GE no ofrece notables innovaciones. El mismo Papa dice que no lo pretende: “no es de esperar aquí un tratado sobre la santidad” (n. 2). Sin embargo, aún en este plano más técnico y académico la propuesta pontificia sobre la espiritualidad cristiana contiene elementos dignos de ser tenidos en cuenta:

– La consolidación de la afirmación del concilio Vaticano II de la “llamada universal a la santidad común cristiana”.

– La necesidad de presentar la santidad cristiana como la realización del ideal evangélico expresado en las Bienaventuranzas y en el Gran protocolo de Mateo.

– La “deconstrucción” de falsos estereotipos “que se han ido estableciendo en el tiempo y que colocan la santidad como un estado de vida singular, tan extraordinario que solo puede ser admirado, pero no conseguido por nuestras vidas normales”3.

 

Especulación acerca de la redacción y de la finalidad del texto pontificio

Como remate de esta reflexión podría especularse sobre la preparación y sobre los redactores del texto pontificio. No parece que hayan tenido una intervención especial, como suele suceder en bastantes ocasiones, quienes hicieron la presentación oficial de la exhortación apostólica en Roma.

Se puede sospechar que habrán intervenido muchas personas. Pero también con fundamento se puede aceptar que la redacción última fue hecha en español con pluma argentina. Lo delatan: algunas expresiones lingüísticas de sabor argentino y la referencia a textos argentinos. La exhortación, además del contenido directo, tiene un doble interés sobreañadido:

– Recoger en una síntesis unitaria lo dicho hasta ahora por el papa Francisco en diversas ocasiones sobre la espiritualidad cristiana.

– Responder a las críticas de las posiciones conservadoras frente a la propuesta de reforma, sobre todo en el ámbito de la moral eclesiástica, del papa Francisco.

Si es objetiva la sospecha precedente hay dos nombres que vienen inmediatamente a la mente: el jesuita Antonio Spadaro, actual director de la revista La Civiltà Cattolica, y el teólogo argentino Víctor Manuel Fernández. Los dos conocen perfectamente el pensamiento del papa Francisco, los dos se identifican con su proyecto de reforma eclesial, los dos tienen cualidades sobradas para hacer redacciones que respondan a las finalidades del texto, y los dos tienen posibilidad de fácil contacto con el Papa para el intercambio de ideas y de formulaciones.

 

1Entrevista a Óscar Maradiaga, “Las reformas son irreversibles”: Ecclesia nn. 3.930-3.931 (7 y 14 de abril de 2018) 10-11; también en: Vida Nueva n.3.078 (14-20/IV/2018) 34-35.

2 C. Baka Okpobe, Élan vitale et mystique dans la pensée d’Henri Bergson (Estrasburgo, 2016). Ver la interpretación, en sentido positivo, de : J. T. De Mendonça, La clase media de la santidad: Vida Religiosa 125 (2018) n. 5, 29 [221].

3 Tolentino De Mendonça, José, La clase media de la santidad: Vida Religiosa 125 (2018) n. 5, 29 (221).